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El conflicto político en Bucaramanga: muchos demonios pocos ciudadanos...

¿Cuál es el trasfondo y las implicaciones del conflicto politico en Bucaramanga, entre el alcalde Rodolfo Hernández y el Concejo municipal?

Julio César Acelas Arias
Julio César Acelas Arias
Analista Investigador
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16 de Octubre de 2018

“Las reglas éticas varían, el honor no cambia. Noble es el que prefiere fracasar a envilecer las herramientas de su triunfo” (Nicolás Gómez Dávila, 1991)

Quizás, el mayor legado del alcalde de Bucaramanga, sea el de haber atornillado en las mentes de todos los ciudadanos, algo impensable hace poco: una poderosa narrativa, simbólica y emocional, contra la corrupción de los políticos, quienes por largos años se habían apropiado, escandalosamente de la contratación y de las secretarias de despacho; normalidad perversa, que, paradójicamente, ha sido más denunciada mediáticamente que en la fiscalía. Ello le ha generado a Rodolfo Hernández, una amplia popularidad, que diariamente dilapida por ahí, ante tantos vacíos en la gobernanza y el creciente desgobierno en áreas de la vida local: ha sido evidente su incapacidad de echar a andar un modelo exitoso de gobernabilidad, a pesar de tanta legitimidad acumulada fácilmente.

La oposición, circunscrita al concejo, a veces rabiosa e ilegítima, le ha creado un contrapeso real a su estilo privado de gobernar. El caso Vitalogic ha traído al gobierno una crisis de reputación y transparencia, que ha manejado erráticamente, y nos recuerda el mito del avestruz, que mete su cabeza en la arena creyendo que esconde todo su cuerpo. Este escándalo de corrupción familiar, le terminará pasando cuenta de cobro: “los ciudadanos reclaman austeridad, veracidad, transparencia y coherencia y se comportan  respecto de los agentes privados como lo hace con los agentes públicos, con dictámenes sobre su reputación que se asemejan a veredictos”. La reputación es implacable, olvida pero no perdona.

Se ha conformado una ciudadanía que no requiere altavoces mediáticos para mostrarse, lo hace desde sus propias y poderosas herramientas: las redes sociales, que han superado el paradigma de los medios de comunicación clásicos y se han hecho decisorias auténticamente ciudadanas, a pesar de la avalancha de noticias falsas. En las redes, la matriz Vitalogic arde y se mantiene vigente; allí, La Cocina Hot Work (Hugo Vasquez&Asociados), el tanque publicitario argentino de la alcaldía, ha estado en clara desventaja, al negarlo y soslayarlo, y gracias al activismo de las opositoras “barras bravas”, que son punzantes, ácidas, a veces creativas.  

Antes que construir espacios y mecanismos para la inclusión ciudadana y el diálogo, el alcalde ha contribuido como nadie, a atizar el conflicto político. Hace diariamente todo lo contrario de la gobernabilidad contemporánea: excluye, señala, toma atajos normativos y anti técnicos, niega autoridades, improvisa, se retracta obligado por los jueces, y la pedagogía escasea a la hora de persuadir y argumentar. Gobernar es tomar decisiones, comunicar, incluir, tramitar pacíficamente las diferencias, satisfacer las demandas ciudadanas, para lo que se requiere mucha política y agentes que la tramiten, la comprendan y ejerzan, lo que no hay.  

A veces da la impresión que se quiere ir, cansado de “gobernar” y de lo público, que su propósito fue cumplido, que no avanzará más: como noctámbulos, asistimos, a una disputa de honor con los políticos que utilizó y lo utilizaron durante años haciendo transacciones. Y como la señorita violentada que es rescatada por los suyos, blande su honor cuando puede, como un acto ritual, los señala, los acusa de todo, insulta, irrespeta, les enrostra que acumular dinero en lo privado es mejor que en lo público, así toque comprar lo público, que los negocios hay que honrarlos, lo que algunos no lo han hecho con él; en ese pulso moralista de poder, la ciudad está expósita, se está yendo por el caño, pagando un alto costo.

Ante el desgobierno, el alcalde parece solo preocuparle sus memorias y su memoria. Podría estar pasando aquí lo que nos relata una historia macondiana por allá en marzo de 2003, cuando los gringos invadieron Irak para derrocar a Sadam Husein. El dictador, cansado y aislado del gobierno, tomaba muy pocas decisiones: “dedicaba su retiro a escribir una novela y su queja más reiterada contra los americanos era que no le dejaban materiales para escribir y que le habían extraviado el manuscrito”.

Pero la verdadera esencia de este gobierno, los ciudadanos, están ausentes de esta confrontación política. Rodolfo ganó sin movimiento ciudadano organizado, opinión pura y dura, que tuvo su oportunidad histórica al dividirse la clientela local. Poco a poco ha ido banalizando el gobierno y ha sido incapaz, ahí su mayor crítica, de diseñar un modelo de gobernabilidad incluyente, más allá del cemento. Sus realizaciones alcanzan unas pocas obras de impacto y una lista larga de baja intensidad en las barriadas, como el arreglo de canchas, la remodelación de salones comunales y puestos de salud.

El alcalde ha terminado solo, en su laberinto, con una plataforma mediática, que copta  de vez en cuando, una bandera vendedora y ruidosa para asumirla, como ha ocurrido con la defensa del páramo y del agua y el apoyo al populismo petrista. Sus funcionarios no existen, solo existe el mandatario y sus diatribas, estos parecen “un circulo silencioso de asentimiento”, como dijo del gobierno de Trump, un exdirector de la CIA: “el Jefe en absoluto control. Los juramentos de lealtad, la visión de ‘ellos contra nosotros’. Las mentiras, grandes y pequeñas, para todo, al servicio de un código de lealtad que pone a la organización por encima de la moral y la verdad”.

Sin un equipo de gobierno, técnico-político competente, sin el apoyo de los gremios y pudientes, sin una estructura política que lo sostenga, sin mucho que mostrar, diferente al grito anticorrupción, sin opinión organizada que se movilice, a veces ingenuo, es altamente vulnerable, quedándole solo el campo de batalla de los medios para dar la pelea y avanzar. El alcalde optó por convertirse en un pop star, un “caudillo glamoroso” que requiere una prensa que lo venere o critique pero nunca lo ignore y que hable más de su imagen que de sus hechos.

Dice la argentina Adriana Amado, la que deben conocer en filigrana los asesores argentinos, que estos políticos “están más preocupados de convertirse en celebrities que en gestionar la cosa pública; apareciendo más como comentaristas de la realidad que cómo impulsores de la transformación de la realidad social”. El caudillo obtiene del periodista repercusión y el periodista, del caudillo, temas de qué hablar. Estos políticos, como cualquier pop star  han dedicado más tiempo a comunicar que a gobernar y los ciudadanos están ahí encantados, inmunizados, fastidiados.

En ese teatro, asistimos, los ciudadanos de Bucaramanga como invitados de piedra, a folclóricos rounds de ese conflicto político entre el alcalde y el concejo, actores los dos, bastante sordos y disimiles que vienen de la misma cuerda: participaron intensamente en el pasado reciente de los gobiernos y compartieron muchas francachelas innombrables, donde algunos transaban de todo. Contaba Wilson Mora, en Torre de Babel de la UIS radio, que en 2011, terminando la campaña electoral de Lucho Bohórquez, cuando todos eran amigos, el hoy alcalde, patrocinador del candidato, reunió a todos las cabezas de lista al concejo y les notificó que él coordinaría el último tramo de la campaña, para ganar y así su “platica invertida no se le perdiera”.

Esa combinación tenebrosa y desconocida entre poder económico y política, deslegitima el ejercicio de lo público, lo instrumentaliza y convierte a la ciudadanía y la opinión en ciudadanos de segunda. Los negociantes en la política, son altamente peligrosos para los intereses de la ciudadanía y la transparencia pública. Ya nos advertía Max Weber, que desde los cristianos primitivos, “el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario”.

El alcalde, impulsa la lógica política amigo-enemigo de Carl Schmitt, influyente filósofo y teórico político alemán, amigo del nazismo. Schmitt señalaba que en política se debe distinguir entre el amigo y el enemigo, lo que implica la posibilidad real de la guerra como presupuesto básico entre los dos grupos que se oponen, no para anular al enemigo, sino para desarmarlo, para que se rinda ante el opositor en la relación política. Rodolfo ha sido más radical y maníqueo, agravando la confrontación y llevándola más allá; quiere eliminarlos del mundo político: “hay que borrar a todos los concejales del mapa”, es su mantra semanal en Facebook Live.

De todo ello, ¿qué queda para la ciudad? Algunos logros simbólico-administrativos para todos y otras victorias pírricas para el alcalde y sus contradictores. El discurso anticorrupción, no nació solo ni lo inventó el alcalde. Los colombianos somos testigos, vía escándalo diario, a unos procesos de reproducción y generación de creencias, socialmente construidas, visceralmente incorporadas, fecundas y fundantes de una “nueva forma de hacer política”, un laboratorio de certezas que hacen posible, a la vez, la cohesión y el conflicto, sin destrozarnos. El alcalde comprendió ello, como un rito oculto y lo movilizó como su discurso emocional, sin contenido pero de forma elemental y demoledora: no robar, el séptimo mandamiento, el cual un sector importante de la ciudadanía clase mediera, adopto como una “fe religiosa” en una sociedad tradicional, que va a misa y a “culto”, todos los domingos.

En estas parroquias, esa opinión indignada viene siendo la “vanguardia” de los cambios políticos, una amalgama de muchas capas provenientes de costumbres e imaginarios conservadores, contestatarios, amorfos, contradictorios y sin horizonte claro. Pero después de la rasca y con multitudes expectantes, sedientas de gobierno, con las palancas de mando y el aparato de poder local en nuevas manos, lo que vino no ha sido claro y no tiene norte. Pese a que la simbólica del séptimo mandamiento es su mayor legitimidad y argumentación, el alcalde se ha quedado en ella, como el mecanismo cotidiano de debate, sin lograr avanzar sustancialmente en sus promesas, en gobernar para todos los ciudadanos, y ello, el rebaño confundido, lo siente duramente.

Qué hay en la trastienda de esta confrontación cuyo cuadrilátero son los medios y las redes? Acaso chocan dos visiones diferentes y excluyentes de gobernar la ciudad? Estamos ante el dilema moral: corruptos vs honestos? Es una lucha clasista, entre una elite económica y políticos autónomos, que desde mediados de los 70 se resolvió a favor de los políticos, instaurándose un modelo de repartición pragmática de los negocios de la ciudad, dejando fuera los pudientes? Se acabó, la corrupción en la administración local? El alcalde dice que “lo pueden acusar de todo menos que se ha robado un peso”, y hay que creerle. Hubo un desplazamiento de la contratación  a otros actores privados poco conocidos? Asistimos a una trasformación urbana de  Bucaramanga? Acaso se creó una clase nueva de políticos, transparentes y tecnócratas? Los pobres de la ciudad, han salido de su condición? Se han resuelto los problemas más sentidos de la gente; la movilidad, el espacio público, la inseguridad? Los bumangueses nos comportamos mejor hoy, avanzamos en cultura ciudadana? Se sanearon las finanzas públicas? Será uno de sus logros indudables. O es otra más, de las oportunidades perdidas de muchos gobiernos de opinión?

Quizás, el mayor legado del alcalde sea el de haber dado la puntada final al desprestigio del concejo local, lo que podría redundar en su renovación. Lo ha satanizado y ha hecho creer que son la causa de todos los males. El concejo hoy, tiene la misma percepción que el congreso, pero ello sólo no garantiza que se renueve en el futuro. No hay que olvidar, que Bucaramanga, trae esta crisis de gobernabilidad hace seis alcaldes y pareciera querer parecerse a Cartagena: dos alcaldes están condenados, uno esta sub júdice, otro, suspendido 12 años por la procuraduría y el actual, tiene cerca de 200 investigaciones disciplinarias, penales y fiscales.

Estamos felices, pero en el peor de los mundos.

 

 

 

Notas

Llorente & Cuenca. Reputación y Ciudadanía. Madrid, 2014.

Runciman David. Política, Madrid, 2014

Remodelación de las bodegas del café Madrid, unos parques, ciclorutas, parques lineales, saneamiento finanzas, ampliación de proponentes en la contratación, etc.

Política Pop. De líderes populistas a telepresidentes. Buenos Aires, Ariel, 2016. Entrevista en . Ella es PhD en Ciencias Sociales y especializada en temas de comunicación pública y medios.

Torre de Babel. UIS FM. 25 de agosto de 2018.

El político y el científico. Max Weber. Alianza Editorial, 1997.

Ver: 1 SCHMITT, CARL. El concepto de lo político, Alianza Editorial, Madrid, 1999, p 60

Ver mi artículo: . También: Bourdieu, Pierre La eficacia simbólica: religión y política. Buenos Aires, 2009.

 

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Comentarios (2)

Rodrigo Velasco Ortiz

15 de Octubre

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Este análisis me parece sumamente sensato, lejos de la polarización de moda. Claramente denuncia la incompetencia administrativa del alcalde, incapaz de negociar con sus oponentes, que no son todos ni en todos los temas. Sin duda le falta armar un equipo de gobierno central que, a su vez negocie con concejales, ciudadanos y funcionarios. Los egos enormes se inflan hasta reventar.

Este análisis me parece sumamente sensato, lejos de la polarización de moda. Claramente denuncia la incompetencia administrativa del alcalde, incapaz de negociar con sus oponentes, que no son todos ni en todos los temas. Sin duda le falta armar un equipo de gobierno central que, a su vez negocie con concejales, ciudadanos y funcionarios. Los egos enormes se inflan hasta reventar.

Daniel Roman

23 de Octubre

0 Seguidores

Persistí la lectura al ver que hay citaciones a chismes que alguien dijo que ...+ ver más

Persistí la lectura al ver que hay citaciones a chismes que alguien dijo que le contaron. También al leer que, palabras menos, gobernar se trata de repartir el pastel en paz y cordialidad. Pero al ver que un "Historiador UIS Mag.Estudios Politicos UNAL Mag. Derechos Humanos UIS Director Observatorio Ciudadano de Santander" presenta una columna de opinión y no abre los símbolos de interrogación lo baja estrepitosamente a la primaria.

Pensaba que La Silla Vacía hacía un trabajo medianamente serio. Por favor, quienes lean éste comentario: no todo lo que está escrito es ley de Dios.