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Descubrirnos

Nuestra tierra  y nuestra gente, tan acostumbrada a lo concreto, al largo por ancho, al cuánto cuesta, cuánto pesa, cuándo mira el concepto cultura, suele pasarla primero por las variables económicas para saber de su viabilidad.

Sandra Barrera
Sandra Barrera
Directora del Teatro Corfescu y de la Fiesta de la Palabra en Bucaramanga, el Festival Abrapalabra.
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12 de Agosto de 2015

Dicen los investigadores que todo lo averiguan, que un bebé tarda varios meses antes de entender que esa manito que se agita en frente de sus ojos hace parte de su ser, que está conectada con su percepción, que obedecerá a su pensamiento, que lo que le suceda a ella, su mano, le sucederá a él también.

La conciencia del ser, del quién se es, es un estadio que tarda mucho, no es inmediata, ni automática. Se construye, a veces al ritmo de los sedimentos, a veces como la urdimbre de una tela, pero siempre paso a paso, despacio, no en un tronar de dedos, ni en un decreto. Despacio, bien en la escala de tiempo de un humano recién nacido, bien en la escala de tiempo del ciclo vital una sociedad de humanos.

Saber quiénes somos, de qué estamos hechos, qué conforma nuestra identidad, describir nuestra imagen en el espejo, es una tarea compleja, tanto por la diversidad abigarrada de la suma de puntos que somos, como por la cantidad de filtros que definen nuestra mirada, la cual, a pesar de que se esfuerce por ser objetiva y neutra, pocas veces lo consigue, más en esta cultura tan hecha y dispuesta a los relatos únicos.

Un país como el nuestro, al que nadie vivo ha podido conocer en paz, que se ha construido sobre las lógicas de la guerra y el exterminio, tiene dificultades para imaginarse más allá del concepto de “amigo-enemigo”. Y sin embargo, ahora que finalmente, tras 50 o 60 años de nuestra última guerra, comienza a adivinarse en el cielo, como un sol de amanecer después una noche oscura, la posibilidad de un país sin una parte de la guerra como principio para construir un país en paz, comenzamos a descubrir que atrás de los camuflados y los fusiles, reales o simbólicos, con los que nos acostumbramos a vivir, sigue dentro nuestro un ser desconocido y dispuesto a otras realidades. 

Un poco a la manera de San Juan de la Cruz, comenzamos a descubrir que algo bueno y profundo sigue habitando en nosotros, debajo de las costras con las que nos hemos protegido del dolor todos estos años. Y está llegando el tiempo de darle lugar.  ¿pero cómo hacerlo sin saber qué es ese algo?

Un amigo mío fotógrafo me decía hace unos años que uno de los ejercicios más sorprendentes que podía uno hacer con una cámara no era ir a un lugar exótico a fotografiar sino hacer fotos de un lugar muy conocido y propio, como por ejemplo, el cuarto de uno mismo. Poner la cámara entre los ojos propios y la realidad supuestamente conocida le permite al ojo una distancia que revela lo que uno de tanto ver ya no reconoce. Ver como ajeno lo propio es casi como poner los ojos para dentro para saber cómo somos.

Nuestra tierra  y nuestra gente, tan acostumbrada a lo concreto, al largo por ancho, al cuánto cuesta, cuánto pesa, cuándo mira el concepto cultura, suele pasarla primero por las variables económicas para saber de su viabilidad. Y suele quedar relegada por cosas más prácticas y progresistas (en el concepto suicida de progreso) como talar árboles para construir avenidas. Pero es la cultura, el estímulo a ella, las propuestas para descubrirla y apropiársela y no la simple colección de cemento y metal la que nos puede poner con firmeza en este nuevo país que se avecina.La cultura como valor a descubrir, como herramienta para conocernos y querernos. La cultura para entender que, al fin y al cabo, de tan diferentes somos iguales.

Un poco a la manera de ese ejercicio consistente en fotografiar el cuarto de uno, que a pesar de lo inocuo que parece, nos revela una cantidad de detalles del mismo que pasábamos por alto, esta edición procura inquietar sobre el quienes somos. Claro, la respuesta no va ser una sola, no importa si nos preguntamos por cada uno o por todos nosotros. Somos muchas cosas, según el tiempo, según el punto de vista, según… en fin. Pero hacerse la pregunta ya de por sí es un paso adelante para empezar a sorprendernos.

Intentar descubrir quienes somos es elaborar al ser, para tenerlo claro y echarlo a andar. Un ser que se sabe, que mira de frente y no se avergüenza ni de su sitio ni de su hacer.