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Entre el muchacho inteligentón y el matemático muchachón

A  tres meses de elecciones presidenciales las imágenes de los candidatos  más ‘opcionados’ están definidas. No es una campaña bipolar, como hace 4 años. Las posibilidades de ganar dependen de capacidad de conciliar. 

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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01 de Febrero de 2018

El marketing político, híbrido entre ciencias políticas y mercadeo, analiza el subconsciente popular con el objetivo de “vender” las bondades de determinado candidato. La propaganda, que es el término analógico en política con la publicidad comercial, busca magnificar las cualidades del producto que promueve comparado con sus competidores. Pero también existen promociones negativas, como en el marketing comercial, concentradas en resaltar los posibles defectos del ‘producto-candidato’ competidor.

En este contexto de proselitismo político (entendido como propaganda), que busca fortalecer la intención de voto determinada, se caricaturizan los candidatos. No es raro entonces que uno de los candidatos, Iván Duque, haya sido calificado por un connotado periodista político como ‘mozalbete inteligentón’. La frase, por cierto sarcástica, buscaba frenar la creciente aceptación, medible en encuestas, de un candidato que no era el preferido de Fernando Londoño, el proselitista en cuestión. La intención aparente era cuestionar a nivel subliminal dos características importantes del candidato confrontado: juventud e inteligencia. 

En todo caso la estrategia de ironía mordaz no funcionó y el muchacho ‘inteligentón’ ganó la preferencia democrática de su partido. A la mayoría de la gente le pareció entonces que la juventud e inteligencia de este “producto” líder son en realidad características positivas. Seguramente, además, se valoró su aparente moderación ideológica, frente a otros precandidatos de su partido más radicalizados a la derecha en su discurso.

Resuelta en primera instancia la candidatura del Centro Democrático a favor de Iván Duque, viene ahora el dilema de mercadeo de imagen del candidato. La última encuesta electoral, de Cifras y Conceptos, que se dio a conocer el día de hoy,  arroja cuatro punteros, que estarían compitiendo por dos cupos a la segunda vuelta presidencial. Fajardo, 19%; Petro, 16%; Vargas Lleras 10%; y, entre ellos estaría Duque,con el 8%. Duque sería el cuarto viable, si logra superar la nueva prueba y fortalecerse suficientemente en la “alianza” con Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez.

De los cuatro punteros en las encuestas, tres representan al sistema y solo uno, Petro, es un outsider. Pero Petro es un producto específico para su propio segmento político, rechazado por demás mayoritariamente por el resto del “mercado”. Por esto Duque no necesita diferenciarse de Petro, justa o injustamente estigmatizado como castro-chavista. Atacar de nuevo a la izquierda es exponerse a reafirmar la imagen de ultraderecha, cuando los votos decisorios los aportará el segmento de centro. La competencia por disputar  el primer o segundo lugar está entonces entre los tres candidatos del sistema, independientemente de Petro. En consecuencia, el marketing proselitista recurre de nuevo a la caricaturización de los contrincantes estratégicos.

En este contexto viene a la memoria una entrevista periodística efectuada en días recientes a los candidatos Fajardo y Duque. Fue cuando les preguntaron cuál es el páramo más grande del mundo. Duque respondió con precisión asombrosa. Mientras tanto, Fajardo falló en recordar la respuesta, pero acudió a la lógica para restar importancia a la memoria en el papel de un líder. -“En este momento sinceramente yo no me acuerdo, pero esta pregunta tiene una característica, estamos en la época digital, coja el celular pregunte cuál es el páramo más grande del mundo y se lo dice Google y yo no tengo que ocupar espacio en mi memoria con este dato porque yo no voy para un concurso sino para liderar el país” –respondió Fajardo.

Nadie niega la inteligencia, medida en conocimientos y dialéctica, de Iván Duque. Pero, a pesar de su controvertible respuesta, Fajardo prueba tener una trayectoria académica respetable en su profesión de matemático. Es un hombre maduro, con una apariencia personal y una formación joven. Uno diría, parodiando la caricatura proselitista asignada a Duque, que es un ‘matemático muchachón’.

Vargas Lleras, el tercero entre los punteros, si se excluye a Petro, es uno de los candidatos más preparados que haya tenido el país. Definitivamente, ni se caracteriza como muchacho ni como “inteligentón”, aunque nadie duda de su capacidad intelectual.  Pero nadie ha puesto en duda tampoco ni la inteligencia ni el talante juvenil de Petro.

A todas estas, cabe reflexionar que los conocimientos no son exactamente lo mismo que la inteligencia, ni la inteligencia es la memoria, ni la memoria es un reflejo de la ética. De otra parte, hay distintos tipos de inteligencia, según el profesor Gardner y según Daniel Goleman.

Pero, las encuestas parecen indicar que no son la inteligencia ni la juventud las características fundamentales que busca el electorado. Al final, todo parece indicar, en la segunda vuelta definitiva saldrá elegido quien menos polarización y mayor confianza genere en la nación. Esto, en mi opinión de lego en la materia, marca la prioridad del marketing político y no los ataques desaforados de medios sociales, al estilo Maduro. El que menos insulte ni mienta, en las semanas por venir hasta ‘la primera vuelta’, aumenta sus posibilidades.