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Preferimos la utopía de la vida

Los atentados perpetrados en París el pasado viernes 13 dan muestra del fracaso de aquello que occidente llamó "La lucha contra el terrorismo".

Juan Manuel Sánchez Osorio
Juan Manuel Sánchez Osorio
Docente - Investigador
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19 de Noviembre de 2015

En septiembre de 1904 el gran Lev Tolstói difundía sus impresiones de la guerra ruso-japonesa, las cuales iniciaba así: "¿Cómo mostrarse indiferente ante semejante conflicto? ¿Cómo no sentir interés ante esta guerra y no importa cual otra guerra que pueda estallar?... No hay un motivo mayor de aflicción que estas batallas entre hombres.

Hablase de luchas de pueblos, de conflictos entre razas, de consecuencias que pueda traer la victoria de una u otra... ¿Pero qué importa todo esto? Yo no distingo de razas. Yo estoy siempre por el hombre, bien sea ruso, bien sea japonés. Yo estoy por el obrero, por el oprimido, por el desgraciado, que pertenecen a todas las razas. Y ocurra lo que ocurra, ¿qué es lo que sacará él como ganancia de este choque de los pueblos?

Esta guerra muestra dolorosamente hasta qué punto los hombres olvidan la noción de su deber."

Antes, en una carta había escrito:"(...) Pero la mentira patriótica que nos hace creer que nuestra nación es superior a las otras naciones, ese sentimiento que nos arrastra a guerras inútiles y nefastas, es una mentira que resulta evidente hoy..."

Tales palabras vuelven a tener vigencia hoy, más de cien años después, en el mismo mundo en que vivió el  escritor ruso y donde suenan nuevamente los vítores de guerra.

No obstante, pensamos distinto. Los atentados perpetrados en París el pasado viernes 13 dan muestra del fracaso de aquello que occidente llamó "La lucha contra el terrorismo". El leitmotiv de esta lucha era hacer de las democracias estables y alfareras de un mundo mejor, sociedades más seguras.

Pues bien, no lo son. No llegó la tan anhelada seguridad, y por el contrario la zozobra y angustia es más recurrente. Y mientras la OTAN sofistica el arma decisiva de la civilización (la antropología nos ha demostrado como cada estado de la evolución está marcado por un arma decisiva: en el salvaje, el arco y la flecha; en el de barbarie, la espada; en la civilización el arma de fuego), los yihadistas, también habitantes de este mundo, decididos a proteger su cultura, fomentaron otra arma tan antigua como las anteriores: el fanatismo. Con esto, la violencia ha llegado al punto de la aniquilación, sucede un ataque contra otro, y se comete otro en respuesta del que viene, hasta llegar a un espiral de venganza sin salida. De nada servirá el calificativo de terroristas, que no hace otra cosa que reivindicar la venganza (o reacción, inclusive y si se quiere)

Y aunque Arturo Pérez-Reverte y Rosa Montero, intelectuales, habitantes en Europa (España) y próximos a nuestro lenguaje, hayan salido con tonos reaccionarios, que pudieran ser producto de la conmoción, hay quienes hacemos el llamado a la razón, la que sí debería ser el arma decisiva para la civilización. Tal vez, la única que permita el entendimiento, y de paso, pueda evitar el fracaso de la humanidad.

Nos llamarán utópicos y lo somos, sólo que de un tipo distinto: preferimos la utopía de la vida, a la reacción y temible realidad de la muerte violenta.