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El impacto del paro en la Universidad de la Amazonía

Hacía muchos años no se vivía un paro en la Universidad de la Amazonía, y es el primero de esta magnitud.

Alirio Calderón Perdomo
Alirio Calderón Perdomo
Abogado y Defensor de Derechos Humanos
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06 de Diciembre de 2018

La universidad de la Amazonía tiene presencia en seis departamentos, que comprenden casi la mitad del territorio nacional, y sufre con dureza el paro de la educación superior, que sin duda también afecta a toda la región del Sur del país.

Hacía muchos años no se vivía un paro en la Universidad de la Amazonía, y es el primero de esta magnitud. Este paro seguramente dará lugar a la suspensión del calendario académico haciendo aún más gravosa la situación de la universidad y de Sur del país.

El paro de la única universidad pública de esta región tiene efectos muy negativos, pero también efectos muy positivos, que unos y otros evidencian la trascendencia e importancia que tiene esta institución.

Son 9 mil 500 estudiantes que se educan en la Universidad. Entre ellos hay 178 estudiantes indígenas y unos mil estudiantes entre población desplazada y víctimas del conflicto armado. Estos estudiantes exigen, por mandato legal, un tratamiento presupuestal y académico diferente, pero que permite afianzar la institucionalidad en estos sensibles sectores de la sociedad y más aún en el epicentro del conflicto armado y hoy epicentro del posconflicto.

Esos estudiantes gastan en promedio un salario mínimo en tan solo transporte, copias y consumos en la universidad cada mes. Esto indica un gasto de más de 7 mil 400 millones mensuales, según datos de la oficina de planeación de la Universidad. Lo anterior sumado a lo que pagan en arriendos, alimentación y vestuarios.

Hay, igualmente, un gran porcentaje de estudiantes que pagan sus matrículas de manera financiada a lo largo del semestre y que dejan de hacer dichos  pagos. Pero ahí no paran las afectaciones económicas, pues la Universidad decidió suspender los contratos de los docentes. La nómina es de 740 personas, de las cuales tan solo 120 son de carrera. Esto afecta de manera directa a estos empleados, pero también a los comerciantes y muy especialmente a las entidades bancarias de la región.

Como si fuera poco lo anterior, un estudiante alcanza un costo de ocho millones en promedio al semestre, de los cuales un millón se recupera con matricula y cuatro millones aporta el Gobierno Nacional, lo que deja un desbalance de casi un 50 por ciento en pérdida constante y acumulada.

 

También hay grandes lecciones y legados positivos

Fue aquí, en la Universidad de la Amazonía, donde se hizo en el mes de septiembre el primer encuentro de estudiantes de educación superior de Colombia. Ese encuentro se convirtió en la génesis del movimiento nacional de estudiantes que hoy, con hidalguía y arrojo, luchan por la reivindicación de la educación pública.

De esta Universidad salió la marcha de la manigua (caminata desde Florencia a Bogotá) y ella se convirtió en ejemplo de tantas otras marchas de varias universidades del país.

Esta logró la unidad de toda la comunidad universitaria en la lucha de la defensa de la universidad pública y un inmenso apoyo ciudadano en esta noble causa.

Por último, es de admirar que la estudiante Karina Valderrama (de la Amazonía) sea hoy miembro principal de la mesa central de negociación con el Gobierno Nacional.

Es este el primer paro de las universidades de Colombia que se hace coordinada e integralmente entre todos los estamentos universitarios (directivas, profesores, administrativos y estudiantado) y en el que converge la defensa de los intereses de todos estos estamentos.

Un elemento integrador que no ha entendido el gobierno del presidente Iván Duque y que ha desaprovechado en estos más de dos meses de parálisis.

No ha existido en la historia reciente de Colombia un paro educativo tan integrador y noble como el que se presenta en la actual coyuntura.

Este debería permitir al Gobierno abrocarse con sus organizadores para retumbar en todo el territorio nacional y hacer como suyas la inmensa mayoría de tales reivindicaciones. Esta debería ser una oportunidad para hacer sentir holísticamente el liderazgo de un estadista que legitime y enaltezca la dignidad presidencial. Más aún, con trasfondo de hacerlo en el marco del posconflicto, que sin duda arranca los aplausos y la solidaridad de la comunidad internacional.    

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