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Del embrujo al encanto autoritario

El intento de Duque por consolidar su marca y la etiqueta del Centro Democrático es la cara “amable” del uribismo, que vestido de características más encantadoras van en la misma dirección y da un paso más en el legado autoritario de Álvaro Uribe Vélez.

Leyder Perdomo Ramírez
Leyder Perdomo Ramírez
Abogado, profesor de la Facultad de Derechos y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia
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27 de Septiembre de 2018

Desde el inicio de su campaña para ser Presidente de la República, Iván Duque fue tildado de ser “el que dijo Uribe”. Tal vez por esa razón, el entonces candidato fue proyectado con la imagen de un hombre independiente, joven, moderno y renovador, separándolo dosificadamente de Álvaro Uribe Vélez, su obvio mentor.

Particularmente, la preocupación por mantener la imagen del “Duque independiente” ha continuado como Presidente, al punto que hay quienes ya saludan o reprochan su supuesto distanciamiento de Uribe y los uribistas más ortodoxos e incluso se habla ahora del “duquismo”.

Sin embargo, si se observa bien, esa imagen es táctica política, el intento de Duque por consolidar su marca y la etiqueta del Centro Democrático; es la cara “amable” del uribismo, que vestido de características más encantadoras van en la misma dirección y da un paso más en el legado autoritario de Álvaro Uribe Vélez[1].

 

La aparente independencia de Duque ante Uribe y el Centro Democrático

Desde que tomó posesión como nuevo Presidente de la República, se evidenciaron aparentes diferencias y contradicciones de Iván Duque con Uribe y el Centro Democrático.

De entrada, el primer discurso del nuevo mandatario contrastó con el tono que usó Ernesto Macías en su calidad de Presidente del Senado; aquel llamó a la concordia y este se dedicó a despotricar del anterior Gobierno nacional y hasta reavivó la tesis de que en Colombia no hay ni hubo conflicto armado, sino que se ha librado “una guerra contra una amenaza terrorista”.

La distancia entre el Presidente y su partido político también se ha evidenciado en algunos de los nombramientos de los funcionarios del nuevo Gobierno, como Víctor Saavedra, Viceministro de vivienda al que María del Rosario Guerra señaló como el "responsable de las cartillas de ideología de género".

Más recientemente, María Fernanda Cabal, en su calidad de copartidaria le recordó al Presidente que su lugar en el solio de Bolívar fue gracias al trabajo del uribismo, dijo “Él tiene el derecho de estar con su mejor equipo, pero él y su equipo tienen que darse cuenta de que allí no llegaron gratis, que trabajamos todos, que todos conseguimos votos, que dimos nuestro tiempo, que le pusimos pasión y nos la jugamos para que ellos ganaran”.

Junto a esos hechos, el Presidente Duque ha tenido otros gestos que han hecho dudar a críticos y seguidores del uribismo sobre su distanciamiento del mandatario frente a su partido y sus dirigentes.

Así, por nombrar algunos y sin orden cronológico, se encuentran el nombramiento de Pablo Elías González como director de la Unidad Nacional de Protección (UNP), en lugar de Claudia Ortiz, demostrada “uribista purasangre”; la desautorización de medidas de gravamen a la canasta familiar del Ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla -clara cuota de Álvaro Uribe en el gabinete del Gobierno-; un gesto similar contra Francisco Santos, su embajador en Estados Unidos, por la sugerencia que hizo respecto a una intervención militar de los gringos en Venezuela.

Además, hay otros claros ejemplos, como la solicitud de prórroga a la misión de verificación de la ONU a los acuerdos con las FARC; la invitación a los excomandantes y ahora Senadores de las FARC Rodrigo Londoño (Timochenko) y Julián Gallo Cubillos (Carlos Antonio Lozada), para que participaran de la “cumbre de partidos” en Palacio de Nariño, donde se pactó acoger unánimemente el mandato ciudadano que significó el resultado de la consulta popular.

Para terminar, el supuesto distanciamiento de Duque también ha sido con Álvaro Uribe, dadas las posiciones supuestamente distintas de ambos frente a la Consulta Popular Anticorrupción, el segundo siendo crítico de a iniciativa[2], el primero que desde su candidatura ofreció el respaldo a ese evento de participación ciudadana y que tímidamente mantuvo como Presidente en los días previos a su celebración.

Esos episodios han dado la sensación de que Iván Duque no solo es independiente sino distinto a la proyección y al talante de Uribe Vélez y sus seguidores más ortodoxos, por lo que hay quienes creen que se trata de un matiz moderado del uribismo, pero al fin de cuentas uribista , quienes especulan sobre supuestas peleas internas en el Centro Democrático, otros que ya señalan de “traidor” a Duque [3], unos tantos que ven inevitable ese mote si el Presidente quiere gobernar y otros más que ya celebran la actitud del Presidente, pues dicen, le “hizo conejo” al uribismo.  

 

¿Policía bueno y policía malo o del embrujo al encanto?

Ante la incertidumbre que ha generado Duque y sus supuestas contradicciones con Uribe y su partido, algunos han asumido de manera más crítica la situación y han referido que se trata de una táctica, que han explicado como la “del policía bueno y el policía malo”. Pero ¿qué se busca con esa táctica?

Muy probablemente todas las personas nos hemos visto alguna vez ante el “policía bueno y el policía malo”; el segundo, que suele intervenir de primero, intimida, habla duro y con tono autoritario, se muestra intransigente y más dispuesto a usar la fuerza; luego entra en escena el primero, cuando ya el ciudadano está ablandado e intimidado por el anterior, usa un tono distinto, más amable, simula que escucha razones y da “argumentos” [4].

El comportamiento que se reconoce comúnmente en los agentes policiales no es producto del folclor colombiano, sino que se corresponde con una técnica de negociación que por escuela o empirismo han aprendido los agentes.

Con esa técnica, se pretende generar intimidación y legitimidad, para así conducir la voluntad de la contraparte, persuadirla para que haga o deje de hacer algo, timándola, haciéndole creer que la opción menos agresiva es distinta a la otra, aunque sean la misma.

Aplicada a la política, esa técnica de negociación se convierte en un medio de convencimiento para la obediencia, de manera coherente con un viejo concejo que dio Maquiavelo, cuando dijo que la obediencia se obtiene de la combinación de la astucia, el fraude y la fuerza.

En esa vía, pareciera claro que el “policía malo” lo encarnan el Centro Democrático y, hace más de una década, Álvaro Uribe. Por tanto, el “policía bueno” sería Duque.

Sin embargo, la táctica del Centro Democrático tiene su particularidad, el “policía malo” no es tan malo y el bueno es apenas una segunda opción, no se trata de temer a la opción del primero para resignarse a la del segundo, sino en concebir a cualquiera de las dos como la “correcta”.

Álvaro Uribe, además del temor que generó y genera en ciertos sectores de la sociedad colombiana, también ha generado admiración y hasta veneración de quienes gustan, precisamente, de su “mano dura”, su intransigencia y su sectarismo.

Por allá en el 2003, organizaciones sociales y defensoras de los Derechos Humanos congregadas en la Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, nombraron la simpatía por el entonces presidente como un “embrujo”, lo que remite al sometimiento -de la población- bajo el efecto de un supuesto remedio mágico que se encarnó en de la política de seguridad democrática, que tras de sí ocultó la realidad, en ese caso del proyecto autoritario que Uribe Vélez desplegó en sus gobiernos.

El secreto del embrujo es la magia o el engaño de solución, para la política, claramente, el engaño.

La diferencia es sutil, pero el de Duque no es un embrujo, sino su hermano menor, un encanto. No es su fórmula salvadora la que cautiva, tampoco la verticalidad con que se manifiesta, sino sus cualidades personales, inversas a las de Uribe, que lo hacen atractivo y agradable, que no inspira reverencias sino abrazos, sensación que prima sobre la impopularidad que puedan tener sus políticas.

El secreto del encantador es la seducción, tiende a caer bien, aunque se porte mal.

 

La continuidad del proyecto autoritario

Según lo dicho, la del uribismo no es la estrategia del policía bueno y el policía malo, sino la esgrima de dos caras distintas y complementarias, la del embrujo y la del encanto.

Así, no existe contradicción, diferencia y distanciamiento entre Duque y el resto del uribismo, son caras del mismo proyecto autoritario, que restringe contrapoderes y contrapesos institucionales, que limita expresiones políticas y sociales opositoras, que impone normas de conducta que van en contra de derechos de autonomía personal.

Prueba de ello, es la coincidencia entre las preocupaciones manifestadas por las organizaciones sociales en el 2003, a un año del primer año de gobierno de Uribe, y las propuestas y políticas ya iniciadas por Duque, a poco más de un mes de su Gobierno.

 

Signos autoritarios primer gobierno Uribe

Signos autoritarios Gobierno Duque

Estrategia mediática de regaño o rectificación a los ministros

Desautorización pública de Duque a los Ministros Carrasquilla y Botero y al embajador Santos.

Buena parte del parlamento dispuesto “a aprobar las propuestas gubernamentales para protegerse de los señalamientos de corrupción y politiquería”.

Los congresistas que no están con Duque hoy son señalados de hacer parte de la “mermelada”.

“una Rama Judicial expuesta a la reforma planteada por el Gobierno”.

Reforma judicial más agresiva en curso, incluso se ha contemplado el establecimiento de una “super corte”.

Uso de “redes de informantes”

Ahora se han nombrado como “Red de Participación Cívica”, que eventualmente puede vincular civiles en la confrontación del Estado con otros actores armados.

“el Gobierno insiste en la necesidad de la plena vigencia de los derechos humanos civiles y políticos, y simultáneamente insiste por diferentes vías en el recorte de libertades fundamentales, como la de movilización, privacidad, presunción de inocencia, debido proceso”.

El Ministro de Defensa defiende la necesidad de regular la movilización y luego tilda a la protesta social de estar financiada por grupos armados ilegales.

Entonces se dijo “es preocupante la propuesta de reforma a la tutela”.

Hoy se encuentra la misma preocupación de parte de las altas Cortes y otros juristas.

entonces se habló de detenciones arbitrarias.

El movimiento político Congreso de los Pueblos denuncia la persecución sistemática de sus integrantes.

 

A las medidas retomadas del primer gobierno uribista, hay que sumarle otras más como la incautación administrativa de la dosis personal o la pretensión de fundar el “Ministerio de la Familia”, que como las anteriores, tienen un talante restrictivo de las libertades y derechos.

Se podría decir entonces, que del “embrujo” se pasó al “encanto” autoritario, o que hoy los colombianos oscilamos entre el embrujo uribista y el encanto “Duquista”.

Realmente parece que de lo que se trata es de fortalecer la etiqueta del Centro Democrático, que gana con el embrujo, y con el encanto, que se conjugan en un mismo sentido; en todo caso, con esa estrategia hay Gobierno y partido de Gobierno para todos los gustos, los más blandos y los más duros, los recalcitrantes y los dubitativos se ven seducidos. Además, siempre el uribismo tiene la razón, lo que los principios de su línea dura no advierten, lo aconseja su línea blanda, o al contrario[5].

Tras el lapsus que significaron los 8 años de Gobierno de Juan Manel Santos y el proceso de paz y con los matices que eso contiene, sustancialmente, lo que ha cambiado es poco, con el Gobierno de Duque retornamos al pasado uribista, pero en una fase más avanzada, encantadora y agresiva, otra fase del mismo proyecto autoritario.

 

[1] No obstante, el juego que han emprendido los uribistas es riesgoso, ya algunos de sus adversarios le han cogido la caña y refuerzan su imagen de independiente, mientras lo van arrinconando allí y lo seducen o lo obligan a alejarse de Uribe y los uribistas más ortodoxos, moldeando un “nuevo traidor”. Dejando esa constancia, ese será un tema por tratar en otra columna.

[2] Sobre este episodio, además hay que decir que el distanciamiento de Uribe a la consulta fue fortuito, pues fue la filtración de la periodista Paola Rojas la que evidenció que a Uribe no le gustaba la consulta. Además de fortuito, el distanciamiento de Uribe frente a la consulta fue apenas 3 semanas antes de que se llevara a cabo, pues en campaña la bancada del Centro Democrático votó en favor de su realización, lo que indica que el uribismo iba aguardar silencio o que esperaría a los días previos del certamen democrático para oponérsele, buscando darle una estocada final e irreversible.

[3] Aunque ese fue un mote que ya habían usado los uribistas más sectarios del Centro Democrático, precisamente para negar ese carácter, en medio de la precandidatura de Duque para aspirar a la Presidencia por ese partido (https://bit.ly/2N1A2Zp).

[4] En un pasaje macabro de nuestra historia de violencia, la técnica del “policía bueno y el policía malo” también fue aplicado en hechos de violencia asociada al conflicto armado. En un relato esclarecedor, Rodrigo García alias “Doble Cero, comandante del grupo paramilitar Bloque Metro, le contó a Aldo Cívico la aplicación de la técnica, queriendo explicar el “porqué” de la masacre cometida en el municipio de Granada, Antioquia. El jefe paramilitar dijo que ante el terror con que la guerrilla había sometido a la población, ellos incursionaron con el hecho brutal, con el que pretendieron “remover” un terror con otro igual o superior -el “policía malo”-, para luego, una vez obtenida obediencia, pasar al lado amable de la organización armada -el “policía malo”-. Total, sostuvo el paramilitar, se trataba de hacer la guerra en la mente de las personas (Cívico, 2009, p. 93 y 94).

[5] Para citar un ejemplo, se puede retornar al tratamiento que el Uribismo le dio a la consulta popular; primero la apoyó como partido, no era presentable no hacerlo en campaña presidencial, luego, fortuitamente se alejó Uribe y parte del Centro Democrático, aunque Duque se mantuvo allí; sin embargo, los que se distanciaron respaldaron el paquete de medidas legislativas con las que el Presidente dio trámite a 4 de los 7 puntos que se consultaron. Y ante los resultados inesperados de respaldo a esos 7 puntos, ahora Duque, en nombre del uribismo, encabeza un pacto ciudadano contra la corrupción. Claramente, la estrategia fue preconcebida, ya existían los proyectos de ley -que no se redactan de un día para otro-, y aunque tuvo la contingencia por la filtración que hizo Noticias, la anticorrupción “siempre fue su causa”, su popularidad siempre fue su botín.

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