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Por Laura Soto · 31 de Julio de 2018

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La semana pasada la novata representante nariñense del Partido de La U, Teresa Enríquez Rosero, salió elegida integrante de la Comisión Quinta de Cámara, que se encarga del sector agropecuario, minería, medio ambiente, y las corporaciones autónomas regionales. Eso es clave y demuestra su poder porque, junto a su hermano el ex senador Manuel Enríquez Rosero, han tenido el control político de la CAR Corponariño durante más de una década.

En algunos sectores políticos y ambientales de Nariño eso no cayó bien porque los hermanos Enríquez Rosero han usado la CAR para impulsar y mantener sus aspiraciones políticas, y Teresa fue su directora jurídica por más de 20 años.

Ese uso como fortín político, para un político del departamento y un exfuncionario de la Gobernación que ha trabajado con ellos, ha llevado a que la entidad se desvíe de sus funciones en protección del ambiente.  

Como contamos, los directivos de la CAR le hicieron campaña a la nueva congresista, y en pasadas elecciones entregaron estufas ecológicas a cambio de votos, presionaron a funcionarios y hay denuncias de que negocian licencias ambientales con alcaldes para ayudar a los Enríquez.

“El manejo político de la entidad la ha llevado a ser la institución pública más desacreditada del departamento”, nos dijo el exfuncionario que nos pidió no citarlo para no tener problemas con el exsenador.

Por eso que Enríquez haga parte de la comisión que es encargada de hacer debates de control político a las CAR regionales y de promover proyectos que protejan el medio ambiente “no nos genera tranquilidad porque no es garantía de nada”, nos dijo.

Le tenía ganas desde el inicio

La misma representante contó en un video en sus redes sociales que llegar a la Comisión Quinta fue una de sus aspiraciones desde campaña.

“Una de nuestras aspiraciones era llegar a la Cámara de Representantes, a la Comisión Quinta, para proponer que ese proyecto [...] se pueda convertir en Ley para que las personas que viven en sectores ambientalmente estratégicos puedan tener del Gobierno Nacional una remuneración por ese trabajo de cuidar los recursos naturales y esas áreas protegidas”, dijo.

Ser uno de los 20 representantes de esa comisión y ser uno de los dos representantes del Pacífico allí junto al caucano Crisanto Pizo, le da poder para gestionar proyectos y presupuesto para las CAR.

También y espacio para defenderlas en debates de control político y en cualquier proyecto que busque quitarles dientes, como el de la prometida e incumplida reforma a la CAR de Juan Manuel Santos, pues esas normas deben ser aprobadas por la Comisión antes de llegar a Plenaria.

“Lo que ella va a hacer es blindar ese sector en la Comisión, tanto en los debates como en auditorías”, nos dijo el congresista nariñense que nos habló con la condición de no ser citado.

Además, las fuentes que la conocen no la ven como una defensora del medio ambiente capaz de apoyar e impulsar leyes como la de Páramos que salió el año pasado, una imagen que sustentan en el mal manejo de Corponariño.

A pesar de eso, apenas se posesionó el 20 de julio comenzó su lobby dentro de su bancada para quedar en de la Comisión.

Según ella, lo logró porque uno de los criterios del partido para definir si los congresistas quedaban en las comisiones que aspiraban eran sus votos, y ella hizo valer los 53 mil que sacó. Eso nos lo confirmó uno de los compromisarios de La U.

Así las cosas, con el papayazo de haber quedado en la Comisión del ambiente y el agro, la representante podrá seguir cultivando sus votos no solo defendiendo al fortín de su familia sino como la “voz de los lecheros y papicultores de Nariño”, como se autoproclamó.

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