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Por Tatiana Duque · 15 de Enero de 2019

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Hoy las autoridades del Valle harán un consejo de seguridad para tomar medidas luego de la masacre de cuatro campesinos en zona rural de Jamundí, un municipio que queda a solo 20 minutos de Cali y donde el EPL o Los Pelusos (como las autoridades los renombraron en 2016) son sindicados de ser los autores de los hechos del viernes pasado.

El asesinato de cuatro miembros de la familia Bravo (tres hermanos, Silvio, José y Johnny, y un primo, Fidencio), que tenían una finca en San Antonio, en la zona rural, al parecer porque no pagaron una vacuna, es solo la última muestra de que el EPL tiene en el sur del Valle una nueva ‘base’ para operar el negocio del narcotráfico, luego de aparecer hace poco más de dos años.

Todo esto por el enclave que se convirtió Jamundí en la ruta narco del sur del Valle, porque conecta con el norte del Cauca -alta zona cocalera- y desemboca en el río Naya hacia Buenaventura, que no solo el EPL, sino una disidencia, paramilitares, narcotraficantes y posiblemente el ELN, quieren controlar.

Una pelea que es todo un reto de seguridad para la región, y un foco de crecimiento en la lucha del narcotráfico para el gobierno de Iván Duque en el Pacífico.

Incluso en la Gobernación reconocen que lo que pasó el viernes es “la punta del iceberg de un problema que sabemos que hay en este territorio”, como nos dijo una alta fuente de la entidad.

Del Catatumbo a Cauca y Valle

Desde que ocurrió la masacre de los Bravo el viernes, las autoridades señalaron como los principales sindicados al EPL, porque desde hace más de un año viene ejerciendo control la región, según nos confirmaron en la Gobernación y lo reiteraron, por aparte, dos líderes sociales de Jamundí y un político del municipio que conoce el terreno.

Lo harían moviéndose por las zonas de Villacolombia que comprende cinco veredas y La Timba, que tiene otras cinco, todas en zona rural de Jamundí.

“Intentan tener un paraestado”, nos dijo la fuente de la Gobernación, a través de extorsiones, toques de queda o exigencias a los campesinos.

Y aunque históricamente el EPL se ha movido por el norte de la zona del Catatumbo en Norte de Santander y allá llevan 10 meses en una guerra con el ELN que los ha diezmado, su llegada al sur del Valle por Jamundí y al Norte del Cauca -que es donde arranca el corredor de la coca- se conoce al menos desde hace dos años y están en guerra con una disidencia de las Farc.

”Intentan tener un paraestado”

Fuente Gobernación del Valle

Según dijo la Fundación Ideas para la Paz (FIP), y corroboró el Ejército, tanto al Norte del Cauca como a Jamundí llegaron gracias a exmiembros de las Farc que se cambiaron de brazalete y milicianos del EPL que llegaron desde los Santanderes, desde donde también habría apoyo financiero para esa estructura.  

A hoy, según inteligencia del Ejército que conoció La Silla Pacífico, no tendrían más de 100 miembros (en Catatumbo tendrían 400).

En el Norte del Cauca aparecieron a mediados de 2017 con grafitis en Caloto y Toribío, según nos confirmó un líder indígena de la Asociación de Cabildos del Norte del Cauca (Acin); pero su nombre comenzó a sonar con fuerza luego de un combate en diciembre de 2017 entre miembros del EPL y disidentes del Frente 6 de las Farc que lideró Mordisco hasta su captura en 2018.

Para 2018 ya la Defensoría del Pueblo había alertado en dos ocasiones que el EPL estaba en Jamundí y que en el primer semestre de ese año el Ejército se había enfrentado al menos cuatro veces con ellos. Se autodenominan el ‘Frente Sur Occidental Andrey Peñaranda’, en relación al nombre de un exmiembro del EPL “quien fue muerto en 2016 en Sardinata” en Norte de Santander.

Pero solo hasta abril del año pasado el Gobierno, a través del entonces ministro de Defensa de Santos, Luis Carlos Villegas, reconoció la presencia del EPL en la zona y en mayo fue instalada la fuerza de tarea Atalanta, con mil policías, soldados y miembros de la Fiscalía.

La gasolina

“Llegaron detrás de los cultivos ilícitos”, según nos dijo un líder social de Jamundí y un político de la zona.

Los cultivos en Jamundí comenzaron a aparecer desde 2014, que pasó de no tener hectáreas registradas según el monitoreo anual de la ONU, a tener, según ese mismo sondeo, 65 hectáreas (aunque la Gobernación dice que hay 400 y la Coccam apunta a mil hectáreas).

“En esos cultivos, por labores de investigación de Ejército y Policía, se sabe que los están operando Los Pelusos”, nos dijo una fuente de inteligencia militar.

Llegaron detrás de los cultivos

Líder indígena de Jamundí

Incluso, en San Antonio, hubo un intento de erradicación “pero a la gente le tocó salir de allá por amenazas”, nos dijo un líder de Jamundí.

Eso también tiene una connotación logística: la posición estratégica de Jamundí como municipio fronterizo con las zonas cocaleras del Cauca y con veredas en el piedemonte de la cordillera ayuda a que el EPL y los demás grupos se muevan fácilmente por la zona y que la Policía solo pueda contrarrestarlos en su jurisdicción, lo que da una ventaja a los ilegales.

Esa posición logística y los cultivos habría incentivado a los del frente 6 -hoy comandados por Gerardo Paví alias Barbas- de pelear el control en Jamundí, uno de los territorios que dejaron las Farc tras dejar las armas, con Buenos Aires en Cauca.

“La misma disputa está en Corinto y parte de Miranda, pero especialmente entre Buenos Aires y Jamundí”, nos dijo el líder de Acin.

Por esa pelea la Acin denunció en diciembre el asesinato de una autoridad indígena y al menos otros 10 miembros de la organización. Dicen que entre el Norte del Cauca y el Sur del Valle al menos se mueven cuatro grupos, entre ellos el EPL.

“Hoy el territorio está cooptado por seis estructuras armadas: Pelusos, disidencias, reductos del ELN dando vueltas por los lados de San Antonio; narcos, porque en esa zona hay muchas cocinas (de coca), están armados hasta los dientes; las Autodefensas Gaitanistas y está el Ejército intentando recuperar el territorio”, nos dijo a su turno, un líder de Jamundí que trabaja en terreno con la Defensoría.

Incluso, en medio de la pelea, ha habido intentos de ‘negociación’ entre el EPL y los de alias Barbas para repartirse el negocio: los dos líderes que se mueven por la zona rural de Jamundí nos dijeron, por aparte, que hubo movidas en ese sentido para repartirse desde San Antonio hasta Villacolombia por un lado; y otro grupo controlando la zona de La Liberia, pero nunca hubo acuerdo.

Se creció el enano

Aunque en Jamundí están parte de los mil uniformados de Atalanta y desde que comenzó a funcionar dan golpes como la incautación de cargamentos de marihuana, armas y cocaína, lo cierto es que la guerra tenderá a continuar, al menos por tres razones.

No se sabe qué tan coordinados están con el Catatumbo

Dylan Herrera, experto Propacífico

La primera es que el control del territorio no ha sido permanente y de eso se quejaron, por aparte, las cinco fuentes de Jamundí que nos hablaron para esta historia.

“Con un perímetro de 40 kilómetros y solo 100 policías es muy difícil actuar”, nos dijo el político; “dijeron que pondrían una estación en San Antonio y no ha llegado”, nos dijo uno de los líderes.

De hecho la Policía ha sido otra de las víctimas en la zona: hace solo 15 días la Fiscalía le confirmó a esa entidad que había un ‘plan pistola’ en el municipio. En agosto una patrulla ya había sido atacada por armados el día de la consulta anticorrupción.

No menor ha sido lo que ha pasado con habitantes del municipio: en julio fue asesinado un líder social de la zona de Villacolombia y entre septiembre y octubre la disidencia del frente sexto secuestró a un político de la región.

En la Gobernación reconocen que Atalanta no hace presencia permanente porque tiene otros frentes, como la recuperación del río Yurumanguí, que era otra ruta narco hoy recuperada.

La segunda es que no hay incentivos legales para que una estructura como la del EPL conformada en parte por exmiembros de Farc, se desmovilice o entre a un proceso de reinserción.

Tener 100 policías para el perímetro urbano no es suficiente

Político de Jamundí

“No se sabe qué tan coordinados estén con los del Catatumbo; cambiar el rótulo de EPL a Pelusos sirvió para combatirlos como banda criminal, pero no para desmovilizar y no se sabe qué tanto quieran desmovilizarse unos exmiembros de Farc que ahora son EPL”, nos dijo nuestro experto de la Red Pacífico y analista de seguridad de Propacífico, Dylan Herrera.

La tercera es que tampoco existen, por ahora, incentivos para la sustitución de cultivos.

Aunque durante año y medio los cocaleros y el gobierno Santos negociaron la entrada del programa de sustitución, el acuerdo se cayó a un mes de la posesión de Iván Duque.  Su crecimiento de hectáreas cultivadas entre 2016 y 2017 fue de más de un mil por ciento, según la ONU.

“Controlar ese acceso del piedemonte es muy importante. Esto no es un problema aislado para Jamundí sino para el Valle”, concluyó Herrera.

Al final lo que este panorama muestra es que la gasolina de la guerra por el narcotráfico en Valle no ha mermado.

CONTEXTO

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