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Diez años del problema de la calidad del aire

Este miércoles cumple una década el primer estudio que alertó que la calidad del aire en el Valle de Aburrá afectaba la salud de sus ciudadanos. 

Diego Zapata Córdoba
Diego Zapata Córdoba
Economista - Mágister en Gestión de Transporte
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20 de Noviembre de 2018

El 21 de noviembre se cumplieron diez años desde que se publicó el estudio "Calidad del aire en el Valle de Aburrá".

Este análisis, que hicieron Julián Bedoya y Elkin Martínez, investigadores de las Universidades Nacional y Antioquia, respectivamente, intentaba resolver inquietudes aún vigentes en nuestra sociedad: ¿Cuál es la calidad del aire en Medellín y su área metropolitana? ¿Qué peligros potenciales estarían generando?

A partir de los datos recolectados por la Red de Monitoreo de Calidad del Aire entre 2001 y 2007, los académicos concluyeron que “La ciudad de Medellín y su área metropolitana definitivamente presentan un problema grave de acumulación de material particulado y otros contaminantes en la atmósfera, el cual se está haciendo progresivamente más crítico y sin duda, ha de estar representando un alto costo en efectos nocivos para la salud de sus habitantes”.

Dicha afirmación se planteó al encontrar que las concentraciones de partículas respirables PM10 (material particulado de 10 micrometros) excedían entre un 200 y 400 por ciento los límites de precaución definidos por la Organización Mundial de la Salud.

De igual forma, los científicos alertaron sobre la necesidad de establecer la extensión de esta problemática con la contundencia que reúne el siguiente postulado: “La estructuración de un programa eficiente, oportuno, completo, práctico, continuo y funcional de vigilancia epidemiológica en calidad de aire y sus efectos nocivos en la población es un imperativo para Medellín y toda su área metropolitana”.

Fieles a la verdad, mucho ha cambiado en la bella villa durante estos diez años.

Nacional ganó otra Libertadores, a Medellín le llueven premios y más premios por su milagrosa transformación en la ciudad más innovadora; cambiamos de POT; inauguramos el Metroplús, dos cables y un tranvía semi-turístico; arrancamos con Parques del Río, y lo dejamos a medio hacer; la ignominia de Hidroituango; un Secretario de Seguridad arrestado y condenado; nos visitaron Beyonce, y Guns n Roses, y el Papa Francisco, y Madonna; se cayó el avión del Chapecoense; y claro, estrenamos .

Sin duda una década agitada.

En relación específica a la calidad del aire también han pasado cosas interesantes.

Nació el El Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá, Siata; el PM2.5 desplazó al PM10 del discurso; montamos la red de medición más extensa de todo el país; nacieron el Pigeca (Plan Integral para la Gestión de la Calidad del Aire) y el Poeca (Plan Operacional para Episodios Críticos de Calidad del Aire); y firmamos un Pacto por la Calidad del Aire, bueno, otro más.

No obstante, lo más trascendente fue que como sociedad comenzamos a hablar del tema, a tomarnos la cosa en serio, y a reconocer los efectos que acarrea sobre nuestra salud, y sobre la de nuestros seres queridos.

Descubrimos que en Medellín habita un asesino silencioso.

Este cambio actitudinal frente a este problema no habría sido posible sin el trabajo incansable de uno de los autores del estudio cumpleañero aquí citado: Elkin Martínez. Quizá el lector no sabe quién es él, pero sin duda ha escuchado en algún momento un dato arrojado por su trabajo del año 2009 "¿Cuánto cuesta en vidas humanas la contaminación del aire? Caso Medellín Colombia". En dicho artículo, Elkin alertó sobre las nefastas consecuencias de la mala calidad del aire para la ciudad, y arrojó una cifra absolutamente lapidaria: 8 muertes diarias.

Desde entonces, dicho indicador ha sido puesto en tela de juicio por parte de la actual administración una, y otra, y otra vez, en una actitud retrógrada que invita a evocar la pose del Presidente Trump frente al cambio climático. Como resultado de esta duda, dentro del Pigeca se incorporó en la línea de Generación, Aprovechamiento y Fortalecimiento del Conocimiento Científico y la Tecnología el diseño e implementación de un Sistema de Vigilancia Epidemiológico. Sus resultados iniciales aún no han sido divulgados.

Una fuente menos controvertida por parte de la administración es el estudio publicado por el DNP, en el cual afirma que para 2015, los costos asociados a la mala calidad del aire en el Valle de Aburrá superaron los 2,8 billones de pesos, o lo que es lo mismo, el 5 por ciento del PIB subregional, y un saldo aún más desolador desde las vidas humanas, con 2105 muertes asociadas a esta causa.

Resulta igualmente peculiar que, si bien los problemas de calidad del aire en Medellín han sido ampliamente documentados, la norma adoptada en el Valle de Aburrá es más laxa que la nacional. En otras palabras, mientras el Acuerdo Metropolitano 16 de 2017 -que aprueba el Pigeca- establece un máximo anual permisible de 23 microgramos por metro cúbico para 2030, la Resolución 2254 de 2017, por medio de la cual se adoptó la norma nacional de calidad del aire, fija en 15 microgramos por metro cúbico el tope superior dentro del mismo rango temporal. Una situación similar ocurre con el contaminante PM10.

Otro hecho relevante es la acción popular en curso, en la que se reclaman medidas realmente efectivas para frenar la contaminación en el Valle de Aburrá. Al día de hoy, y después de la decisión del Tribunal Administrativo de Antioquia de decretar una medida cautelar, y aceptar las coadyuvancias presentadas, se ordenó vincular a la acción popular a los demás municipios del área metropolitana, así como a los Ministerios de minas, medio ambiente, transporte, y a Ecopetrol.

Esta medida cautelar fue apelada por el municipio de Medellín y el Área Metropolitana, buscando con este recurso de alzada, que sea el Consejo de Estado quien finalmente dictamine si confirma la decisión del Tribunal Administrativo de Antioquia o le da la razón a estas instituciones. Por esta razón aún no se han aplicado las medidas cautelares en cuestión, las cuales estaban encaminadas a exigir acciones que previnieran que cualquiera de las estaciones del sistema de monitoreo pasase a naranja en cualquier época del año.

Así, con un lío legal entre la administración y la ciudadanía, y sin un sistema de vigilancia epidemiológica, recibimos una nueva década los apasionados por darle vida nuevamente al aire de este bello valle.

Foto de portada por Manuel Castro.

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