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Por Tatiana Duque · 29 de Diciembre de 2019

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Las elecciones regionales que marcaron un hito contra las maquinarias del país y la reconfiguración del conflicto armado en zonas rurales de Nariño y Cauca marcaron los principales cambios de poder en el Pacífico en este año.

Acá las 10 transformaciones más importantes:

 

1

Dilian quedó lista para su regreso nacional

El cierre de mandato de la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, la deja lista para volver al escenario nacional tras consolidarse como la política más importante del Partido de La U, dejar heredera y cambiar la decaída imagen con la que llegó al cargo hace cuatro años.

Si bien la consolidación arrancó en 2018 cuando Toro aumentó su bancada propia en el Congreso con seis parlamentarios, fue definitiva este año al mostrar músculo político sin depender de aliados y con maquinaria propia, al dejar a Clara Luz Roldán como heredera en la Gobernación con casi un millón de votos, en una victoria que siempre fue cantada desde el principio de la contienda electoral.

Aunque en Valle perdió dos fortines locales clave en las alcaldías de Palmira y Buenaventura (donde ganaron outsiders), no afectan la lógica del regreso al escenario nacional de Toro. 

Tan así que pese a que su bancada marchó el 21N, es afín al Acuerdo de Paz y amiga personal de Juan Manuel Santos, su nombre suena entre sectores políticos para que entre al gobierno de Iván Duque.

A esa fuerza demostrada en lo electoral se suma que pudo sacar cara de una de sus máximas ideológicas, que también es polémica: que los políticos pueden ser buenos ejecutores, al recuperar financieramente el Hospital Universitario del Valle y ser la artífice del triunfo -luego de 23 años- del Valle en los Juegos Deportivos Nacionales.

Ambas fueron promesas de campaña, pero como contamos, esa última victoria -en la que tuvo que ver porque puso plata para los deportistas y políticos de su cuerda a manejar el tema deportivo regional- genera más efervescencia y es más simbólica.

Eso le sirvió a Dilian además para lavar cara de su imagen que arrancó decaída al inicio de su mandato por tener -en 2015- dos investigaciones abiertas por parapolítica y lavado de activos y venir de un carcelazo por el primer caso.

A hoy, ambos procesos están cerrados y de acuerdo con mediciones y encuestas como la Gallup, su imagen es la más alta de los mandatarios vallunos en los últimos 10 años.

 
2

Nariño dejó de ser bastión nacional de la izquierda

La llegada de Jhon Rojas a la Gobernación de Nariño en las locales de octubre marcó la primera derrota de la izquierda en ese cargo en los últimos 20 años en un departamento donde había consolidado un fortín nacional.

Rojas ganó en parte a que terminó siendo funcional para políticos y electores: como no tiene un grupo propio (como el saliente Camilo Romero), los políticos consideran que puede gobernar con ellos; y si bien fue apoyado por partidos tradicionales, su discurso fue afín al voto de izquierda y alternativo nariñense: no al glifosato, ni al fracking y propaz.

A eso se sumó que la izquierda estuvo de capa caída toda la campaña porque no pudieron consolidar una candidatura fuerte, Romero no puso heredero y perdió fuerza: peleó con los tradicionales que lo ayudaron a ganar en 2015, se fracturó el grupo político que tenía con su padre y la Fiscalía lo llamó a juicio por el caso del negocio del Aguardiente departamental.

Esos reveses no impiden que Romero tenga la mira en las presidenciales de 2022, como contamos, al aumentar su discurso alternativo y propaz en escenarios nacionales para relanzar su imagen.

 
3

Temístocles Ortega consolida su poder en Cauca

Ortega, senador de Cambio Radical y barón electoral del Cauca, termina el año con dos victorias que le garantizan poder en el departamento. 

En octubre su apoyo fue clave para que Elías Larrahondo llegara a la Gobernación, convirtiéndose además en el primer mandatario afro en la historia, y así ganar un pulso con los liberales que -a diferencia de 2015- se alejaron de él para pelearle el cargo con Víctor Ramírez.

Así, Ortega logró ganar la Gobernación por tercera vez consecutiva en la década y la segunda en cuerpo ajeno. 

En diciembre, ganó un pulso con el uribismo por la dirección de la Corporación Autónoma Regional del Cauca, vía el director Yesid González, quien se reeligió en una apretada votación en la que por un voto se impuso al aspirante del presidente Iván Duque y la senadora Paloma Valencia.

 
4

El Paro Cívico llegó al poder en Buenaventura

De los tres totazos electorales del Pacífico en las elecciones regionales, el de Buenaventura con la victoria de Víctor Vidal como Alcalde es el más significativo.

Vidal es el primer mandatario elegido con voto de opinión en el puerto, derrotó a poderosas maquinarias y mostró que el Movimiento Cívico del Paro -que lideró en 2017 y negoció a su nombre acuerdos de 10 años con el Gobierno- superó su primer reto de volverse un movimiento político.

Con la única bandera de hacer cumplir los acuerdos que salieron del Paro, Vidal derrotó a las maquinarias de los partidos Liberal y La U que habían mantenido el poder e internamente el Comité salió fortalecido tras la elección de Vidal como aspirante.

Su principal reto, además de combatir los históricos problemas de desigualdad, inseguridad y economías ilegales en Buenaventura, será gobernar el Distrito “como un referente nacional de que se puede hacer buen gobierno”, como nos dijeron dentro del Comité, ya que los últimos mandatarios elegidos han terminado sus periodos presos o con procesos judiciales encima.

 
5

El voto de opinión tumbó a veteranos tradicionales

Tras un 2018 en el que el voto de opinión se consolidó en las presidenciales y la consulta Anticorrupción, en las elecciones regionales de este año mostró un despertar en regiones donde la lógica la dictan la plata y las maquinarias.

Si bien en el Pacífico se consolidaron poderes regionales tradicionales, las victorias en las alcaldías de Vidal en Buenaventura, Oscar Escobar en Palmira y Andrés Ramírez en Jamundí muestran el inicio de este cambio de chip.

Como contamos esas tres victorias fueron importantes porque derrotaron a cuestionados barones electorales y poderes hegemónicos, como en Palmira con el grupo de La U que maneja el cuñado de la saliente gobernadora Toro; o en Jamundí con la candidata a la que el Alcalde le hacía campaña de frente. Además, las tres campañas costaron poca plata, fueron en la calle y se basaron en redes sociales.

Además fueron visibles liderazgos femeninos en territorios tradicionalmente indígenas, con las victorias de Geidy Ortega, primera alcaldesa de Inzá y Mercedes Tunubalá, primera alcaldesa misak en Silvia.

No solo fue en Alcaldías. En los concejos y asambleas de los cuatro departamentos ganaron figuras de opinión que desterraron a veteranos electores, como en Cali con la electa concejal Diana Rojas quien detuvo 40 años de victorias de la veterana Clementina Vélez, quien tiene grupo propio y maquinaria en la capital del Valle.

En Quibdó, el líder barrial Jhon Arley Chaverra ganó curul en Concejo; en Pasto, por primera vez ganaron curules dos movimientos por firmas con Berno López y Darío Guerrero; en Popayán, la animalista Constanza Arango fue la votación más alta del tradicional Partido Conservador; y por los estudiantes, Andrés Velasco, exrepresentante de Unicauca y Ana Erazo del Sena ganaron curul en Popayán y Cali.

 
6

Nilton y Neftalí mostraron su teflón electoral en Chocó y Tumaco

Con las victorias de Ariel Palacios en la Gobernación de Chocó y Emilsen Angulo en la Alcaldía de Tumaco, los barones electorales de estas zonas, el congresista Nilton Córdoba y el excongresista Neftalí Correa, respectivamente, mantuvieron su teflón pese a sus ruidos judiciales y disciplinarios.

En Chocó, Córdoba logró mantener la Gobernación con Palacios pese a que el congresista tiene cinco investigaciones en la Corte Suprema de Justicia, ruidos de que maneja la saliente Gobernación y tenía una pelea electoral cazada con su principal rival local, el exgobernador Patrocinio Sánchez, quien quedó de segundo en la contienda.

En Tumaco, Neftalí Correa volvió al poder en el segundo puerto del Pacífico y de nuevo de la mano de la electa Emilsen Angulo, quien ya había ganado la Alcaldía en 2015, pero su elección fue anulada por el Consejo de Estado a finales de 2016.

Si bien ahora Angulo solo tenía el apoyo del Partido Conservador (en 2015 tuvo tres coavales), Neftalí mostró que mantiene su fuerza electoral al ganar con su candidata una de las campañas más reñidas en la historia reciente de Tumaco, pese a que en los últimos años había perdido poder luego de que la Procuraduría en 2016 lo destituyera e inhabilitara por irregularidades en un contrato firmado cuando fue Alcalde.

 
7

Los partidos afro volvieron a ser los paraguas de los políticos quemados

En la campaña y las elecciones de octubre los tres partidos afro que compitieron para lograr puestos en lo local demostraron que, en varios niveles, siguen siendo el paraguas preferido de los políticos quemados o peleados con sus partidos originales.

El caso más visible de estas alianzas fue el del partido afro Colombia Renaciente, en cuya junta directiva aterrizaron delegados de exfuncionarios y aliados santistas como Clara López, Juan Fernando Cristo, Mauricio Cárdenas, Alfonso Prada y el senador Roy Barreras.

Finalmente, por una pelea interna entre estos políticos y el congresista Jhon Arley Murillo, este último quedó con el control de la colectividad y su junta. 

Aunque por ahora ningún bando puede cantar victoria: mientras hubo santistas quemados como Clara López, otros llegaron a gobernaciones como Nemesio Roys en La Guajira o Juan Guillermo Zuluaga en Meta; pero Murillo cantó victoria al darle aval al ganador de la elección de la Gobernación del Cauca, Elías Larrahondo.

De otro lado, el partido PRE (que apareció a última hora tras un papayazo judicial que benefició a la colectividad) tenía entre sus listas a políticos quemados del Pacífico, como el exrepresentante de comunidades afro, Gustavo Prado a la Alcaldía de Cali; y el excongresista Heriberto Arrechea a la Gobernación del Cauca. El primero se retiró de la campaña y el segundo se quemó. 

Otra alianza, menos visible, fue la que contamos entre el partido afro ADA y excongresistas del extinto partido PIN, como el exsenador parapolítico Juan Carlos Martínez Sinisterra y Luis Augusto Gil. Sus vasos comunicantes con el partido residían en aliados, amigos y exfuncionarios que recibieron avales para participar en las elecciones.

Esas movidas mostraron una transacción de intereses entre políticos con caudal electoral y consejos comunitarios afro que ganan su espacio para armar partidos, y que usualmente no logran sobrevivir cuatro años porque no alcanzan el umbral electoral en la próxima elección al Congreso, algo que en este caso se verá en tres años.

 
8

Pese a la persecución de los armados, el Cric creció más allá del Cauca

El liderazgo indígena del Cauca, concentrado en el Cric (Consejo Regional Indígena del Cauca) uno de los más fuertes del país, termina el año creciendo en lo político, organizativo y con proyección nacional, pese a que su población es una de las principales afectadas por la crecida de las disidencias y narcos en ese departamento.

Entre marzo y abril lideraron la Minga de 26 días (una de las más grandes en la historia), que fue -además- un pulso ideológico con el Gobierno Nacional.

Al final levantaron tras acuerdos a medias con el Gobierno Nacional, ya que cuestiones de fondo, como solucionar líos de tierras y parar los asesinatos de líderes nunca llegaron a revisarse directamente con el presidente Iván Duque (que fue lo que siempre pidieron), quien les dejó la silla vacía tras levantar los bloqueos en la Panamericana.

De todos modos, el Cric que lideró la Minga comenzó su expansión hacia un liderazgo más nacional: en la Minga convocó a otros grupos (campesinos y afro), a indígenas de otras regiones (Huila, Valle, Antioquia y Nariño) y de cara a 2020, como revelamos, plantean desde ya una Minga en Bogotá con estudiantes, sindicalistas y campesinos.

Esa proyección se debe a que, como contamos, hacia adentro la Acin (Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca) que tiende a ser más político y a generar alianzas con sectores diferentes al indígena, ha ganado más fuerza y dentro de las comunidades han tomado decisiones polémicas y peligrosas como erradicar directamente los cultivos ilícitos.

Y hacia afuera porque durante la Minga y el Paro Nacional ha resultado ser un actor relevante para movimientos sociales y tejido lazos con partidos de oposición.

 
9

La guerra tiene más sevicia y se ensañó con el norte del Cauca

Este año mostró la nueva reconfiguración de la guerra en el norte del Cauca, en la que confluyen dos disidencias (Jaime Martínez y Dagoberto Ramos, que salieron del Frente 6), plata de narcos mexicanos, Los Pelusos que llegaron de Catatumbo y el ELN.

Además de más actores, una de las principales diferencias radica en que los cabildos, consejos comunitarios y comuneros campesinos no tienen con quién, ni cómo negociar mínimos de convivencia, porque no hay quien responda por las actuaciones ilegales.

Otra diferencia es que hay más sevicia en los ataques: en solo una semana en septiembre hubo tres masacres en Cauca, incluido un ataque a la Guardia Indígena en la que murió la líder Cristina Bautista; en mayo sicarios atentaron con disparos y petardos a los principales líderes afro del departamento; y la disidencia Dagoberto Ramos incineró a la candidata Karina García, a su mamá y a su comitiva en plena campaña por la Alcaldía de Suárez.

En este nuevo escenario de guerra, el gobierno de Iván Duque lanzó una nueva estrategia que consiste en la receta de la paz del Cauca: ponerle el acelerador a los planes de sustitución y proyectos Pdet. Además de la llegada de más de 2.500 uniformados para una nueva fuerza de tarea conjunta para el norte del departamento.

 
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Gentil Duarte crece en el Pacífico y el ELN pelea hegemonía

La disidencia al mando del líder Gentil Duarte consolidó sus vasos comunicantes en el Pacífico y la guerrilla del ELN creció en el control de varias zonas en Nariño y Chocó, donde las víctimas suelen ser las mismas: las poblaciones más alejadas del país.

Por un lado Gentil Duarte logró llegar vía su aliado Iván Mordisco a Tumaco y tiene acuerdos con las disidencias del norte del Cauca como revelamos a mitad de año, lo que le permite una salida directa de la ruta del Pacífico por Nariño y Cauca.

A finales de año sufrió un golpe importante a su estrategia luego de que el ELN matara a alias Sábalo, líder de la disidencia Stiven González que desde el año pasado tenía una alianza con Gentil. 

En el norte del Chocó, a donde el ELN aterrizó solo 10 meses después de que las Farc salieran de la zona, pelea su hegemonía con el Clan del Golfo, en una pelea que lleva más de 10 meses y tiene, como mínimo, más de cinco mil indígenas y consejos comunitarios confinados en la zona.

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