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¿Se puede tener una Policía que reduzca los homicidios?

Debemos empezar una nueva política de bienestar que nos permita un nuevo círculo virtuoso que empieza con el cuidado del cuidador (Policías) y termina -sin final- en el cuidado del frágil (Jóvenes).

Lukas Jaramillo Escobar
Lukas Jaramillo Escobar
Estratega Ejecutivo, Casa de las Estrategias
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Columna

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23 de Octubre de 2018

Entre las investigaciones y la veeduría nos encontramos que la Policía puede evitar homicidios: esto es algo simple a lo que no le damos importancia cotidiana, no sale en los medios de comunicación, no se registra en la TAMIR. Calculamos que el 60% de los Policías en Medellín salvan o intentan salvar vidas1, hay historias muy valiosas sobre esto con la simpleza de meter a un muchacho pobre, un invisible -a veces una “carne de cañón”- de las mafias en una patrulla y no separarse de él por doce horas hasta que otra institución lo reciba. Conocimos el caso de un patrullero -con cierta antigüedad- que un muchacho le dijo que necesitaba que lo sacaran del barrio porque sino lo iban a matar, de eso hace dos años y no ha habido un diciembre en el que no le llegue una llamada de agradecimiento.

Tenemos un objetivo concreto -minimalista-: una inmensa mayoría de policías que  tengan la disposición (a veces para priorizar) para sacar a un joven (casi siempre estigmatizado) de un territorio en el que está en riesgo de ser asesinado. Este es un paso necesario para una Policía que recupere espacios de socialización de jóvenes y adolescentes -con un esquema de cuidado en la cotidianidad- y va a traer consigo un mayor respeto de los derechos humanos. 

Lo importante acá es que para una siguiente reducción continua de homicidios necesitamos que este sea costoso, impensable e innecesario y entonces tenemos que encontrar incluso las formas de socorrer a un joven que siente que sino mata a alguien es él el asesinado para que sea innecesario. Este simple acto va a dar un ejemplo material para -primero- aumentar los costos sociales y entonces lentamente irlo desnaturalizando hasta que sea impensable.

Acá encontramos una fuerte motivación para generar confianza: un homicidio menos puede darse por el aumento de la confianza en la Policía de un joven excluido. Esto está íntimamente relacionado al 40% restante que no ve posible -o incluso no ve importante- evitar el homicidio de un joven pobre de periferia.

En un estudio etnográfico en alianza con la Policía2 encontramos que un importante número de policías piensan que los jóvenes que no les piden ayuda son criminales y que cuando no se puede evitar un homicidio de un joven es porque este no quería cambiar.

Esto está alimentado por un discurso que han compartido vecinos, políticos, coroneles y generales de “se están matando entre ellos.” El problema de ese discurso con el que nos hemos curado provisionalmente del miedo -pensando que el homicidio no es tan arbitrario como llegar cerca de nosotros-, es que termina por justificar en buena parte al homicida.

Cuando un policía decide no auxiliar a alguien que efectivamente asesinan, cuando un programa de una seccional no logra bajar la meta de reducción de homicidios a la escala humana del perfil real de la persona en riesgo, se están perdiendo vidas valiosas pero también se está contribuyendo a la legitimidad de las mafias. Evitar un sólo homicidio de un adolescentes que no se quiso dejar reclutar, del novio de la muchacha deseada por un jefe de banda, de un jíbaro que se descuadró e incluso de un pistolero de un bando contrario golpea fuertemente la legitimidad mafiosa.

Cuando vamos y les preguntamos simplemente a muchachos de noveno y de décimo de colegios en una zona de histórica influencia de una banda criminal nos dicen que si alguien está amenazado de ser asesinado no hay nada que hacer, va a ser con seguridad asesinado. Se interiorizó un poder mafioso muy grande sobre la vida de los jóvenes pobres en la periferia de Medellín3.  

Toca en la mayoría de los casos avanzar un poco en un grupo focal para que los adolescentes nos digan que le recomendarían a un amigo amenazado que se vaya del barrio; toca insistir y preguntar qué más y surge el recurso de hablar con “los de la vuelta”. En más de la mitad de los casos toca preguntar directamente por la Policía como una forma de evitar un homicidio y en esa mitad hay una incredulidad muy fuerte de que la Policía pueda evitar el homicidio de un amigo de su misma edad4.  

Tenemos un problema enorme y es que un adolescente pobre de Medellín está convencido que él no puede ser protegido por la Policía.

Pero este círculo vicioso de relacionamiento entre policías (muchas veces jóvenes) con jóvenes pobres de Medellín se puede romper con unos años de perseverancia. Sólo se necesita de la iniciativa y -por ende- del ejemplo de policías.  

Acá en todo caso no terminaría una ruta (de varias) para reducir los homicidios. Hay un estancamiento en indicadores de Policía -que de alguna manera se nos quedó a medio camino luego de una gran evolución- con las cuales planear un turno o patrullaje y hay un problema -que puede ser una tendencia latinoamericana o mundial- de mediatización excesiva de la representación de la inseguridad y en respuesta una demagogia punitiva y coercitiva de políticos, pero hay un primerísimo punto por el cual empezar: una nueva política de bienestar que nos permita un nuevo círculo virtuoso que empieza con el cuidado del cuidador y termina -sin final- en el cuidado del frágil.

#CuidadoDelCuidador también es Nada Justifica El Homicidio


  1. Casa de las Estrategias (2017). Adolescentes y vulnerabilidades en su socialización y posibilidades espaciales. Working paper.
  2. Casa de las Estrategias (2017). Adolescentes y vulnerabilidades en su socialización y posibilidades espaciales. Working paper.
  3. Casa de las Estrategias (2017). Adolescentes y vulnerabilidades en su socialización y posibilidades espaciales. Working paper.
  4. Casa de las Estrategias (2017). Adolescentes y vulnerabilidades en su socialización y posibilidades espaciales. Working paper.
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Comentarios (1)

PIICIEM

27 de Octubre

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Hay quienes escriben simplemente bonito pero muy lejos de la realidad. El prob...+ ver más

Hay quienes escriben simplemente bonito pero muy lejos de la realidad. El problema no es de policías ni en número ni en educación, ni de directores espirituales o psicológicos, el problema radica en una población nacida y criada en un ambiente de miseria cuyo único medio de educación son las redes sociales y la tecnología. Hablar de seguridad en un pueblo violento por naturaleza que no respeta ley alguna y mucho menos la autoridad de la que está revestido un policía, resulta bastante mas complejo que manipular sus sentimientos. Es ridiculo hablar de control cuando cada policia está obligado a proteger a mas de tres mil ciudadanos, que por regla general resultan ser dos mil novecientos noventa y nueve enemigos que cuando trata de cumplir con su trabajo intentan lincharlo. A que juventud se puede educar cuando la ley los protege de ser condenados por delito alguno?. SOLUCIONES si las y podríamos lograrlo en diez años pero carecemos de recursos y se imponen la injusticia, la corrupción política y la descomposición social para lograrlo.