Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Medellín no puede ser una ciudad de desaparecidos

Hoy se cumplen 55 días de la desaparición de Andrés Felipe Vélez, Santiago Urrego y Jaime Andrés Manco, en una de las zonas más violentas de Medellín. El Alcalde apenas se reunirá con sus familias por primera vez.

Gerardo Pérez Holguín
Gerardo Pérez Holguín
Consultor en políticas sociales
6 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

1 Columnas

Columna

1123

0

12 de Noviembre de 2018

Los esperan, todos los días, detrás de las cortinas de las casas, en cada mensaje que les entra al celular, en cada esquina que atraviesan.

Son las familias de Andrés Felipe Vélez Correa, Santiago Urrego Pérez y Jaime Andrés Manco Gallego, los tres jóvenes habitantes de la comuna 16, Belén, que fueron retenidos ilegalmente en la comuna 13, San Javier, y desaparecidos, según la poca información que ha circulado, en el Corregimiento de Altavista.

Es como si con este recorrido nos quisieran recordar que son tres de las zonas con mayor número de homicidios de la ciudad.

Según datos del Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia, Sisc, al pasado jueves 8 de noviembre, la comuna 13  habían sido asesinadas este año 73 personas, un 60 por ciento más que en el mismo periodo del año pasado; en Altavista 39, un 105 por ciento más y en la comuna de Belén 29 personas. En ellas se han cometido una cuarta parte de los homicidios de la ciudad.

Todo esto a pesar de ser las zonas donde la Alcaldía ha desplegado con más fuerza su estrategia de seguridad y en donde se han reportado la mayor cantidad de “cabecillas” de los grupos armados capturados.

Una parte de esta ecuación no funciona. Donde más se insiste en capturar es donde más se asesina, y como si fuera poco es la zona donde los grupos ilegales desaparecen tres jóvenes y la institucionalidad no reacciona en su búsqueda y mucho menos entrega resultados.

Han pasado ya 55 días desde aquel 18 de septiembre, cuando salieron hacía el barrio Belencito Corazón a saludar a la mamá de Jaime Andrés. En algún lugar del camino de regreso fueron interceptados, bajados del taxi en el que iban. Después, todo es misterio y silencio.

Es increíble que en esta ciudad -que viene del horror de los 90, cuando semanalmente eran asesinados decenas de jóvenes a los que solo lloraban sus familias y cuyos crímenes quedaban en la más absoluta impunidad- justo cuando hablamos del milagro de su trasformación social, desaparezcan tres jóvenes y no se genere una alarma institucional y ciudadana para dar con su paradero y evitar que cosas como esta sigan ocurriendo.

Las mamás ya están acostumbradas a ver en las noticias al Alcalde que sale en todos los medios ufanándose de sus logros, no pueden entender cómo ese mismo alcalde no envíe mensajes de búsquedas para sus hijos, ni ofrezca recompensas a cambio de información, ni saque volantes pidiendo datos para encontrar a sus jóvenes amados. Apenas hoy se reunirá con ellas por primera vez.

Mientras tanto, cada conversación con las familias es una reiteración del amor que sienten por ellos. Resaltan que están llenos de sueños: Andrés Felipe, de 21 años, quiere ser chef;  Santiago, de 18, quiere estudiar Mecánica Industrial y dedicarse a las motos; y Jaime Andrés, de 23, quiere montar un negocio de comida al lado de su pareja y tener otro hijo con ella. Tiene una hija de cuatro años.

Hasta ahora las pistas que hay de ellos son algunas prendas de ropa, zapatos y una camándula.

En la marcha que hicieron el pasado 13 de octubre, sobrecogía escuchar a sus parceros cantar: “Aquí está su familia, aquí están sus amigos, queremos que regresen, que regresen vivos”, como la manera de expresar el dolor de su soledad.

El Facebook de sus hermanos y demás familiares solo cuentan las historias de todo aquello que quieren jamás desaparezcan: “No puedo vivir sin vos”, “te quiero demasiado, mi negro” o “de regalo de cumpleaños solo quiero que regreses”. “Es imposible concentrarme en el trabajo”, me decía uno de ellos, siempre está pensando que en cualquier momento va a aparecer su amigo.

Si están vivos o muertos es la pregunta que los taladra, para luego decir: “Sea lo que sea, que nos digan dónde están”.

Ellos son jóvenes como todos los de la ciudad, llenos de pasión y amor, jóvenes que solo quieren vivir, algo que pareciera elemental en una ciudad que aún los estigmatiza y hasta es capaz de desaparecerlos. Los crímenes de lesa humanidad no deberían tener escala, pero es indudable que la desaparición forzada es el más terrible de todos.

La ciudad no sabe la cifra de sus desaparecidos y mucho menos conoce el destino de tantos. El ejemplo más claro es que no se volvió a saber de los que se perdieron con la Operación Orión, hace 16 años.

Somos una ciudad que para calmar su dolor prefiere creer que no tiene desaparecidos.

Volvemos a insistirle al Alcalde: ¿por qué estas familias no tienen su acompañamiento, su solidaridad?, ¿acaso no pertenecen a su escala de gente de bien, que está condecorando últimamente con visitas a sus casas?, ¿por qué casi dos meses después de su desaparición apenas se reúne con ellas?

Solo están esperando que la ciudad las abrace, que su dolor tenga eco, que la lucha por encontrar a sus hijos sea la lucha de todos nosotros. No quiero creer que la meta por tener una mejor ciudad no pase por brindar seguridad a todos los ciudadanos. Que desaparezcan tres jóvenes y la gente no se movilice solidariamente es la peor señal para nuestro futuro.

Seguimos esperando a Santiago, a Andrés Felipe y a Jaime Andrés. Ellos nos pertenecen. Nadie puede disponer de su vida.

Interactiva: