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¿"Coger pillos" paga?

A propósito del aumento de la tasa de homicidios en Medellín, hoy la ciudad atraviesa por un debate alrededor de la estrategia de seguridad de Federico Gutierrez; ¿qué ha funcionado? ¿qué no? 

Maira Duque
Maira Duque
Vocera de movimientos ciudadanos
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06 de Enero de 2019

Hoy Medellín atraviesa por un debate alrededor de la estrategia de seguridad de Federico Gutierrez, acentuado por el aumento de homicidios y por una en las redes sociales del Alcalde donde plantea que durante su administración la ciudad ha alcanzado la tasa promedio de homicidios más baja de los últimos gobiernos.

Si bien esto es cierto, si miramos las cifras desagregadas y comparamos por ejemplo los resultados de la administración de Aníbal Gaviria y la de Federico Gutiérrez, encontramos que para proteger la vida, fueron más efectivas las políticas implementadas por Aníbal.

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Aníbal recibió la ciudad con 1.649 homicidios en 2011 (69,6 homicidios por cada cien mil habitantes - hpccmh) y los redujo a 496 en 2015 (20,1 hpccmh), ¡una reducción de 69,9 por ciento en 4 años! La tasa promedio en esos 4 años fue de 34,4 hpccmh.

Federico recibió la ciudad con 496 homicidios en 2015 (20,1 hpccmh) y durante su administración han aumentado los asesinatos hasta llegar a 628 en el 2018 (24,8 hpccmh). Eso es, un aumento de 26,6 por ciento en 3 años. Pero si promediamos la tasa, nos da 23,2 hpccmh. Ahora, según el Plan de Desarrollo 2016-2019, la meta es bajarla de 20,1 hpccmh a 15. Pero en cambio ha aumentado hasta 24,8 en 2018.

Hoy la explicación que encuentra la Alcaldía frente a este aumento, es que antes la criminalidad estaba en un estado de confort mientras que durante esta administración la lucha ha sido frontal contra las estructuras criminales y esto dolorosamente ha aumentado el número de homicidios; pero en el 2017 Gustavo Villegas fue capturado por negociar con bandas criminales (¿lucha frontal?), y para ese momento ya la tasa de asesinatos venía en aumento.

¿Qué cambió entre la administración de Aníbal y de Federico? ¿Qué funcionó y qué no está funcionando? Sí bien hoy no existe la evaluación formal para determinarlo, hay elementos de análisis que tenemos a la mano:

Con todas las críticas que existen (y que tengo) frente a la adminsitración de Aníbal, durante su período de gobierno "la vida" fue el tema central; el eslogan de la Alcaldía era “Todos por la vida”, y todos sus programas estaban volcados a ella. Gaviria creó la Secretaría de Seguridad para tener una aproximación más focalizada al tema, creó el primer Plan Integral de Seguridad y Convivencia - PISC, que integraba todas las acciones de la administración relacionadas con la seguridad y la convivencia en un solo paquete, e hizo una apuesta por tener una mirada integral de la seguridad, construyendo participativamente la Política Pública de Seguridad y Convivencia.

Para Federico el tema central de su programa bandera (seguridad) parece ser "capturar criminales". A mediados del 2017 esta administración todavía no tenía PISC, y el objetivo de la Política Pública, que busca “aumentar la capacidad de los ciudadanos y de sus instituciones para gobernar los fenómenos que afectan la seguridad y convivencia” no se está cumpliendo.

Aunque hay esfuerzos importantes como inversión en investigación, la apuesta en procesos de evaluación de impacto para saber qué funciona y qué no, experimentación con intervenciones territoriales focalizadas, la baja en los índices de deserción escolar, el presupuesto invertido en ellos es relativamente poco y hasta el momento no se ha visto mucho más que comprar cámaras, helicóptero, “atrapar cabecillas” y “agarrar a los pillos”.

¿Funciona este enfoque como política de seguridad?

Indiscutiblemente es necesario capturar y judicializar a quienes cometen crímenes, pero como acciones que sean parte de una estrategia más amplia y que involucren herramientas para romper patrones de criminalidad. En el , se plantea que “en el caso de los homicidios, la UNDOC ha enfatizado que el comportamiento del crimen, incluyendo el que desencadena la mayoría de homicidios en la ciudad, es sistémico.

No se puede abordar bajo lógicas estructurales, tipo triángulo, donde sí se detiene, encarcela o mata al cabecilla, se desbarata el resto, pues el crimen no obedecer a la lógica estructural si no sistémica; se saca al cabecilla y prontamente hay otras personas que pueden reemplazarlo. Ese es quizás el mayor desafío de la ciudad en materia de seguridad ciudadana. Entendiendo a profundidad el comportamiento de esos sistemas criminales, es romper los patrones que gobiernan muchos delitos por fuera de la institucionalidad”.

Aunque la estrategia va más allá de capturar cabecillas y también apunta a mandos medios y pequeños, en esos territorios donde el lo tienen en gran medida las estructuras criminales, no ha habido apuestas contundentes para construir procesos que, como manda la política pública, aumenten las capacidades de los ciudadanos y las instituciones para gobernar sus propios territorios, y arrebatarle esa posibilidad a las bandas criminales; este es un asunto que trasciende la política criminal pero clave para romper con los patrones de criminalidad.

De otro lado se ha hecho muy poco para evitar que más jóvenes se integren a los combos y sigan nutriendo las estructuras criminales; si bien es un programa que busca focalizar toda la oferta institucional de la Alcaldía en jóvenes en riesgo y que podría aportar en gran medida en este sentido, fue lanzado el último mes del tercer año de gobierno… ¡muy tarde!

Todo esto más que una mirada de experta (no lo soy) plantea unas preguntas que en varios escenarios ciudadanos hemos venido ahondando durante los últimos años, y es una incitación a debatir la efectividad de los enfoques y acciones para abordar los problemas de seguridad y convivencia hoy en Medellín, que debe cuestionarnos como ciudad y debe cuestionar al gobierno. ¡Bienvenido el debate!

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