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¡Para que el campesinado cuente, tiene que ser contado!

Las proyecciones del DANE indican que Colombia tiene alrededor de 50 millones de habitantes. Esa cifra se corroborará con el Censo Nacional de Población y Vivienda, que inicia este 9 de enero. Pero no sabremos cuántos campesinos y campesinas habitan el país ni conoceremos sus condiciones de vida.

Diana Isabel Güiza Gómez
Diana Isabel Güiza Gómez
Investigadora y profesora
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11 de Enero de 2018

 

Este texto fue escrito por Diana Isabel Güiza, Ana Jimena Bautista (investigadoras de Dejusticia) y Andrés Fuerte.

Después de trece años, los colombianos seremos nuevamente contados. Este martes, 9 de enero, arranca la primera etapa del Censo Nacional de Población y Vivienda, que corresponde a la fase virtual, que se aplicará hasta inicios de marzo. Luego, vendrá el censo puerta a puerta, en algunos lugares del territorio nacional. Hacia finales de julio, conoceremos entonces los resultados del censo poblacional, que es el principal insumo estadístico con el que cuenta el Estado colombiano y sus habitantes para la toma de decisiones, de manera informada.

Infortunadamente, no sabremos quiénes son los campesinos y las campesinas que viven en el país, ni conoceremos sus condiciones de vida, a menos de que el censo poblacional incluya una serie de preguntas específicas que indaguen sobre la situación socioeconómica e identidad cultural de esta población. Así lo han pedido reiteradamente las organizaciones campesinas: en 2013 y sin éxito, frente al Tercer Censo Nacional Agropecuario; y desde hace más de dos años, respecto al censo nacional de población, en lo que no han obtenido una respuesta clara por parte del DANE y Ministerio de Interior. En las últimas semanas, con el acompañamiento de Dejusticia, . Ya existe una primera decisión que, parcialmente, le da la razón a los peticionarios. Sin embargo, hoy, .

Pero ¿qué piden las organizaciones campesinas frente al censo poblacional?, ¿cuál es la importancia de su solicitud?, ¿por qué el censo poblacional debe contar con detalle al campesinado si hay otros censos, como el agropecuario, que aparentemente ya lo han hecho? y ¿el censo poblacional puede responder a esa petición? Veamos.

 

La petición: identificar al campesinado y censar su situación

Desde 2015, las organizaciones campesinas nacionales y otras regionales, como la Mesa Campesina del Cauca, le ha solicitado al Estado que el censo nacional de 2018 los cuente y caracterice como un grupo poblacional específico. Lo han hecho por distintas vías: derechos de petición, mesas de concertación, encuentros académicos, paros campesinos y, ahora, una tutela.

Los lectores podrán preguntarse, con razón, si el problema radica en que el censo poblacional no se practicará al campesinado, si estos no serán entrevistados para esos fines. Esa no es la cuestión. Las preguntas del censo poblacional del 2018 se formularán también al campesinado. Pero se hará como si se tratara de un grupo que no tiene ninguna particularidad para ser destacado del resto de la sociedad. Ese es el problema. Por ejemplo, a una campesina le harán las mismas preguntas que a una mujer citadina y clase media, pero no se podrá saber que la primera es una mujer campesina, cuando la situación de las dos es claramente distinta. Aunque las dos vivencian discriminación por ser mujeres, la primera, a diferencia de la segunda, tiene una identidad cultural distinta y se enfrenta a mayores barreras de exclusión por ser una mujer que vive en el campo.

Así lo constatan los datos disponibles. De acuerdo con la (ENUT), las mujeres en Colombia dedican a diario un promedio de 7 horas 23 minutos a labores no remuneradas como el servicio doméstico y cuidado de sus familiares, comparado al promedio diario de 3 horas y 10 minutos que gastan los hombres. Esta carga es aún mayor para las mujeres rurales: 8 horas y 12 minutos de promedio diario. Éstas cifras exponen una imagen aproximada de la situación de las campesinas, pues la ENUT no preguntó si los entrevistados eran mujeres campesinas, por lo que no ofrece datos específicos sobre estas.

Esto significa que los resultados finales del censo nacional 2018 no podrán evidenciar quiénes son los campesinos y las campesinas, a qué se dedican, cuáles son sus condiciones de vivienda, salud, educación y acceso a tierras. Sin esas estadísticas concretas, el Estado no puede revertir la exclusión y miseria que enfrenta el campesinado.

La petición es entonces sencilla, pero de suma importancia: que el censo poblacional 2018 cuente a los no contados o, mejor, a los mal contados.

 

La importancia: estadísticas específicas para políticas públicas diferenciadas

Cuando un grupo poblacional sufre de discriminación y se encuentra en extrema pobreza, el Estado debe eliminar esa situación desventajosa. De lo contrario, ese grupo no puede gozar plenamente de sus derechos. Así lo ordena la Constitución del 91 y es el llamado derecho a la igualdad material: todas las personas tenemos el derecho a disfrutar una vida digna y ejercer nuestros derechos en igualdad de condiciones frente al resto de la sociedad.

El Estado cumple con su obligación de garantizar la igualdad material cuando adopta políticas públicas sensibles a las necesidades de los grupos discriminados, las cuales dependen de información estadística completa y desagregada. Es por eso que, por ejemplo, los jueces le han ordenado al Estado que cree una política pública específica para la población desplazada por la guerra, a partir de datos estadísticos concretos de este grupo, que también los jueces le han ordenado al Estado recolectar.

Lo mismo sucede con la población en situación de discapacidad, que sufre discriminación y requiere medidas estatales para superar esa exclusión. Por falta de recursos, el DANE había anunciado que las preguntas sobre discapacidad serían excluidas del censo poblacional 2018. Sin embargo, gracias al reclamo de las organizaciones sociales que reúnen a este grupo poblacional, finalmente el director del DANE se ha comprometido a incluirlas, luego de que el .

Esto es aún más claro si se trata además de grupos sociales con una identidad cultural diferenciada, como ocurre con el campesinado: un grupo poblacional que ha sido históricamente discriminado, sufre de extrema pobreza y tiene una identidad cultural específica y distinta de otras como la étnica. Sin embargo, la política social ha sido desarticulada y deficiente frente al campesinado, por lo que no ha resuelto sus necesidades. En buena parte, eso se debe a que el Estado no conoce la situación social, económica, organizativa ni política del campesinado, porque no cuenta con datos estadísticos desagregados. El resultado ha sido, en palabras de Carlos Salgado, la desvalorización del campesinado: como no se reconoce al sujeto campesino, no se construye política social coherente que mejore su calidad de vida.

 

El censo poblacional es la herramienta estadística por excelencia para contar al campesinado

En general, los censos poblacionales capturan datos esenciales de los habitantes de un país: cuántas personas lo habitan, quiénes son esos habitantes y a qué se dedican. Es así como los censos poblaciones brindan una imagen detallada de la población de un territorio, que permite a los Estado tomar decisiones de política, planificación y gestión. De hecho, con base en los datos de los censos poblacionales, el Estado puede definir qué servicios públicos (educación, vivienda, salud o alcantarillado) requiere cada territorio, cuánto presupuesto es necesario en cada región y hasta cuántas curules en la Cámara de Representantes le corresponden a un departamento.

A ese mapa general, que es el censo nacional, podemos ponerle la lupa en determinados sectores para tomar decisiones más concretas. Gracias a las luchas de pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes, los resultados del censo de 2005 permiten dibujar un mapa más pormenorizado de estos sujetos. De ahí surge entonces la información primaria para formular programas y planes a favor de ellos.

Lastimosamente, no ocurre así con el campesinado. Ningún censo, ni siquiera el agropecuario, identifica quiénes son los campesinos y las campesinas ni bajo qué circunstancias socioeconómicas se encuentran. Esos datos facilitarían la elaboración de planes de salud, vivienda, educación y acceso a tierras que tanto necesitan. Dichas estadísticas serían útiles no solo en el nivel nacional, sino también regional. De hecho, los datos que arroja el censo poblacional son indispensables para que los municipios y departamentos elaboren sus Planes de Desarrollo. Con frecuencia, muchas de las entidades territoriales no cuentan con presupuesto ni personal técnico para levantar esas estadísticas. Por eso recurren a los datos capturados por los censos poblacionales. Si tuviéramos información estadística del censo 2005 que estuviera desagregada respecto al campesinado, los Planes de Desarrollo municipales podrían diagnosticar mejor, por ejemplo, el acceso a servicios públicos de las veredas y corregimientos.

 

El conteo detallado del campesinado es una deuda pendiente

Hasta ahora, el Estado ha realizado 17 censos nacionales de población y ninguno ha contado con detalle al campesinado. Contrario a lo que afirma el DANE, ni siquiera el Tercer Censo Nacional Agropecuario lo hizo. Si bien este censo arroja datos muy relevantes del campo colombiano que no había sido censado por más de cuatro décadas, ningún análisis técnico de los resultados del censo agropecuario permite extraer datos sobre la identidad cultural y vida campesina, como lo demuestra el .

De un lado, . Su puerta de entrada es entonces la tierra explotada y, solo a través de ella, caracterizó a quienes trabajan la tierra, los productores agropecuarios. Esto significa que el censo agropecuario no contó a los campesinos sin tierra, pues si no hay UPA no hay a quien censar; y los resultados sobre productores agropecuarios no distinguen entre grandes productores y campesinado, porque no se preguntó.

De otro lado, el radio de acción fueron las áreas rurales dispersas, es decir, los territorios que no son cabeceras municipales. Por el conflicto armado, buena parte del campesinado ha sido desarraigado del mundo rural. De ahí deriva que el censo agropecuario no contó a los campesinos desplazados que viven en áreas urbanas.

 

Al campesinado sí se le puede contar en el censo poblacional

A diferencia de lo señalado por el DANE, el censo poblacional 2018 puede técnicamente contar con detalle al campesinado. Como resultado de las conversaciones entre las organizaciones campesinas y el DANE y el Ministerio del Interior, . Esta entidad estatal hizo su labor y en febrero de 2017 presentó un concepto sobre el campesinado con siete preguntas, que comparte elementos del proyecto de declaración universal sobre derechos de los campesinos, que hoy discute Naciones Unidas.

Las siete preguntas indagan por la identidad cultural campesina, las formas de organización social, su vida comunitaria, sus actividades productivas y su acceso a las tierras. Así, la propuesta del ICANH interroga si los entrevistados se autorreconocen como campesinos; si los predios que trabajan son propios, arrendados, ocupados de hecho o dados en aparcería; si participan en actividades comunitarias como mercados o cocina campesina, fiestas o ritos religiosos; si los oficios que hacen los aprendieron de su familia, amigos, vecinos o la escuela; qué parte de sus ingresos gastan en autoconsumo o mercados regionales, nacionales o internacionales; y si pertenecen a alguna Junta de Acción Comunal, Junta de Colonos o Junta de Acueducto Comunitario.

Es claro entonces que técnicamente pueden formularse preguntas para censar la identidad y vida campesina. También es evidente cuán necesario es contar con estadísticas completas y detalladas del campesinado para implementar políticas y programas a su favor. Las organizaciones campesinas han buscado todas las vías de diálogo posible para insistir en que el censo poblacional los identifique y caracterice. No hay lugar a dudas de que el censo nacional de población es la mejor herramienta para contar a grupos poblacionales. ¿Por qué no incluir preguntas específicas sobre la identidad cultural y condiciones socioeconómicas del campesinado?

La mayoría de colombianos y colombianas venimos de familias campesinas. Pero hoy en día le hemos dado la espalda a nuestros orígenes y a la población campesina, que enfrenta gran exclusión social. Su exclusión corre el riesgo de quedar oculta y perpetuarse por más de una década si el campesinado no es identificado ni caracterizado en el censo poblacional 2018.