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Fútbol, ¿el opio de los colombianos?

Si el fútbol fuera opio, contendría la morfina, frecuentemente utilizada en casos de cáncer, cólicos biliares y otros dolores insoportables. Algunos dirían entonces que  estamos en el Mundial de la morfina de las democracias. Yo creo que es una adicción al arte.

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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29 de Junio de 2018

Ya han pasado dos semanas desde la inauguración del Campeonato Mundial de Fútbol y muchos colombianos agradecemos esta tregua a nuestras mentes. Quizá nos hayamos vuelto demasiado ingenuos y azarosamente primitivos.  Es cierto, en vez de pensar en problemas sociales, nos concentramos en un mundo fantástico gobernado por los pies. Poseídos por el fútbol, la gente de Guachené, Cauca, donde nació, o los fanáticos del Deportivo Pasto, donde surgió profesionalmente, piensan solo en ‘el caudillo’. Y su mente no se fija propiamente en Petro, ni en Duque. En ellos el verdadero instinto animal, el sentido de pertenencia, la inspiración de lucha, está representada en la figura de su ídolo indiscutible: Yerry Mina.

Estamos ahora viviendo en un universo paralelo al cual escapamos por unas breves vacaciones. Y este, tan fascinante, es un mundo ambivalente. En efecto, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque enajena a las masas y desvía su energía revolucionaria. Para estos analistas de izquierda, la difusión del fútbol en el Mundial es el resultado de una maniobra imperialista para hacer olvidar de su miseria a los pueblos oprimidos.

Y si nos alejamos de las opiniones conspirativas, tratando de racionalizar lo que vivimos encontramos en verdad un mundo preocupante en un país de miedo. Se trata, por ejemplo, de un evento universal organizado por la FIFA, una entidad que acaba de pasar por un escándalo mundial de corrupción. Y no podemos olvidar que la sede de este Mundial es una seudo-democracia nuclear armada hasta los dientes que amedrenta a toda la humanidad.

Pero, por otro lado, el fútbol es la más noble combinación de democracia, espíritu y arte. Acá las leyes promovidas por la FIFA son universalmente acatadas por ricos y pobres, por cristianos, musulmanes, sintoístas o incluso ateos. En esta democracia el más grande de los países, Rusia, juega de igual a igual con uno de los más pequeños, Uruguay. Y, entonces, el más grande es derrotado por el pequeño de manera humillante, pero acepta su derrota sin aspavientos. Y uno de los países más ricos del mundo, Alemania, debe rendirse ante la superioridad anímica, cuando no técnica, de un tercermundista México.

Por cierto que un buen jugador convierte al fútbol en un espectáculo de verdadero arte. Baste recordar la fantástica jugada de ‘El Escorpión’, que interpretó René Higuita ante la selección inglesa en 1995, o el gol de James en 2014. En esta ocasión memorable el prodigio creativo de nuestro jugador nos llevó hasta cuartos de final de ese Mundial. ¿Y acaso no es arte puro el cabezazo de ayer de Yerry Mina?

¿Es entonces el fútbol el opio del pueblo?¿O es una obra de arte y espíritu inspirada por el alma capitalista de la FIFA?

Comentarios (2)

Rodrigo Velasco Ortiz

29 de Junio

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Hermosa la opinión sobre el fútbol. Sin embargo no es nada oportuno en este ...+ ver más

Hermosa la opinión sobre el fútbol. Sin embargo no es nada oportuno en este mundo polarizado acudir a desenterrar la bruja de un izquierdismo inexistente, al menos en Colombia, que considera el deporte como opio. También puede ser opio que duerma la razón esa pretensión de dividir el mundo entre "buenos" (los que piensan como yo) y "malos" (quienes me contradicen)

Alexander Maluendas

29 de Junio

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Lo que hacen nuestros prodigios creativos nos conmueve hasta la euforia. ¿Cu...+ ver más

Lo que hacen nuestros prodigios creativos nos conmueve hasta la euforia. ¿Cuál sencibilidad aplica en un tiempo vertiginoso? Considero que el fútbol no es opió, es un escenario de encuentros y una oportunidad invaluable de construir sociedad; sin embargo los gobernantes no cambia fechas en un momento clave para pensar el país, conviertiendo el establecimeinto en un ´drug dealer´.