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Por Tatiana Duque · 14 de Enero de 2019

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En las últimas dos semanas de diciembre el representante uribista del Valle, Christian Garcés mojó prensa a nivel nacional por ser el principal impulsor desde el Congreso de la flexibilización del porte de armas para personas amenazadas que quedó en el decreto que expidió el presidente Iván Duque.

Esta es la última muestra del crecimiento de Garcés dentro de su bancada desde que llegó a la Cámara en marzo pasado. Está por verse si eso le da para jugar un rol clave en las regionales de este año donde el uribismo valluno -que está dividido- quiere ser fiel de la balanza en el departamento más grande del Pacífico.

La crecida del congresista ‘obrero’

 

Garcés, un administrador de 41 años, lleva rato en la política local valluna y es cercano a la clase empresarial del departamento, siempre interesada en la política. En la década pasada fue Concejal y Diputado por el Partido Conservador y en 2015 aterrizó en el uribismo cuando el Partido respaldó su candidatura por firmas a la Gobernación del Valle, en las que sacó 357 mil votos y perdió ante la baronesa electoral Dilian Francisca Toro.

Para 2018 fue el representante uribista más votado del Valle (40 mil votos) en un departamento donde solo hasta el año pasado el Partido comenzó a crecer.

Y desde que llegó a la Cámara, con la polémica propuesta del porte de armas para civiles ambientándola desde campaña, comenzó a escalar dentro del uribismo.

En el Congreso comenzó a ganar notoriedad dentro de la bancada en un trabajo de ‘obrero’.

“Es inquieto, llega a colaborar, hace su tarea de convocar. La vocería no es fácil y la bancada es exigente”, nos dijo un Representante. “Es como el obrero, trata de hacer las cosas desde abajo”, nos dijo otro miembro de la bancada, quien nos pidió no citarlo para no tener roces con otros compañeros.

En julio aspiró a la Presidencia de la Comisión Tercera donde está, pero le dieron la vocería de la Cámara siendo primíparo (cargo que usualmente es reservado para congresistas con experiencia), en parte porque el llamado a esa vocería, el veterano congresista Óscar Darío Pérez preside la Comisión Cuarta y no podía tener los dos cargos.

Eso hizo que en las reuniones con la bancada y el Gobierno pudiera tener interlocución con Duque. “Vamos todos pero al final es él y Paloma Valencia (vocera en Senado) los que terminan hablando (con el Presidente)”, nos dijo otro congresista uribista.

En las plenarias, de acuerdo con tres consultados, Garcés y su equipo, hacen trabajo de filigrana: cuando hay que votar, presiona por el chat a los compañeros que no están, busca los votos, sale con su equipo a buscar a los congresistas.

En noviembre, el jefe único del uribismo, Álvaro Uribe, lo puso en la comisión que definirá cómo elegir a los candidatos del Partido para las regionales; y en una movida similar a la que hizo en Bogotá, Uribe le propuso dejar la Cámara para lanzarse como aspirante a la Alcaldía de Cali, para lograr vencer a la izquierda, pero Garcés lo rechazó, como revelamos.

Para diciembre, con la vocería encima y mientras era ponente de la reforma tributaria, Garcés volvió a usar ese trabajo de filigrana y desde abajo para revivir su propuesta de que los civiles que se sientan amenazados porten armas, a través de una carta que respaldaron 50 congresistas, entre godos y uribistas.

“A los congresistas constantemente nos llaman ciudadanos que tienen problemas de seguridad a expresarnos la preocupación que no tienen seguridad por parte del Estado, pero no tienen derecho a portar las armas. En el recinto de la plenaria me puse a hablar con los representantes, busqué las personas que sé que tienen información de esas amenazas y firmaron”, nos dijo Garcés.

Incluso convenció al liberal valluno Álvaro Monedero (mientras sus compañeros se opusieron) para firmar porque “también conoce de la problemática”, dijo el uribista.

La flexibilización del porte en casos excepcionales que deberá reglamentar el Ministerio de Defensa quedó en el decreto que comenzó a regir el 1 de enero.

La verdadera prueba de fuego para saber si esa crecida es permanente llegará este año en las regionales, donde en el Partido hay diferencias entre el uribismo tradicional y el 2.0 que él y otros primíparos dicen representar.

De cara a octubre

Aunque Valle es el único departamento del Pacífico donde el uribismo tiene dónde crecer (Duque ganó en primera vuelta y pasó de dos a cuatro congresistas), replica las divisiones del Partido entre uribistas 1.0 -donde la hoy directora del DPS, Susana Correa, es su figura más visible- y los del 2.0 que Garcés y el hoy senador Gabriel Velasco representan.

Específicamente las diferencias entre Correa y Garcés arrancaron justo después de las locales de 2015 y se mantienen.

“Cuando Christian llega como candidato al Partido lo acompañamos. Pero él consideró que los votos eran de él. Ese fue el primer encontrón, porque le dijimos que no eran de él sino del Partido”, nos dijo el concejal caleño y precandidato a la Alcaldía, Roberto Rodríguez, a lo que Garcés dice que los votos los ha venido consiguiendo desde que sacó 30 mil votos a la Asamblea en 2007.

Luego si bien Correa le pidió participar a la aspiración a la Cámara, Garcés no aceptó de inmediato. “Susana peleó porque él creía que tenía ese derecho ganado por la votación a la Gobernación”, nos dijo el Concejal. Finalmente, la jefe uribista de ese momento ganó el pulso.

“Hoy hay un nuevo Centro Democrático en el Valle, compuesto de personas que vienen desde la fundación del uribismo, con personas uribistas nuevas (...) Ella (Correa) es una vertiente en el Partido”, nos dijo Garcés.

Ahora sin Correa en el panorama político departamental de manera oficial, la cabeza del Partido es el senador Velasco, de la línea de Garcés. Ambos para el Concejal, “se quieren apartar de las directrices del Partido imponiendo candidatos” por fuera del Partido, como los empresarios Alejandro Éder a la Alcaldía y Francisco Lourido a la Gobernación.

A su turno, el Congresista no nos confirmó si apoyaba a estos empresarios, pero sí nos dijo que se reunió con ellos y otros aspirantes que el Partido tiene en la mira, como Roberto Ortíz y la diputada uribista Juanita Cataño.

En máximo tres semanas el Partido en Valle definirá su ruta para las elecciones locales y entrando el próximo periodo de sesiones en el Congreso, a Garcés se le acabará la vocería. El tiempo dirá si esta crecida dentro del Partido le dio para imponerse en lo local o fue un evento pasajero.  

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