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Por Tatiana Duque · 13 de Noviembre de 2019

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Ni seis meses duró el matrimonio político entre el recién creado partido afro Colombia Renaciente, en cabeza del representante Jhon Arley Murillo, y al menos cinco exfuncionarios del gobierno de Juan Manuel Santos que aterrizaron en esa colectividad para reencaucharse porque estaban en la mala con sus propios partidos.

Colombia Renaciente fue el paraguas al que llegaron -vía la junta directiva- delegados de los exministros Guillermo Rivera y Juan Fernando Cristo, y del senador Roy Barreras; y en cuerpo propio exfuncionarios como Clara López y Alfonso Prada.

El matrimonio no aguantó las elecciones y detrás estuvo la puja de poder entre Murillo y los exministros. Al final, el congresista -aliado de la gobernadora del Valle Dilian Francisca Toro-, quedó (por ahora) con el control del partido.

Así fueron el divorcio y la despachada.

En la despachada santista, Murillo se volvió a ganar a los afro

El divorcio fue un hecho en plena campaña de las locales, cuando Murillo y el consejo comunitario caleño Playa Renaciente (que lo avaló al Congreso y como ganó curul tuvieron derecho a formar un partido), hicieron una asamblea en Cali y sacaron a tres de los cinco exsantistas de la dirección de la colectividad. 

Esa reunión fue citada por Miguel Medina, veedor del partido, quien nos dijo que lo hizo porque desde hace mes y medio no tenían director, tras la renuncia de Jaime Asprilla (una ficha del exministro Luis Gilberto Murillo), quien se fue de secretario de Gobierno del Cauca (como cuota del partido para la candidatura del hoy electo Elías Larrahondo).

Y como los santistas no iban a las reuniones, según Medina, decidieron hacer la asamblea extraordinaria. 

En la cita no solo aceptaron la renuncia de Asprilla, sino que resultaron sacando a Prada y su suplente Julián Rivera; Juan Pablo Castro (que dice que llegó como ficha del exministro y Mauricio Cárdenas, quien lo niega, así como su vinculación con el partido); Rodrigo Molano (una de las fichas de Roy Barreras); y Diana Mendieta (ficha de Cristo y Rivera).

Es decir, salió la mayoría de la impronta del llamado Frente Amplio por la Paz que componían estos políticos para buscar una plataforma electoral que cogiera fuerza en las locales y tuviera impulso hasta 2022.

”No reconocemos la asamblea de septiembre”

Roy Alejandro Barreras

De ese grupo solo quedaron en la junta Clara López y Roy Alejandro Barreras, hijo del Senador. 

En su reemplazo fueron elegidos aliados de Murillo como el académico Eberto Zúñiga; el nuevo director del partido Walter Valencia, amigo personal del congresista afro; y Daniela Ortiz, excandidata de Colombia Renaciente en Valle sin mucha experiencia electoral.

Pero el divorcio estaba en el ambiente desde junio, dos meses después de que con bombos y platillos los exministros y el congresista lanzaran Colombia Renaciente en Bogotá. 

Como contamos en su momento, Murillo temía perder el control del partido porque los santistas eran mayoría.

”La decisión de sacarlos fue del consejo comunitario”

Jhon Arley Murillo, congresista afro

Pero entre junio y septiembre Murillo ganó un apoyo clave: el del consejo Playa Renaciente, con quienes estuvo de pelea por temas de avales y cuotas dentro de la junta.

Ninguno nos dijo cómo hicieron las paces. Leonardo Márquez Mina, representante legal de ese consejo, nos dijo que “eso se arregló hace mucho”, sin entrar en más detalles.

Otra fuente aliada de los exfuncionarios santistas nos dijo que se los ganó con puestos en la junta directiva.

Mientras Murillo recomponía sus relaciones con el consejo, hubo peleas con los exsantistas por avales.

“Cuando ya se pasaron a concejos y asambleas, (entregar avales) se volvió un despelote. Murillo dijo que no había mayor dificultad de entregar avales sin los requisitos internos. Yo ahí me aparté”, nos dijo Castro, quien renunció antes de que lo echaran.

”Los avales fueron un despelote”

Juan Pablo Castro, exjunta Colombia Renaciente

Tanto Murillo como Medina, el veedor, nos dijeron por aparte que el proceso fue transparente.

Al final, cinco fuentes (tres de Playa Renaciente y dos del partido) nos dijeron, por aparte, que fueron “miembros del consejo comunitario” y no el congresista, los que propusieron que los santistas salieran de la colectividad.

“La decisión no fue mía, sino esto fue en una votación. No fui yo quién hizo la propuesta de cambios y no fue una decisión que yo tomé”, nos dijo Murillo.

Pero más allá de los ruidos internos y las peleas, los exsantistas querían seguir dentro del partido y montaron dos tácticas.

Primero propusieron dividir el partido, entre los del Frente Amplio (santistas) y los de Murillo. 

Clara López, quien estaba de campaña en Bogotá al Concejo (se quemó), y apareció en la asamblea de Cali, propuso la movida, pero perdió. 

Quemado ese cartucho, ahora la asamblea está impugnada ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) para que el exsantismo no pierda poder allí.

Entre las razones dicen que no fueron la mayoría de los miembros del partido (los calculan en 7 mil), que ocurrió cuando no tenían tiempo para reunirse y que solo les avisaron días antes vía whatsapp que habría una reunión.

“No reconozco el cambio de junta directiva. Hemos dicho que vamos a esperar hasta que el CNE se pronuncie”, nos dijo Roy Alejandro Barreras.

Mientras el CNE decide, la estrategia de avalar amigos santistas y de Murillo ayudó, al menos, para que Colombia Renaciente reclamara triunfos en las locales.

La custodia de ‘los hijos’ electorales

 

Paradójicamente, las victorias del partido en las locales fueron producto del matrimonio y las conexiones políticas de ambos grupos. Por lo que ni Murillo ni los exsantistas pueden cantar victoria completa.

En Cauca, por ejemplo, avalaron al ganador Elías Larrahondo (primer afro en la historia en ese cargo), luego de una alianza con Temístocles Ortega, barón de Cambio Radical; en Valle, toda la junta era aliada de Clara Luz Roldán. Pero en La Guajira, el nexo entre Nemesio Roys y el partido era La U de Roy Barreras. Una movida similar ocurrió en Meta, con Juan Guillermo Zuluaga, otro exministro santista coavalado.

Y las curules que logró en la asamblea del Valle y en el Concejo de Cali (una en cada corporación) son de la cuerda de Roy Barreras. 

Que Murillo se quede con el partido le ayuda a consolidar un proyecto político que lo lleve al Senado en 2022, que sería su plan inicial. 

Entre los exsantistas no hay muchas ganas de quedarse.

Del grupo de Cristo y Rivera nos dijeron que “nos desentendimos hace mucho” del partido; Castro ya tiene otro proyecto en Bogotá; y del exministro Murillo nos dijeron que hace meses no tiene contacto con el partido, pese a que fue uno de sus ideólogos.

Así las cosas, esta historia pone en evidencia cómo estas colectividades afro terminan siendo un escampadero y una plataforma electoral, como en el pasado ocurrió con Funeco (del controvertido excongresista Yahir Acuña) y este año también ha ocurrido con el PRE y ADA.

CONTEXTO

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