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Cúcuta y los cucuteños: ¿Amor o hipocresía?

Basta ver como los cucuteños se sienten más indignados por una opinión sobre la ciudad, que por los atropellos de quienes han hecho de Cúcuta el peladero que es hoy en día, para darse cuenta hasta donde llega la complicidad de los habitantes de la “Perla del Norte” con tipos de la calaña de Suárez, Villamizar, Rojas, Cristo y compañía, a quienes no sólo eligen sin cesar, sino que también los defienden y hasta endiosan.

Diego Gallardo
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09 de Enero de 2016

Gran revuelo e indignación causó la columna publicada por el periodista Iván Gallo en el portal Las 2 Orillas, casi similar a la que otrora causó la publicación de Alejandra Omaña en SoHo sobre el común denominador de los cucuteños. Sin embargo, las altas voces de protesta por los calificativos que hace el periodista han terminado por confirmar lo dicho por éste.

Para empezar, el periódico La Opinión, medio de amplia trayectoria en Norte de Santander, en una actuación casi cómplice de los que han hecho de Cúcuta un peladero, abrió la puerta no a un debate público sobre la ciudad, sino a una vitrina de opinión para defender lo maravillosa que es Cúcuta con el hashtag #CúcutaNoEsUnPeladero, buscando que los cucuteños, maltratados por los opiniones de Gallo, mostraran que la ciudad es un paraíso, o como dicen los cucuteños, un gran vividero.  

La actuación de La Opinión, chauvinista y populista por demás, como queriendo meter el mugre bajo la alfombra, consiguió que Facebook se atiborrara de fotos y videos de lo bonito de la ciudad, y de paso, de una sarta de insultos, amenazas y descalificación contra quien fuera el autor de la columna.

Basta ver como los cucuteños se sienten más indignados por una opinión sobre la ciudad, que por los atropellos de quienes han hecho de Cúcuta el peladero que es hoy en día, para darse cuenta hasta donde llega la complicidad de los habitantes de la “Perla del Norte” con tipos de la calaña de Suárez, Villamizar, Rojas, Cristo y compañía, a quienes no sólo eligen sin cesar, sino que también los defienden y hasta endiosan.  ¿Y esa complicidad no acaso es lo que describe Gallo en su columna?.

Aún pienso con desdén, como los colombianos sacan pecho por el calificativo de ser uno de los países más felices del mundo. ¿Cuánta hipocresía? ¿Cuánta falta de sentido de pertenencia?. De esas conductas infantiles no se escapan los cucuteños, que siguen viendo en el Ventura Plaza el estandarte de un prominente desarrollo, pese a las paupérrimas condiciones sociales de la ciudad fronteriza.

Uno esperaría que una ciudad con las cualidades geográficas, topográficas e históricas como lo es Cúcuta, fuese algo completamente distinto, pero basta transitar por el corregimiento de La Parada (distinto municipio, cultura compartida) para ver que el atraso en cultura ciudadana es más grave que en municipios de los que se esperaría un mayor caos. 

Ninguna universidad de “La Perla del Norte” se destaca a nivel nacional. En materia cultural, basta ver los arduos esfuerzos de algunos para promoverla en la ciudad, mientras los distraídos habitantes ni se dan por enterados; y ni que decir de la industria cucuteña, que pese a que debería ser floreciente por su ubicación, no se ha desarrollado en lo absoluto, pues ha sido más cómodo para sus habitantes esperar a ver qué les favorece de lo que pase más allá de la frontera.

Los cucuteños, antes de indignarse por una opinión que no es del todo desproporcionada, deberían aceptar los pésimos resultados en casi todo, por no decir en todo, pues hace mucho no sé de nada que haga resaltar la ciudad, y ver las calificaciones del periodista Iván Gallo, no como una ofensa contra la resplandeciente y próspera frontera, sino como un febril llamado de atención y una invitación al cambio.