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Se puede desear Policía desde el anarquismo

La Policía es esencial para la reducción de homicidios, pero la institución parece pasar de estar estancada, a estar en riesgo.

Lukas Jaramillo Escobar
Lukas Jaramillo Escobar
Estratega Ejecutivo, Casa de las Estrategias
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09 de Enero de 2019

Se puede ser filosóficamente liberal y comulgar con varios criterios de anarquismo, muy pocos del patriotismo y querer fortalecer a la Policía. Aun más, desear la institución de la Policía en una sociedad soñada, una evolución rápida de la Policía que la actualice con nuestra imaginación pública, pero que además evite una crisis.

No hay que soñar con la homologación de la sociedad o con una “normalización” represiva para requerir a la Policía e imaginarla. Tal vez todo empiece por un pragmatismo: la Policía salva vidas, es necesaria para evitar un homicidio. Quizá más a fondo hay una profunda comunión institucional (como camino a más libertades): el invento más importante del Estado -para diferenciarse de una pandilla- es el de una ciudadanía que pueda elegir a su autoridad y sancionar a quienes tienen capacidades represivas.

Algo está pasando con la Policía colombiana. Las noticias no son normales. Crisis como la de la dirección de Palomino o casos que se presentan como aislados no parecen estarse superando de manera estructural. Más bien pasa algo que se acostumbra en Colombia: se hace una mesa de expertos, un informe y un tiempo después se permite que la Policía defina un plan de transformación.

El 11 de diciembre, fui uno de los voluntarios de NoCopio, una acción simbólica en la que se tejió el Comando de Policía Metropolitana del Valle de Aburrá. Seguramente en enero habrá otra. 

Pero lo simbólico no es nada sin la perseverancia y hay que utilizar las herramientas ciudadanas para poder lograr que la Policía se vuelva debate público continuo y riguroso.

Ese 11 de diciembre no hubo gritos ni insultos. La Policía estaba invitada a una rueda de prensa (y finalmente no estuvo). Algunos policías seguramente presionados por algún oficial se sintieron indignados por uno de los carteles que decía “No más Brutalidad Policial”.

Muchos miembros de la Policía entienden que una Policía profesional tiende a cometer cero violación de DD.HH y por lo tanto usa su autoridad de manera que casi nunca tiene que usar la fuerza, y usa la fuerza de una forma en la que no hay daño, ni violencia. Una institución fuerte no tiene porque ser grosera con un muchacho popular, ni mucho menos agredirlo; una Policía tiene que investigar, arrestar, disuadir y nunca escarmentar o llevar las cosas a un plano personal.

Hay que entender primero cómo está la selección de los y las policías, cómo es el currículo y los puntos débiles y fuertes de una política de bienestar y luego la territorialidad, la forma cómo se planean los patrullajes o turnos y el foco.

Hoy en día en Cartago, en Cali, en Medellín, en el Bajo Cauca necesitamos repensar y trabajar con la Policía para la reducción de homicidios, pero eso nos lleva a pensar una filosofía del cuidado y una revisión que ponga a los integrantes de la Policía en una escala humana. Esa preocupación nos ha unido a varias organizaciones bajo la consigna de Cuidado del Cuidador.

 

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