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El falso dilema de la Consulta Anticorrupción

No mezclemos nuestras prevenciones morales, falsamente éticas, con dilemas inexistentes en el interés común contra la corrupción. La consulta no es la única arma contra-corrupción, pero debemos decidir ya si nos defendemos o no de la perversión política.   

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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24 de Agosto de 2018

Votar a favor de la consulta anticorrupción no es para mí dilema alguno. Tampoco lo es para los millones de colombianos, que me atrevo a asegurar desde ya, votaremos en esta consulta. Pero sí es cierto que, , muchos de los que participaremos en la consulta tenemos discrepancias con algunas preguntas formuladas en dicha consulta.

Sin embargo, esas discrepancias son menores, incluyendo las dudas que pueda tener sobre uno u otro de los promotores de tal consulta. Independientemente del dinero invertido, que ya es imposible de ahorrar, esta es la oportunidad para que la moral pública se una alrededor de un interés común.

Como buen optimista, soy un seguidor de utopías, con la esperanza de que algún día, puedan volverse realidad. Esta utopía, , busca también que las mayores injusticias sociales desaparezcan de nuestra nación. Y el mayor generador de injusticias e inequidad social en la Colombia de hoy es, en mi criterio, la corrupción.

Lo importante de los sueños y las utopías sociales, a propósito, es que nos permiten seguir caminos éticos, no necesariamente los de la moralidad discrecional de los proselitistas políticos.

Recordemos que en el mundo han prevalecido muchas morales, como las de la iglesia ‘inquisicionista’, o la moral yihadista, o la victoriana, todas hoy mayoritariamente repudiadas. La ética, en cambio, es un concepto más universal y atemporal. No toda moral es ética, pero toda ética es bien recibida como propuesta moral.       

Superado el falso dilema moral, me guío por la voz de mi conciencia. En mi certeza de apoyar la citada consulta acompaño a un colombiano joven a quien admiro, aunque no esté vinculado a él. Se trata de un hombre con los títulos suficientes, aunque carente de ciertos pergaminos superfluos, pero con brillante hoja de vida.

Es un compatriota que nació en Bogotá, pero con raíces en  provincias lejanas por parte de su padre y de su madre. Es un hombre interesado en la política, pero no propiamente conocido como político, pues hasta sus 42 años nunca había ocupado un cargo ejecutivo de elección popular.

A pesar de ello, ha logrado convertirse en el más exitoso colombiano recientemente elegido gracias a la mayor decisión política de nuestra democracia. Me refiero, desde luego, al presidente Iván Duque Márquez.

Y no me da pena tampoco acompañar en esta batalla anticorrupción el llamado de Gustavo Petro. Poco me importa que Petro sea la antípoda ideológica y existencial de Duque, a pesar de que no voté por él, ni promoví su nombre.

Y, si queremos vivir en un país que supere los odios, más vale que busquemos el lado bueno del otro, de quien discrepamos. Petro, Robledo, Claudia López, Antonio Navarro, Sergio Fajardo, y muchos colombianos de las llamadas fuerzas alternativas, coinciden en una muestra de madurez política con la cabeza del establecimiento: Iván Duque Márquez.

En esto no nos enredemos en falsos dilemas. Salvo por intereses políticos, dudosamente morales y menos aún racionales, abstenerse de participar en la consulta es servir de idiota útil de la corrupción sistémica del país.