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La industria de las WebCam ¿libertad de expresión y de género?

Una reflexión frente a la autonomía erótica de las mujeres, a proposito de una invitación que recibí por Facebook  para ser modelo de WebCam

Juli Mejía
Juli Mejía
Coordinadora del programa Clubes Juveniles en Alcaldía de Medellín
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04 de Septiembre de 2018

Nos hemos pasado mucho tiempo hablando del empoderamiento femenino y de la dignidad de la mujer.

Esta mañana, estas dos cosas me hicieron un ocho en la cabeza, y todo sucedió porque me escribió un hombre, que para el caso llamaré el señor X, haciéndome una oferta laboral que presumo es bastante seductora para algunas mujeres; se trataba de aceptar un trabajo remunerado por tres millones de pesos mensuales, más el componente de seguridad social y bonos de comisión y, con la posibilidad de contratación inmediata.

Para este trabajo, solo había que cumplir con un requisito: ser mujer mayor de edad. El trabajo que me ofreció consistía en ser modelo de WebCam  haciendo parte de una industria de entretenimiento para adultos vía web que en sus palabras es “la industria legal que más dinero mueve en el mundo” el hombre también me mencionó que “Colombia es actualmente el segundo país en ella”.

Como el señor X me agarró por sorpresa, solamente le dije que si no le parecía paradójico hacerle esta oferta a una persona que se considera promotora y defensora de los derechos de la mujeres, a lo que él me contestó que esto era justamente lo que su trabajo me ofrecía: “libertad de expresión y de género”, yo ante su afirmación le dije que esta ocupación me parecía cosificación más que libertad y él me dijo: finalmente todas las empresas te cosifican; luego de varias frases en donde no nos entrabábamos me dijo que yo era una desconocedora de la industria, que cada modelo decidía como “entretener”, que en Colombia habían cerca de treinta mil modelos de WebCam y que su empresa tenía todos los documentos en regla y era completamente legal.

Me he pasado mucho tiempo pensando en lo que significa ser mujer más allá del sexo biológico, y esta pregunta me viene por tantas discusiones alrededor de lo que representa la identidad de género en cuanto al comportamiento y a los roles.

Simone de Beauvoir escribió alguna vez  que “no se nace mujer: llega una a serlo”, y creo que hoy es de esos días en que entiendo a qué se refería, púes ¿hasta dónde llega nuestro entendimiento en la lucha por nuestra autonomía erótica? señor X tenía razón, es una decisión desde la libertad, pero no considero que este trabajo le dé libertad a una mujer. Muchas de las búsquedas pro derechos exponen que la autonomía económica es necesaria para la igualdad de derechos, pero yo me pregunto, ¿hasta dónde exponer el cuerpo da libertad erótica y económica?

He entrado en un dilema y es el de tratar de entender cómo este tipo de oficios ayudan a la reivindicación de nuestros derechos, cómo recibir ingresos producto de entretener con el cuerpo y con la seducción nos hace merecedoras de la muerte de las costureras del 08 de marzo de 1908.

He comprendido que la libertad que tenemos frente a nuestro cuerpo y a nuestra manera de obtener ingresos también debe respetar la lucha histórica, y que el goce efectivo de estos derechos también es un asunto de dignidad.

Muchas personas me preguntaran, ¿Juliana y qué es la dignidad? (pues en efecto es una palabra efervescente), ante esto les respondo, la dignidad es una cualidad de la que podemos hacer uso en pro de hacernos valer como personas, y con la que nuestros comportamientos pueden corresponderse con responsabilidad y respeto consigo; cuando hacemos uso de esta cualidad no dejamos que se nos humille o no se nos degrade.

Aunque el señor X nunca me obligó a aceptar su propuesta, desde su discurso me quiso meter en una lógica en la que exponerme a mí y a mi cuerpo era libertad, y yo señor aunque no quiero entrar en los debates de acoso o explotación sexual, le digo: su trabajo me hace a mí perder la dignidad.

Así, su industria no es para mí lo que usted dice: libertad de expresión y de género, es una forma de trasgredir la manera en cómo hoy puedo ser una mujer libre y cómo el empoderamiento que he alcanzado para ganarme otros derechos se pone en una balanza conforme a que cuando me pagan por “entretener “ con mi cuerpo y con el juego de la seducción, sí me están cosificando.

Vuelvo a Simone, no se nace mujer se llega a serlo, esto hoy para mí quiere decir que la forma en la que nos comportamos y lo que hagamos también constituye la persona que somos desde el género. Y no me refiero a que seducir, desnudarnos o hacer uso de nuestra sensualidad esté mal, me refiero a que hacerlo en un contexto en el que se me paga por hacerlo es cuestiónate conforme a la libertad, pues ya de antemano hay una relación de subordinación laboral y además, por el contenido y la forma de este oficio si podemos hablar de cosificación.