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El fiscal de los corruptos

Los escándalos del fiscal NHM son una buena muestra de la profundidad que ha alcanzado la corrupción en el país.No es sólo el actual escándalo, es también ver en su conjunto cómo un amplio sector de la clase política tradicional interviene en su defensa. 

Adrián Restrepo Parra
Adrián Restrepo Parra
Investigador y Docente del Instituto de Estudios Políticos, UdeA
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11 de Diciembre de 2018

La candidatura y posterior designación de Néstor Humberto Martínez (NHM) como fiscal general de la nación causó polémica por sus potenciales conflictos de intereses. Situación que fue superada por otra peor: la detención de su fiscal anti corrupción por corrupto, pero todavía faltaba más. 

En efecto, NHM logró nuevamente superarse en escándalos y ahora está seriamente comprometido en el caso de corrupción de Odebrecht. Los escándalos del fiscal NHM son una buena muestra de la profundidad que ha alcanzado la corrupción en el país.

No es sólo el actual escándalo, que de por si es suficiente para exigir la renuncia de NHM al cargo, es también ver en su conjunto cómo un amplio sector de la clase política tradicional interviene en su defensa.

Por ejemplo, de manera vil han recurrido a la estrategia de defenderse atacando a quienes presentaron evidencia en contra de NHM. Con los ataques pretenden degradar o poner en duda la ética del contradictor (“tú eres ladrón como yo”), para evitar así dar explicaciones satisfactorias que desvirtúen las pruebas presentadas por Jorge Pizano, viejo amigo de NHM y principal testigo en su contra.

Para estos defensores del fiscal, no les genera sospecha que Jorge Pizano grabara secretamente las conversaciones con NHM. Estos defensores tampoco se inquietan porque esas grabaciones y correos los entregara Pizano a distintas fuentes menos a su poderoso “amigo” el fiscal general de la nación. Y, por el contrario, dejara el material probatorio en manos diferentes a las de NHM.

Estos defensores del fiscal, expertos en la sospecha, tampoco les inquieta los llamados desesperados de Pizano para que NHM compareciera ante la justicia y explicará su muy sospechoso comportamiento como abogado del grupo AVAL, una vez notificado del sinnúmero de irregularidades que Pizano había detectado e informado a NHM.

Para estos defensores del fiscal, tampoco resulta llamativo que NHM solo actuara cuando surgió el escándalo internacional por las revelaciones hechas por Estados Unidos de los sobornos de Odebrecht en Colombia. A sabiendas, como consta en la evidencia dejada por Pizano, que NHM ya sabía de las múltiples irregularidades.

Para estos defensores del fiscal, que dicen caracterizarse por no ser nada tontos, parece que también les resulta natural que en pleno destape de la corrupción de Odebrecht muera Pizano y, especialmente, su hijo quien murió envenenado con cianuro. Lo cual deja un manto de dudas sobre la muerte “natural” de Pizano.

Posiblemente para estos defensores del fiscal todas estas irregularidades no les resultan sospechosas porque les son harto familiares, las practican a menudo. Posiblemente también estos defensores del fiscal están finalmente defendiéndose a sí mismos.

En los países donde fue denunciada la corrupción de Odebrecht han caído actores privados y públicos, en Colombia, tal como van las cosas, los responsables, si es que aparecen, serán los insignificantes o peor aún los inocentes, tal como iba a sucederle a Pizano por hacer cabalmente su labor de controller.

Y son estos mismos defensores del fiscal los que supuestamente están interesados en tramitar en el Congreso los proyectos para acabar con la corrupción en el país porque “el que la hace la paga”. Seguramente la pagará el ladronzuelo, el marihuanero en el parque, el indigente, el opositor político, los estudiantes que protestan; pero no los ladrones de cuello blanco, los que han hecho del erario público un botín a costa del bienestar de la mayoría de los colombianos.

Para ellos, para los corruptos, deben sentirse bien representados con su fiscal. El enraizamiento de la corrupción en la política colombiana evoca el microrrelato de Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Sí, lamentablemente los lagartos siguen allí dirigiendo el país.

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