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Por Laura Soto · 11 de Septiembre de 2018

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La próxima semana se cumplen dos meses de haber iniciado una pelea entre las dos comunidades indígenas más grandes del Cauca, los Nasa y los Misak, debido a disputas territoriales que dejan heridos de ambos lados y desplazamientos de familias Misak de una vereda a otra en Caldono, norte del departamento.

Esta división profundiza unas tensiones que siempre han estado presentes en el movimiento indígena, pero que se habían calmado durante la campaña presidencial porque los indígenas estuvieron unidos para apoyar a Gustavo Petro en el Cauca y fueron determinantes para su triunfo en el Pacífico.

Más allá de eso, la pelea le resta fuerza a los indígenas que pensaban continuar políticamente unidos para 2019 para capitalizar ese triunfo petrista en el que ellos fueron definitivos (aunque todavía no tenían candidato en concreto).

El movimiento indígena del Cauca no sólo ha evidenciado su gran poderío cuando está unido dándole el triunfo a Petro en la región, sino también, por ejemplo, como interlocutor del Gobierno en el paro indígena de 2017.

Esta es la puja política que se les abrió ahora y las otras tensiones que se ratifican, en medio de su fractura territorial.

El conflicto se remite al 2011 cuando el Cabildo Misak de Ovejas Siberia solicitó por primera vez la constitución de su resguardo, lo que le dará autonomía territorial y permitirá recibir recursos del Estado. Para constituir un resguardo se deben tener tierras propias, y para ellos el Cabildo Misak cuenta con siete predios en Siberia que le fueron cedidos por el Cabildo Misak de Guambía (que a su vez los había recibido del Incoder en 2005). Son justamente esos predios los que prenden la llama de la pelea con el Cabildo Nasa de La Laguna, que aseguran que esas tierras les pertenecen por derecho ancestral. Lo primero que hicieron los Nasa fue acudir a las vías legales, interponiendo una tutela en 2011 para impedir que el Cabildo Misak de Ovejas Siberia constituyera su resguardo (puntualmente dijeron que antes debía haber una consulta previa. El Juzgado Segundo Civil de Popayán que les dio la razón en primera instancia en 2012).

Pero en 2017 el Tribunal Superior de Popayán tumbó ese fallo en segunda instancia, un asunto que luego ratificó la Corte Suprema en otra sentencia que puede ser revisada por la Corte Constitucional si lo decide. Justo después de la segunda vuelta presidencial, la chispa que encendió el conflicto fue el anuncio de una visita técnica que iba a realizar a Siberia la Agencia Nacional de Tierras para la constitución del resguardo. Ante el anuncio, a comienzos de julio integrantes del Cabildo Nasa de La Laguna ingresaron a los siete predios de los Misak, algunas fincas privadas y sacaron a los que vivían y trabajaban allí. Los Misak han denunciado violaciones a sus derechos por el desplazamiento de 162 familias, según el gobernador del cabildo Misak, Luis Morales; y agresiones físicas, aunque los Nasa lo niegan.

Por su parte, los Nasa han denunciado ataques del Esmad cuando los intentaron desalojar el 14 de agosto. A hoy, al menos 100 familias Misak siguen desplazadas en el polideportivo de la vereda Siberia, aunque otras 20 ya retornaron, según el Gobernador del Cabildo Misak de Ovejas. Mientras, los Nasa afirman que no se retirarán de los predios, según el Gobernador Nasa del Cabildo de La Laguna.

La puja política

Si bien el movimiento indígena nunca ha sido homogéneo y en el Cauca los Nasa y Misak han estado distanciados en sus procesos organizativos desde los setentas (los Nasa integran el Consejo Regional indígena del Cauca, Cric, y los Misak hacen parte del partido Autoridades Indígenas de Colombia, Aico), hasta hace poco había una ‘unidad política’ en torno a las candidaturas de Gustavo Petro y del senador nasa Feliciano Valencia, que ya hoy no existe.

“Nosotros apoyamos a Petro porque su programa era muy bueno, pero hoy agradecemos que no ganó porque como él se lanzó con el aval del Mais y con el apoyo del Cric pudo haber nombrado en algunos ministerios a los Nasa y nosotros y los otros pueblos indígenas salíamos perdiendo ahí”, nos dijo el gobernador Misak, Luis Morales.

Aunque ninguna de las dos organizaciones (ni de las comunidades Misak y Nasa) tenían candidatos definidos para las regionales, ir separados claramente puede afectar cualquier aspiración que planteen en 2019.

Petro no ha hablado del conflicto que enfrenta a dos de sus principales electores.

La representante María José Pizarro, de los Decentes, sí lo hizo pero sin tomar partido e invitando al diálogo para evitar polarizaciones (y posiblemente no perder votos).

El gobernador Morales nos dijo que también apoyaron a Valencia por ser indígena y para que los represente a todos, pero cree que él no ha sido neutral en la pelea.

La Silla Pacífico no tiene elementos para decir si Feliciano ha sido o no neutral, pero su trabajo como mediador es público.

Otra organización que también ha sido criticada por los Misak es el Cric, por supuestamente no asumir un papel activo para evitar la violencia entre los pueblos y por tomar partido a favor de los Nasa, por ejemplo al difundir un comunicado sobre unos supuestos acuerdos entre los pueblos, que los Misak luego desmintieron.

Si bien el Cric niega favorecer a un sector y dice que está mediando en el conflicto, esta queja le podría quitar legitimidad como vocero de las comunidades indígenas del Cauca ante el Gobierno.

Por ejemplo, para el gobernador Morales, los gobiernos local, departamental y nacional no se han manifestado en contra de los Nasa porque “tienen temor” a la reacción de este pueblo indígena, como bloquear la vía Panamericana.

Intentamos comunicarnos con el Director encargado de Asuntos Indígenas del Ministerio del Interior, César Fandiñ, para saber su posición al respecto pero no contestó nuestras llamadas y mensajes.

Por ahora ninguno de los dos pueblos parece con ánimo de ponerse de acuerdo en temas electorales.

De hecho, en lo único en lo que están de acuerdo es en que, mientras se soluciona el conflicto territorial, esperan que éste no escale y que terceros, como grupos armados, no lleguen a pescar en río revuelto para ingresar a sus territorios.

La puja por la tierra

Las segunda puja es la eterna pugna sobre la tenencia oficial de la tierra en el Cauca, discusión que el mismo Petro abrió en campaña presidencial cuando propuso comprar tierras a los privados para entregarlas a los campesinos e indígenas y ahora se da entre dos fuerzas que antes estaban alineadas en ese sentido.

Los Misak culpan de la situación tanto a los Nasa como al Cric (en el que los Nasa son mayoría) y critican al senador Valencia.

Para los Misak, según el gobernador Morales, es una incoherencia que el cabildo Nasa de La Laguna esté usando el mismo discurso de “liberación de la madre tierra”, que usualmente se usa para ocupar grandes extensiones de tierra de empresarios del norte del Cauca, para invadir propiedades pequeñas de otro pueblo indígena.

“Hoy usan el discurso de la liberación en contra de los Misak, luego será en contra de los campesinos, ¿y luego para quién?”, advirtió el también gobernador Misak de Guambía, Eliberto Tunubalá, en un foro en la Universidad del Valle el pasado 6 de septiembre.

A su turno, los Nasa, a través de su gobernador Nivaldo Panche, reclaman que los siete predios sobre el que los Misak quieren constituir un cabildo son sus tierras porque están en su “área de influencia” o son su “ámbito territorial”. Es decir, aseguran tener derecho a ellas.

En la legislación no hay nada que reglamente este tema, una falta de claridad que es una de las múltiples causas de la complejidad del conflicto interétnico y social que hay en Cauca desde hace décadas.

Al inicio de los choques, y con heridos de por medio, el entonces presidente Juan Manuel Santos prometió que dejaría listo el resguardo para los Misak, pero nunca lo hizo.

Para el investigador de la Universidad Javeriana y experto en este tema, Carlos Duarte, el problema obedece a la falta de tierra para las comunidades indígenas, afros y campesinas en el Cauca, y la solución debería ser una mejor distribución de la tierra, políticas más eficaces de desarrollo rural y una reforma rural que asegure los derechos de todos los pueblos.

El lío es que el Gobierno Santos no presentó la reforma rural a la que se comprometió en los acuerdos de La Habana para democratizar la tierra, y hasta ahora su sucesor Iván Duque ni siquiera se ha referido al tema.

Los Nasa dicen que su exigencia no es contra los Misak, sino contra el Gobierno por haber titulado tierras que, según ellos, les pertenecen, y por eso es el Estado el que debe buscar otras tierras para reubicar a los Misak.

La puja por la protección colectiva

La tercera puja de poder es frente al modelo de protección colectiva a través de la guardia indígena.

Para los Misak, la guardia se convirtió en un actor agresor de su comunidad indígena a raíz de los enfrentamientos que ha habido en la zona, y no su protector, como debería ser.

El gobernador Morales nos dijo que exigen al Gobierno no dar más financiación a la guardia que, según él, se ha armado contra ellos con gases lacrimógenos, machetes y cuchillos, entre otros.

En respuesta, el gobernador Nasa Nivaldo Panche nos aseguró que esto no es cierto y que todo obedece a una campaña de desprestigio en las redes sociales; que son los Misak los que no tienen disponibilidad para el diálogo, y que la guardia existe para proteger el territorio.

Ese cruce de versiones llega justo cuando el Gobierno está construyendo, a través de la Unidad Nacional de Protección, los planes de protección colectiva para las comunidades en riesgo.

A juicio de afros e indígenas, esos planes deberían incluir la financiación y el fortalecimiento de los esquemas propios de protección como la guardia indígena y la cimarrona de los afros.

Pero con un grupo indígena como los Misak denunciando supuesta parcialidad de la guardia indígena, el proceso podría retrasarse aún más y hacer más compleja la implementación de este plan.

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