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El Poder de los Ingenuos

Hay que reconocerlo: los ciudadanos son los responsables que los politiqueros sigan en el poder. La política tiene que volver a ser atractiva para aquellos que sienten que Colombia tiene arreglo.

Christian C. Luna
Christian C. Luna
Politólogo
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06 de Febrero de 2018

Cuando los puentes se caen los ingenieros sufren porque su profesión se ve cuestionada, la confianza disminuye y el pánico se apodera de la gente.Cuando los pacientes se mueren de enfermedades que se pueden curar, se pone en duda la capacidad de los médicos y la medicina como profesión se cuestiona.Cuando los niños no aprenden las lecciones en la escuela se cuestiona a los maestros y se habla mal de sus capacidades.Lo que tienen en común estas y la mayoría de profesiones es que su prestigio depende de la percepción que la sociedad tenga del trabajo que hacen y bajo ninguna circunstancia la difamación es bienvenida o representa un buen augurio.

En cambio, la política tradicional -como oficio- es la única profesión que se beneficia de hablar mal de ella misma. Cuanto más desprestigiada, más se lucran los políticos tradicionales que la controlan porque la eficiencia de las maquinarias desincentiva a la gente decente a participar de las decisiones públicas. Lo anterior, reduce a pequeñas empresas electorales el poder que con astucia elimina la participación de los colombianos en política e infunden la creencia que todos los políticos son iguales y todos roban por igual, con el objetivo de seguir dominando un sistema político corrupto hasta la medula.

Es asombroso, contrario a lo que se creería, cómo cada escándalo de corrupción termina fortaleciendo a los gamonales politiqueros de siempre.Se creería que tras el precedente de ODEBRECHT el repudio generalizado de la sociedad conduciría a no volver a apoyar a los Santos, los Uribes y/o los Vargas Lleras.  Sin embargo, la realidad es otra, la gente no quiere saber nada de la política, los sacaron corriendo.Los empresarios no quieren que se les hable de la importancia de participar activamente en las soluciones de sus gremios y según una investigación de la Universidad de la Sabana el 75% de los jóvenes no confían en ningún político y no están dispuestos a participar en política para transformar la realidad agobiante que enfrentan.

Entonces, ¿quién sería tan ingenuo de meterse en lo que la sociedad considera una cloaca? De ahí la importancia que personajes de probadas cualidades y honorabilidad participen en política.El ejemplo de Claudia López, Jorge Robledo, Sergio Fajardo y hasta el mismo caso local del ingeniero Rodolfo Hernández, refuerzan la idea que hay con quién arrancarle la política de las manos a los corruptos. Que el fin de la politiquería está cerca, si y sólo si, la sociedad entiende que hay que salir de la zona de confort e indiferencia para participar activamente en las decisiones públicas.

A pesar de que las elecciones presidenciales del 2018 estarán marcadas por el clientelismo, la corrupción desbordada y el mal momento económico que atraviesa el país, es evidente el agotamiento de las formas tradicionales de hacer política.Y aunque el resultado de las próximas elecciones puede hoy ser incierto, sin duda, los colombianos verán que el juego político empieza a transformarse, porque, a los mismos con las mismas se les complica cada vez más atajar los cambios que Colombia necesita.