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La gobernabilidad en medio de la ingobernabilidad

¿Cómo desarrollar el Estado en medio de enormes desafíos como la ilegitimidad de la instituciones, de los gobernantes y las organizaciones políticas?

Luis Fernando Barón
Luis Fernando Barón
Investigador Principal, Memorias de empresarios del Pacífico Colombiano, Universidad Icesi
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22 de Diciembre de 2017

El desarrollo del Estado-nación en el Pacífico colombiano enfrenta grandes desafíos, como la ilegitimidad de las instituciones, de los gobernantes,  los partidos y las organizaciones políticas; los altos niveles de corrupción pública y privada, y el  uso indiscriminado de las fuerzas y las violencia(s) por parte de múltiples actores.

Sin embargo, organizaciones sociales y agentes locales, gubernamentales y privados de esta región, están trabajando por fortalecer las instituciones, la formación y  empoderamiento de comunidades y ciudadanos, y las alianzas intersectoriales para confrontar estas problemáticas, así como el escalamiento del conflicto armado, las violencias, y la ausencia de participación política y social en la región

 

Estados-nación: instituciones, comunidades y territorios comunes.

Lo que llamamos Estados-nación son formas de organización política, económica, y sociocultural que se generaron durante varios cientos de años en Europa. A comienzos del siglo pasado, Max Weber, considerado uno de los fundadores de la sociología moderna, en “La política como vocación” (1918), definía los estados como “comunidades humanas que reivindican el monopolio del uso legitimo de la fuerza física en un territorio dado”. Aunque su obra sobre el Estado quedó inconclusa, por su repentina muerte en 1920, estudiosos de su trabajo han demostrado que para él, el Estado es mejor entendido como una estructura específica y una forma única de organización basada en reglas de hombres sobre los hombres.

Charles Tilly (1985), otro de los estudios más importantes de los Estados-nación,, muestra que estos son formas de gobierno, relativamente centralizadas, en las que hay una organización diferenciada y sus jefes y funcionarios controlan los medios de la violencia, dentro de una población que comparte un territorio continuo. Para Tilly, estas formas de gobierno son correspondientes con el sistema capitalista de la Europa medieval y se  fundamentan en su legitimidad, es decir en la credibilidad social en las instituciones.  

Y si la legitimidad de las instituciones y el uso de la violencia son importantes, Benedict Anderson (1991) enfatiza que las naciones son  comunidades construidas socialmente, es decir, imaginada por la gente que se percibe a sí misma como parte de éstas. Para él, hay una relación directa entre los desarrollos de los estados nación y de los medios de comunicación masiva. Muestra, por ejemplo, que la creación de comunidades imaginadas se hizo posible gracias al "capitalismo impreso", desarrollado por empresarios que maximizaron la circulación de textos y libros en lenguas vernáculas,  en lugar de los lenguajes exclusivos como el latín. Así, los primeros estados nacionales europeos se formaron alrededor de lenguajes e historias comunes que han soportado su existencia.

 

El Estado-nación en el Pacífico colombiano

Expertos en la formación del Estado-nación en Colombia, a pesar de sus profundos debates, coinciden en señalar algunos asuntos transversales en sus trayectorias como: la combinación entre política y violencia como formas de dominación y control social, el no monopolio del uso de la fuerza legítima; las ausencias de voces y representación política de amplios sectores sociales significativos; las dificultades de integración regional y el desarrollo diferencial en sus territorios; su precariedad en las denominadas zonas periféricas, y su desarrollo en medio de formas particulares de capitalismo (e.g. F. González, M. Palacios, F. Gutierrez, M.E. Wills, D. Pecaut,  A. Molano, D. Fajardo).  

En recientes trabajos académicos realizados en el Pacífico colombiano, alrededor de un programa de formación en gobernabilidad con funcionarios públicos, líderes de organizaciones sociales y étnicas, y activistas sociales de base, encontramos inmensos retos que enfrenta la construcción de un Estado-nación democrático e incluyente en esta región.  

Por una parte están la  incredulidad en las instituciones, los gobernantes,  los partidos y las organizaciones políticas; las faltas recurrentes a la(s) ética(s) y los valores relacionados con el buen vivir, el bien común, y lo público (tanto de servidores públicos, como de integrantes de organizaciones políticas y sociales), y los altos niveles de corrupción pública y privada.

Por otra parte, se mantiene el  uso indiscriminado de las fuerzas y las violencia(s,) de múltiples actores, que a falta de autoridades legítimas, se siguen ensañando, principalmente, contra jóvenes, mujeres y niños; sumados al histórico desconocimiento de territorios, etnias y culturas, no sólo por las instituciones nacionales y centrales, sino también por la sociedad en general y por la opinión pública nacional, pero también regional.

Además, siguen las dificultades de comunicación (física y simbólica) entre territorios y comunidades, con  carencias y legitimidad de memorias e historias étnicas, locales y regionales, así como con falta de conocimiento y apropiación de derechos y deberes étnicos y comunitarios, por parte de las organizaciones y la ciudadanía en general. Todo lo anterior sigue contribuyendo a preocupantes niveles de fragmentación social y a dificultades para desarrollar acuerdos e iniciativas conjuntas, además de las históricas y estructurales precariedades en educación, salud y generación de ingresos.  

Sin embargo, frente a este complejo y preocupante panorama, hay una variedad de instituciones y organizaciones  que desde hace décadas vienen trabajando por resolver y mitigar algunos de estas problemáticas. Así se se observa en casos individuales y en dependencias de instituciones regionales y municipales de carácter público y privado.  También está el enorme trabajo que realizan Consejos Comunitarios, comunidades y organizaciones indígenas, redes y grupos de organizaciones étnicas, de mujeres y jóvenes en barrios, municipios y veredas de esta región.   

Los programas y proyectos realizados en el Diplomado de Gobernabilidad, mencionado mas atrás, que son no resultado de un trabajo de meses, sino el producto del acumulado y la continuidad de procesos de mediano y largo plazo,  apuntan a fortalecer las instituciones, al empoderamiento de comunidades y ciudadanos, y al trabajo conjunto para confrontar  estas problemáticas, así como el mismo conflicto armado, las violencias,  y la ausencia de participación política y social.

Los temas de los proyectos de este programa hablan por sí solos: fortalecimiento de participación y la convivencia democrática de diferentes sectores sociales, especialmente de jóvenes y mujeres; de recuperación de memorias, valores y culturas, así como del cuidado y protección de la madre tierra y el medio ambiente; la formación de capacidades en liderazgo, participación y exigibilidad de derechos, el desarrollo y fortalecimiento de organizaciones, redes y espacios de debate y construcción de planes y acciones conjuntas de carácter local y regional, y otros que buscan profundizar y fortificar iniciativas ciudadanas, y también públicas y privadas, de resistencia al conflicto a las múltiples violencias que vive la región y a la construcción de paz  y reconciliación.

Pero, todos ellos coinciden en señalar que una de las acciones más importantes está en la formación y la fortaleza de alianzas y acciones concertadas entre instituciones y organizaciones del sector público y privado, así como entre la academia, y las las organizaciones y movimientos sociales y étnicos. Esto bajo la premisa de  seguir aportando, de manera eficaz y eficiente, a re-construir bases sólidas de aquellos asuntos que  aparecen y reaparecen como fundamentos de la formación de un Estado-nación con gobernabilidad, paz, justicia, pluralidad y buena vida: las comunidades; los territorios; las instituciones; lo público; la política; la participación y solidaridad; la pluralidad de historias, memorias y lenguajes, y por supuesto el monopolio del uso legítimo de la fuerza y la violencia.

Bibliografía

Charles Tilly (1985). War Making and State Making as Organized Crime . Cambridge: Cambridge University Press.

Anderson, Benedict R. O'G. (1991). Imagined communities: reflections on the origin and spread of nationalism (Revised and extended. ed.). London: Verso.