Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Un pacto por la amazonía

Para unos, un tesoro que debe ser salvaguardado; para otros, una región de Colombia con una fuerte vocación ambiental, que tiene un proceso de poblamiento, ocupación y tenencia a donde llegaron comunidades huyendo de la violencia y buscando mejores oportunidades.

Jimena Puyana
Jimena Puyana
Gerente Nal. de Desarrollo Sostenible del PNUD, ONU Colombia.
61 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

1 Columnas

Columna

6414

0

04 de Agosto de 2018

La deforestación en la Amazonía es un problema de todos. Así lo demostró la tutela interpuesta por 25 jóvenes de diferentes partes del país – 4 procedentes de la región amazónica-, quienes preocupados por el cambio climático decidieron unirse y hacer un llamado a la acción demandando sus derechos de gozar a futuro de un ambiente sano, vida y salud, potencialmente vulnerados por la deforestación.

En respuesta a la acción interpuesta por los jóvenes, la Corte Suprema de Justicia ordenó la celebración de un pacto intergeneracional, la creación de un plan de acción y la modificación de los planes de ordenamiento territorial de los municipios amazónicos para detener la deforestación.

Sucedió en Putumayo y Caquetá – 2 de los 5 departamentos con mayores tasas de deforestación en 2017- donde se dio inicio al diálogo regional para el reconocimiento de la Amazonía como sujeto de derechos en cumplimiento a la sentencia de la Corte.

En la primera fase de diálogos se identificó lo que significa la Amazonía para personas de diferentes procedencias y edades. Para unos, un tesoro que debe ser salvaguardado; para otros, una región de Colombia con una fuerte vocación ambiental, que tiene un proceso de poblamiento, ocupación y tenencia a donde llegaron comunidades huyendo de la violencia y buscando mejores oportunidades.

Durante los talleres, los jóvenes que viven en estos lugares tuvieron la oportunidad de conversar con los jóvenes que interpusieron la tutela sobre sus necesidades y expectativas.“Los interesados en la sentencia necesitan que conservemos la Amazonía, pero olvidan que quienes estamos allá también tenemos necesidades e intereses ", explicó uno de los asistentes. 

Los jóvenes pudieron ver y entender que los derechos de la Amazonía son también los de las comunidades que la habitan, que hoy reclaman una oportunidad para permanecer en esta región con la posibilidad de tener un proyecto de vida sostenible.

Los primeros resultados de estos diálogos indican que aún es necesario tener mayor claridad sobre quiénes deben participar en este pacto que manda la sentencia, cuál es la ruta para lograrlo y cuáles son los mecanismos de seguimiento. 

Además, es necesario convocar a los gobernadores, alcaldes y demás instituciones que deciden sobre el territorio. El éxito del pacto dependerá en gran medida de que logré echar raíces en los territorios y que responda al sentir de las comunidades que viven en ellos. 

El plan de acción que promueve la Corte para detener la deforestación en la Amazonía requiere un trabajo en los “núcleos de deforestación” construido con las comunidades que tienen voluntad de avanzar hacia prácticas más sostenibles, para que ellos mismos sean los veedores y protectores de esos territorios.

Para lograrlo, son muy importantes la creación de áreas protegidas y la promoción de estrategias complementarias de conservación y producción, así como el ejercicio de la autoridad de las instancias competentes, dirigido hacia los verdaderos deforestadores.También se requieren inversiones concretas y acuerdos donde las partes interesadas puedan construir opciones viables para la gente.

Llegar a estos acuerdos es factible en aquellos territorios que cuentan con comunidades organizadas alrededor de la conservación.Por ejemplo, en la frontera del Parque Nacional Natural Serranía de los Churumbelos y Alto Fragua Indi Wasi, 1000 hectáreas de selva son protegidas por 65 familias lideradas por mujeres que firmaron acuerdos de conservación para proteger la selva y tener una alternativa productiva sostenible.

Hace ocho años emprendieron un proyecto de producción de piña orgánica. Este último año, empezaron la construcción de un centro de transformación para la piña con el fin de producir mermeladas, néctares y todo lo que se pueda sacar de esa fruta.

Su idea es incrementar la ganancia que reciben y necesitan para el sostenimiento de sus familias y seguir conservando la selva en la que viven.Así como ellas, organizaciones campesinas de los Llanos del Yari, en Caquetá, y del Mecaya en Leguizamo, Putumayo están esperando concretar acuerdos de conservación e iniciar un proyecto que les permita reconvertir sus prácticas ganaderas hacia unas más sostenibles.

El nuevo gobierno tiene la oportunidad, por medio de este pacto, de ayudar a construir un gran acuerdo social para frenar la deforestación, vinculando a personas de diferentes generaciones, a entidades del orden nacional y local, y a varios de los sectores del desarrollo.

Y, de esa forma, cumplirle a todos los colombianos y a la comunidad internacional que creen que es posible promover un desarrollo sostenible acorde con el gran patrimonio natural de Colombia. Aún hay mucho que se puede hacer, pero lo más importante es que hay con quienes avanzar.