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Mauren, otra pequeña caperucita

Y el viejo Lobo ríe … Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos, el cuerpecito trémulo, suave como un vellón; y ha molido las carnes, y ha molido los huesos, y ha exprimido como una cereza el corazón...Caperucita Roja (frag.) Gabriela Mistral

Patricia Franco
Patricia Franco
Docente Universidad de la Amazonía
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11 de Febrero de 2018

Durante la madrugada del sábado 10 de enero una niña de apenas 13 meses de edad fue raptada, violada y asesinada en una residencia en Florencia Caquetá, mientras su mamá y su papá dormían. Cuando se percataron de la ausencia de su hija ya era demasiado tarde.

En medio del morbo que nos producen los hechos de sangre, pasaron desapercibidas muchas otras violencias, cotidianas, estructurales, culturales que finalmente rodearon la corta vida y trágica muerte de esta pequeña.

La primera de ellas, es que su mamá, una adolescente de 17 años, es una más de la larga lista de jóvenes que se convierten en madres antes de poder votar o consumir bebidas alcohólicas. Un hecho totalmente naturalizado, especialmente en nuestros territorios, donde el destino de muchas mujeres en situación de pobreza sigue siendo tener hijos y rebuscar su sustento.

En segundo lugar, las reacciones de las personas usuarias de redes sociales, quienes con extrema facilidad juzgaron la conducta de los jóvenes padres como negligente: por quedarse dormidos, por no escuchar al agresor, por haber pernoctado en un lugar inseguro; incluso, muchas personas llegaron a asegurar, sin pruebas, que los jóvenes se habían ido de fiesta dejando sola a su bebe.

El tercero, es el hecho de que el hombre que asesinó a Mauren, anteriormente ya había abusado al menos de un niño de cinco años, no obstante, se encontraba libre y sin que existiera ninguna manera de alertar a la ciudadanía acerca de sus antecedentes, por eso pudo entrar libremente a la residencia donde se hospedaba la familia y acceder a la bebe.

Finalmente, el origen humilde de esta pareja de jóvenes, que se dirigían hacia el norte del departamento, seguramente en busca de algún empleo rural y deciden pasar la noche en un lugar que apenas pueden pagar. Ellos forman parte de una larga cadena de pobreza y violencia que se reproduce en las invasiones de la capital caqueteña, donde hasta hace poco sobrevivían al desplazamiento la abuela y la madre de Mauren.

En este caso, que recuerda el de Yuliana Samboni por la sevicia del agresor, la justicia actuó rápidamente y ya está judicializado el feminicida y violador. No obstante, la violencia contra las mujeres y las niñas no tendrá fin si no dejamos de naturalizarla, de justificarla, de negarla, de aceptarla y de buscar culpables en donde solo hay víctimas.

Mauren es otra pequeña caperucita en manos de un feroz lobo patriarcal. Hoy mientras la familia se dirige al cementerio de Florencia, las mujeres La Plataforma Social y Política para la Incidencia y la Paz de las Mujeres del Caquetá hacen una calle de honor, con pancartas, pañoletas moradas, flores y arengas expresan su dolor, ellas saben que cuando tocan a una, especialmente a una de las más pequeñas, nos tocan a todas.