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¿Y si la debacle planetaria no viene de la mano del cambio climático?

No podemos ignorar salvaguardar la diversidad biológica.

Diego J. Lizcano
Diego J. Lizcano
Biólogo - Especialista en Biodiversidad
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26 de Noviembre de 2018

Tal vez todos hemos escuchado la invitación del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), a actuar rápido en los próximos años para evitar un calentamiento mayor a 1.5 grados. Es muy positivo, interesante y alentador, la gran atención mediática y política que ha recibido el llamado.

Grafica del para explicar como la temperatura ha aumentado en las últimas décadas, con proyecciones de diferentes escenarios futuros.

Sin embargo, estamos ignorando una crisis que puede convertirse en nuestro asesino silencioso. Se trata de la crisis por la pérdida de biodiversidad. Si no enfrentamos y frenamos esta crisis, nos veremos enfrentados a serios problemas e incluso a nuestra propia extinción como especie.  La biodiversidad nos provee alimentos, medicinas, aire y agua limpios, provee refugio y un ambiente sano que sustenta nuestras vidas.

Luego de la convención de la Tierra organizada por la ONU en Rio de janeiro en 1992, se gestaron dos tratados internacionales que como hermanos gemelos han crecido y permanecido separados, pero que finalmente se encuentran en Egipto esta semana. Se trata de la y la .  Cuando comparamos sus logros, la convención de cambio climático anota en su lista el protocolo de Kioto, que ha logrado frenar el crecimiento del agujero de la capa de ozono, y también el acuerdo de Paris para limitar el calentamiento global. Mientras en el lado del tratado de diversidad biológica tenemos el protocolo de Cartagena y el protocolo de Nagoya que nos protegen de los organismos vivos modificados y garantizan el acceso a los recursos genéticos de forma justa, para compartir sus beneficios de forma equitativa.

Indudablemente la convención de cambio climático ha sido mucho más exitosa y ha logrado hablarles a los políticos y al público en general de una forma más directa y convincente que la convención sobre biodiversidad. Un hecho indudable es que la convención de cambio climático la logrado reunir a los ministerios de energía de los países miembros, de forma exitosa para obtener recursos económicos, con hijos distantes como las iniciáticas REDD, y proyectos billonarios de energías renovables y desarrollo bajo en carbono. Mientras por el otro lado la convención de biodiversidad ha logrado muchos menos recursos, de los ya de por si desfinanciados ministerios del medio ambiente de cada uno de los países miembros. O será que tal vez la convención de cambio climático tal vez ha sido más convincente con su ciencia? Recordemos que el IPCC fue ganador del premio Nobel en 2007. ¿O será que la convención sobre biodiversidad se ha enfrascado en discusiones más abstractas y bizantinas para compartir de forma equitativa los beneficios de los recursos genéticos? ¿O que tal vez no hemos logrado encontrar el resultado en términos concretos y prácticos del protocolo de Cartagena?  Mientras tanto las metas Aichi del CBD se ven más distantes y difíciles de alcanzar, y muy seguramente se van a desvanecer frente a los objetivos de desarrollo sostenible.  

El hecho es que el mundo debe renovar el convenio de la diversidad biológica en dos años, en 2020 y muy seguramente reevaluar las metas Aichi. En esta semana y la anterior, los delegados de los países miembros del CBD se reúnen en Egipto para establecer el marco de trabajo para la formulación de nuevas metas las cuales deben estar listas para la reunión de China en 2020, con el objetivo de tener un acuerdo con el mismo grado de compromiso del acuerdo de Paris, reconociendo que tanto cambio climático como pérdida de biodiversidad pueden estar relacionados, pero que otros motores de cambio, diferentes al calentamiento global y producto de actividades humanas, pueden estar ejerciendo igual o mayor presión sobre la vida en el planeta.

Mientras tanto la crisis de los polinizadores sigue pasando desapercibida, las poblaciones de vertebrados siguen declinando dramáticamente, los ecosistemas se pierden o transforman a una velocidad increíble, todo ello producto de nuestro desarrollo agrícola e industrial. Si no actuamos rápido podremos ser la primera especie que documente nuestra propia destrucción como especie.

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