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Por Ana María Saavedra · 25 de Octubre de 2017

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El sábado pasado, Juan Manuel Santos, rodeado de varios de sus ministros, anunció que “9000 policías y militares” lucharán contra el narcotráfico y la criminalidad en Tumaco en lo que llamó la Operación Atlas. También anunció que “se analizaron muy bien las necesidades, el número de unidades adicionales que se requieren, y esa campaña comienza a operar a partir de este momento”.

La realidad es que la mayoría de esos militares y policías ya estaban haciendo operaciones en la zona y el nuevo plan para Tumaco es más que todo un reencauche de viejos planes que la Fuerza Pública ha usado en el puerto sin tanto éxito.

Tumaco es el lugar donde más han aumentado los homicidios este año, al menos hasta agosto, y los grupos armados ilegales también se han multiplicado.

La operación Atlas

De los 9 mil policías y militares, 6 mil corresponden a hombres de las dos fuerzas de tarea que existen en Tumaco desde hace cinco años: La Pegaso del Ejército y la Poseidón de la Armada.

 

La Fuerza de Tarea Pegaso, cuya sede queda en la vereda El Gualtal (en la vía que conduce de Pasto a Ipiales), está formada por tres brigadas móviles que tienen cobertura en casi todo el departamento de Nariño.

Aunque inicialmente nació para combatir a las Farc (al Frente 29,  al Frente Ariel Aldana y Columna Móvil Mariscal Sucre), hoy su labor principal es luchar contra el narcotráfico en todos sus eslabones.

Mientras tanto, la Fuerza de Tarea Poseidón se encarga de controlar puntos estratégicos de los ríos Mira y Mataje, entre otros, así como de interceptar coca en las salidas al mar dado que Tumaco no es solo el municipio con más cultivos de coca en el país sino una de las zonas por las que más coca sale hacia el exterior. Este año, esa Fuerza ha decomisado en Tumaco 24 de las 84 toneladas de coca incautada en todo el país.

En cuanto a la Policía, a la que corresponde los 3 mil hombres restantes, su tarea es desmantelar las 15 organizaciones de narcos y disidentes identificadas en Tumaco y en Policarpa, un municipio en la falda de la cordillera donde también estuvo ubicada una zona veredal para que se desmovilizara el Frente 29 de las Farc que está buscando irse, como contó La Silla Pacífico.

El plan contra estas estructuras tampoco es nuevo. Empezó a comienzos de este año con un grupo de inteligencia de la Dijín y la Dipol, apoyado por nueve fiscales, quienes iniciaron investigaciones contra estos grupos y han identificado a 65 jefes y mandos medios de las estructuras, de los cuales 15 ya han sido capturados.

En junio, cuando el vicepresidente Óscar Naranjo lanzó dos planes pilotos del Cuerpo Élite contra las estructuras criminales en Tumaco y Buenaventura, explicó a La Silla que en el puerto nariñense se articularía la labor de los 30 policías que iban a investigar a los disidentes y narcos con la Fuerza de Tarea Conjunta Poseidón.

Ese plan Piloto de Tumaco fue anunciado por Naranjo en ese momento también como “la respuesta inmediata del Estado” para desmantelar las organizaciones responsables de los homicidios de líderes sociales y que son una amenaza a la implementación del Acuerdo de Paz.

Es exactamente la misma misión que Santos le dio a la Operación Atlas el sábado pasado.

Este cuerpo élite en Tumaco fue reforzado hace cuatro meses con más investigadores, que pertenecían a la Dipol, Dijín, Gaula y Policía Antinarcóticos. Y hace un mes, conformaron siete grupos, (llamados burbujas) cada uno con la misión de golpear unos “objetivos estratégicos” de las organizaciones criminales.  

Según explicó uno de los investigadores, una de las burbujas a cargo de la dirección de inteligencia, apoyada por los otros investigadores, se encarga de dar con Guacho, un disidente de la Columna Daniel Aldana.  Otra se encarga de alias David (el hermano de Don Y), que formó las Guerrillas Unidas del Pacífico.

Reforzar los planes actuales

Lo que sí tiene de nuevo la Operación Atlas de Santos es que agrega un componente de coordinación que puede ayudar a que den más resultados.

“Se reorganiza la Fuerza Pública, se unen unidades que estaban dispersas, se le da un mando a una Fuerza de Tarea, que va a estar a cargo de un mayor general”, dijo el Presidente el sábado.

Sin embargo, y pese a que Santos dijo que el plan comenzaba a operar a partir del mismo sábado, el mayor general que las unirá no ha sido seleccionado todavía. Y hasta ahora se está reuniendo la cúpula de las FF.MM. en Bogotá para decidir cómo se va a hacer esa unión, según se lo revelaron dos fuentes del Ejército y la Armada a La Silla Vacía.

Para el plan de la Policía, se encargó al mayor general José Ángel Mendoza de coordinar estas burbujas, a las que les aumentarán los investigadores y analistas para convertirlo en una especie de Bloque de Búsqueda, como el de la operación Agamenón contra el Clan del Golfo en el Urabá que está a cargo del director de la Dijín, Jorge Luis Vargas.

Mendoza le dijo a La Silla Vacía que en total son 3 mil uniformados, de los cuales 1850 ya estaban allí haciendo labores de erradicación y continuarán con ellas. El plan fue nombrado por la Policía como Perseo y tendrá grupos conformados por entre 100 y 130 miembros cada uno.

Los resultados

En la intervención del sábado, Santos aseguró que con este plan, la Fuerza Pública atacará con "toda la contundencia" todos "los eslabones del narcotráfico" en Tumaco.

Dos expertos en política de drogas le dijeron a La Silla que en el corto plazo seguramente habrá muchas capturas, más incautaciones y si acaso, una baja en los homicidios, pero no son muy optimistas sobre su éxito en el mediano plazo.

“Esto que están anunciando es lo que había que hacerse, pero luego a Tumaco lo van a olvidar como otras veces”,  le dijo a La Silla Julian Wilches,  exdirector de política de drogas  del Ministerio de Justicia.

Quizás su bajo optimismo se debe a que en 2012 el entonces ministro de Defensa de Santos, hoy precandidato a la Presidencia, Juan Carlos Pinzón, también acudió a Tumaco y lanzó “la nueva Estrategia de Intervención Integral contra el Narcotráfico”.

Según Pinzón tenía “tres objetivos: llevar a un mínimo histórico la producción de narcóticos, potencializar las operaciones de prevención, erradicación e interdicción y fortalecer el apoyo tecnológico y científico de los procedimientos adelantados en la lucha contra ese flagelo”.

Pero de ese plan, que incluía una estrategia de la Policía Antinarcóticos y unos planes de sustitución de cultivos por cacao y palma africana, ya nadie da razón. Y los cultivos pasaron de 5.065 hectáreas ese año a 23.000 el año pasado.

Lo social, también lo mismo

Tanto el analista Wilches como el propio vicepresidente Óscar Naranjo, quien estuvo por nueve días en Tumaco reunido con líderes sociales, tras la muerte de los campesinos, coincidieron en decir que no solo con Fuerza Pública se resuelven los problemas de Tumaco.

Naranjo en una entrevista en Bluradio el viernes pasado anunció que al día siguiente el presidente estaría en Tumaco y “allí hablará de la integridad de este plan porque tienen razón las comunidades en señalar que no basta una respuesta policial militar y es necesario avanzar en otras cosas”.

En efecto, Santos, en la misma rueda de prensa, habló de ese plan social.  Que, paradójicamente, también es el mismo que anunció desde el 2014 para todo el Pacífico con los 400 millones de dólares de los créditos con el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, que solamente fueron desembolsados en marzo pasado.

A Tumaco le toca, según el ex gerente del Plan Todos Somos Pazcífico, Luis Alfonso Escobar, 87 millones de dólares paras 22 proyectos.

Estos incluyen la construcción del acueducto y alcantarillado, la electrificación en la zona rural del Alto Mira, y vías terciarias y la binacional hacia el Ecuador que tiene un año de retraso y le falta el 50 por ciento para estar lista.

En conclusión, el mega plan de Santos para controlar la violencia en Tumaco, donde han sido asesinadas este año 145 personas y hay al menos 11 grupos disputándose el espacio que dejaron las Farc y el narcotráfico, es reforzar con más inteligencia y coordinación lo que ya existe y finalmente ejecutar los programas sociales prometidos desde 2014.

Comentarios (5)

LUIS ALFONSO GA...

25 de Octubre

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Lo que hay que cambiar es el acuedo de La Habana y eliminar todas las ventajas...+ ver más

Lo que hay que cambiar es el acuedo de La Habana y eliminar todas las ventajas que le dieron a las FARC PARA CONTINUAR CON EL NEGOCIO DE LA COCA Y VOLVER A LA ASPERSIÓN AÉREA Y A LA EXTRADICIÓN DE LOS CAPOS DEL NARCOTRTÁFICO. lO DEMÁS ES PAJA.

AlvaroH

25 de Octubre

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Señor, por favor. Comentar sin leer los artículos es mala educacion. El prob...+ ver más

Señor, por favor. Comentar sin leer los artículos es mala educacion. El problema de Tumaco es más profundo y la solución que usted propone es ciega, sorda y muda a las realidades. La aspersión aérea es un engaño, no tiene fin y su efecto es temporal, no detiene ni impide la resiembra. Creo que quien habla paja es otro.

dokholord

25 de Octubre

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Lo lógico es darle alternativas reales a los habitantes para que sean legales...+ ver más

Lo lógico es darle alternativas reales a los habitantes para que sean legales y autosustentables, utilizar fuerza para comabatir y desaparecer los grupos armados. Pero lo circustancial sera lo que el gobierno en inversión social ejecute brindandoles lo fundamental y enfocar su producción hacía un consumible al interior y si se puede exportable. Asperción aérea es criminal.

AlvaroH

25 de Octubre

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Comparto su conclusión, con la salvedad de que las soluciones estructurales t...+ ver más

Comparto su conclusión, con la salvedad de que las soluciones estructurales tardan tiempo y son complejas, no fáciles, mientras que la política y sus efectos estan atados a las circunstancias del día de hoy. Vea la cantidad de gente que cinicamente cree que el glifosato es la solución, sin estudiar los detalles, y lo malo es los gringos con este loco de presidente.

OMAR MARTINEZ

26 de Octubre

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El narcotráfico en Tumaco no existía hace 30 años, ni tampoco las farc. Tod...+ ver más

El narcotráfico en Tumaco no existía hace 30 años, ni tampoco las farc. Todo le llegó por ser una zona propicia donde los politicos corruptos instalaron su reinado y sembraron violencia y misera. Culpar a los acuerdos de la Habana es lo más tonto que se ha dicho y más torpe aún volver a fumigar. Pensar desde la comodidad en Bogotá es fácil, pero esa es la costumbre para mal de este país.

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