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Primeros entre Iguales

Estudiar la historia para aprender sobre el presente. Corta lección del pasado para los líderes de hoy.

Sebastian Galvis
Sebastian Galvis
Empresario
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18 de Diciembre de 2018

Rodearse bien:

Un líder político o empresarial es tan sabio cómo se lo permitan quienes lo rodean. Sus altos consejeros, ministros, vicepresidentes, directores, coordinadores y equipo de trabajo pueden estar conformados por aduladores traicioneros o por personas leales, prudentes y comprometidas con la causa. La conformación de estos acompañantes es vital porque es una decisión que da mucho que decir y que su buena conformación es fundamental para lograr los objetivos propuestos. Ha separado a líderes que han tenido éxito de los que no, ya que el fracaso siempre puede estar a un mal consejo de distancia.

Lo podemos ver en nuestros gobiernos, en dónde los alcaldes y gobernadores se pueden rodear de cuestionados políticos y contratistas con la intención de pagar favores de campaña o de poner a funcionar la maquinaria, o en dónde nuestro presidente puede tener un equipo de ministros, conformado por controvertidos personajes que han estado acusados de hacer tratos por debajo de cuerda, para el beneficio personal, desangrando municipios, o igual de peor, que gobiernen con personas implicadas en horrendos escándalos de corrupción con contratos billonarios de infraestructura. También lo vemos en el ámbito empresarial, cuando los presidentes de las compañías más exitosas se rodean de los mejores vicepresidentes de las distintas áreas (mercadeo, ventas, recursos humanos…) para alcanzar satisfactoriamente los objetivos propuestos por los accionistas.

En fin, vale la pena revisar lo que dicen sobre el tema dos hombres importantes para la política antigua y moderna, el político italiano Nicolás Maquiavelo y el brahmán indio Kautilya.

Según Nicolás Maquiavelo en “El Príncipe”:

El príncipe debe rodearse de aquellos que sumen a su reputación: el equipo de trabajo debe estar formado por personas con imagen positiva, con la capacidad de demostrar prudencia y capacidad. El príncipe debe rodearse de aquellos que anteponen su interés al personal: importante que el equipo de trabajo busque el bien común y no el bien individual. Evitar rodearse de aduladores: implica que su equipo de trabajo tenga la certeza de que no evitarán hablar con la verdad, esto es vital para construir la confianza y tomar mejores decisiones, asesorándose siempre que sea posible, de los más capacitados.

De acuerdo a Kautilya en “Arthashastra”:

El rey debe rodearse de aquellos cuyos más oscuros secretos conoce: el fin de esto es que los más cercanos (por lo tanto, los más peligrosos) a la hora de una traición estén conectados al líder a través de la confidencia y disuasión que generan los secretos compartidos. El rey debe rodearse de aquellos cuya lealtad haya puesto a prueba: importancia de la garantía de confianza de un co-equipero, se puede empezar a poner a prueba con pequeñas acciones. El rey debe rodearse de consejeros que sean sabios, tengan pureza de intenciones, sean valientes y de sentimientos leales. Y, sobre todo, deben ser escogidos por sus méritos.

Primeros entre iguales:

Alejandro Magno y Cayo Julio Cesar, son quizás, dos de los líderes militares y políticos más importantes de nuestra historia.

El primero, famoso por empezar a unificar y consolidar un imperio, mediante golpes políticos y militares cuando solo tenía dieciocho años, retomando el liderazgo macedonio, frente a las otras ciudades estado griegas y cumpliendo el sueño de su padre: luchar y derrotar el gigantesco imperio persa, con la ayuda de sus soldados, que lo siguieron durante casi diez años por miles de kilómetros, hasta límites no conocidos, en agotadoras marchas, batallas y asaltos, para lo que un griego de la época sería “todo el mundo conocido”.

El segundo, Cayo Julio Cesar, romano célebre por haber sido un animal político desde joven y haberse puesto en un lugar de poder, nunca antes visto en la republica (lo que lo llevó a su asesinato a manos de senadores y políticos que vieron fragilidad en su rápido ascenso), desafiando y derrotando a sus contrincantes, mediante la osadía en sus victoriosas campañas, en la Galia y en Italia.

Estos dos personajes coincidieron en algo que hoy en día es indispensable para todos los líderes: la humildad y empatía. Se dice que Alejandro Magno acostumbraba a comer solo cuando el último de sus hombres lo había hecho, que todos los días se paseaba por el campamento explicándole a cada hombre la importancia de unificar Grecia, y qué combatía en primera línea, hombro a hombro, espalda contra espalda, con valor y desprecio por el peligro.

Por su lado, Cesar, a pesar de venir de una familia adinerada (Los Julios) y de llevar un estilo de vida de excesos y de lujos, se dio cuenta que los soldados romanos despreciaban a los mimados aristócratas, que cuando estaban a mando de un ejército parecían ir de vacaciones celebrando extravagantes banquetes y carpas para ellos mismos, a partir de ahí, el general comía tanto o menos cómo ellos, y empezó a estirar su carpa sobre el suelo junto a ellos, inclusive en invierno, en la batalla, al igual que Alejandro, combatía en primera línea y corría los mismos peligros que ellos, él cambió el concepto de “general romano” e hizo que se ganara una lealtad inmensa de sus legiones, atrayendo una moral más alta y un compromiso más alto con la victoria.

La lección, consiste, en que no en todos los casos los lideres tengan que igualarse a sus colaboradores (dependiendo de las circunstancias), sino porque son capaces de demostrar su superioridad mientras se paran hombro a hombro con su equipo y pueden demostrar que un líder, no es sólo aquel que tiene el control por su posición o cuna, sino por su habilidad y su inquebrantable capacidad para dar ejemplo, siendo primeros entre iguales, por así decirlo. Hoy en día, podemos relacionar este ejemplo con nuestra política y nuestro entorno empresarial de una manera muy sencilla. 

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