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Jamundí: el “Florida y Pradera” del posconflicto

Opinión | La zona rural de Jamundí lleva aproximadamente dos años viviendo intensas disputas armadas entre disidencias de este grupo por el control de la zona.

Oscar Parra
Oscar Parra
Analista Socio-Político. Coordinación de Análisis, Identificación & Monitoreo. ProPacífico
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08 de Febrero de 2019

La zona rural de Jamundí, luego de la desmovilización de las Farc, lleva aproximadamente dos años en medio de intensas disputas armadas entre grupos de disidencias de este grupo, bandas como “Los Pelusos” y el ELN, todos buscando el control de la zona.

Esto enciende las alarmas por la posible configuración de un escenario complejo de control territorial para el Valle del Cauca y el Cauca, que se ha trasladado de la cordillera central a la occidental, así como lo fue en su momento la zona de Florida y Pradera. Ambas zonas comparten similitudes geográficas y funcionales que hoy advierten del reto en el que se puede convertir una zona donde hasta hace un par de años (y desde los inicios del milenio) no registraba intensidades de conflicto como ahora.

 

Jamundí, un escenario de histórica confrontación armada.

La historia de disputa armada en Jamundí se remonta a la llegada del M-19, cuando tomaron esta zona como parte de sus refugios. La intensidad del conflicto fue relativamente baja hasta mediados de los años 90 con la llegada de las Farc, quienes perpetraron numerosos ataques, secuestros y actos de demostración de fuerza bélica en la zona.

Luego llegó el ELN, quienes se ubicaron en la zona montañosa entre Cali y Jamundí. Se llegaron a registrar hasta 140 secuestros de personas en inmediaciones de los Farallones de Cali, y en su momento se ubicaron activos militares del ejército en lo que hoy se conoce como “alfaguara” debido a las constantes incursiones de este grupo armado en la población de este municipio. Uno de los eventos que más se recuerda fue la destrucción en un 40 por ciento de las instalaciones de “la 14” de alfaguara, atribuido a la columna José María Becerra del ELN.

En su momento los informes del ejército daban cuenta de un grupo de al menos 100 hombres del Frente 30 de las Farc y el Frente Manuel Cepeda Vargas, así como otros 100 hombres del ELN. A partir del 2000, con la llegada del Bloque Calima de las AUC a la vereda Timba (Jamundí), la zona vivió momentos de confrontación intensa y ataques contra la población civil en medio de la disputa que tenía este bloque con las guerrillas del ELN y las Farc, a quienes fueron desplazando.

Desde Jamundí empezó la avanzada de las AUC, que en su momento llegó a controlar toda la zona a lo largo de la vía panamericana hasta los límites con Nariño. Por su parte, el Naya fue desde entonces un objetivo de control territorial por parte de ambos actores del conflicto, por su salida estratégica al Pacífico.

 

Florida y pradera vs. Jamundí, las zonas del repliegue armado

En medio de un conflicto como el colombiano, las asimetrías en capacidades militares, tanto en términos de equipamiento como de disponibilidad de hombres, hacen que para los grupos y bandas ilegales sea muy difícil establecer una confrontación directa contra fuerzas policiales o militares sin sufrir las consecuencias. En este contexto, los aspectos geográficos y del territorio cobran una relevancia estratégica para estos grupos y buscan, a través de su aprovechamiento, compensar las asimetrías militares al tiempo que salvaguardan los pasos de droga. En este sentido, ambas zonas comparten similitudes que representan ventajas estratégicas para los grupos armados:

Florida y Pradera hacen parte de un corredor estratégico que comprende además los municipios de Miranda, Corinto, Toribío y fueron en su momento de vital importancia como una zona bisagra entre el sur del Tolima y el norte del Huila, históricos bastiones de concentración de las Farc. También estos municipios representaban la zona de retaguardia de las Farc, cuya geografía montañosa les permitía efectuar acciones militares y rápidamente replegarse hacia las cotas más altas evitando así la confrontación armada con fuerzas militares.

Ambas zonas comparten su cercanía con Cali. Esto les permite rápidos movimientos de movilización de insumos para el microtráfico para su posterior distribución a partir de otras bandas a nivel local, así como por temas de contrabando de mercancías, armas y otros elementos importantes para sus operaciones.


Áreas Ex – FARC, rutas de narcotráfico y presencia de actores armados en Florida y Pradera (Valle del Cauca) - Fuente: ProPacífico

Ambas representan valor estratégico en tanto comunican zonas de producción cocalera con zonas de posterior distribución a otros mercados. En el caso de Florida y Pradera, se comunicaba la zona de producción cocalera del oriente del país y los llanos con las rutas que iban hacia el océano Pacífico; ahora la zona de control se ha desplazado debido a que los cultivos se han ubicado recientemente más cerca de sus respectivas zonas de distribución (como es el caso del Pacífico litoral).

La zona montañosa de Jamundí conecta el lado oriental de la cordillera occidental (producción y paso de coca), con la zona del Pacífico por el río Naya (producción y distribución de coca), una espesa selva tropical justo en los límites entre el Valle y el Cauca.

El hecho de que el Naya y esta zona se encuentren directamente en la frontera político administrativa tiene otras implicaciones en términos de la respuesta institucional. A pesar de que en términos militares la Tercera Brigada tiene competencia continua sobre estos límites políticos, los organismos de Policía Departamental tanto del Valle como del Cauca en efecto sí se circunscriben a estos límites en su accionar, lo cual supone un reto de articulación y coordinación de la respuesta para esta zona.

 

Implicaciones para el Valle y para Cali

De no lograr un control territorial efectivo en esta zona por parte del Estado, lo primero que puede darse es una escalada del conflicto perpetrada por los grupos armados, disidencias y bandas que buscan controlar la zona. Esto generalmente está acompañado de violencia contra la población civil, desplazamientos al casco urbano y rupturas profundas de la estabilidad regional.

Así mismo, en un escenario de control territorial efectivo por parte de algún grupo armado se puede intensificar la problemática del microtráfico en zonas urbanas especialmente Jamundí y sus alrededores. Este municipio es hoy una de las ciudades intermedias que viene registrando uno de los mayores aumentos en términos demográficos, lo cual representa un mercado potencial para el narcotráfico que no dudará en copar de alguna manera.

Lo anterior, junto con el eventual fenómeno de conurbación de Cali con Jamundí, puede representar la llegada de nuevas bandas al nivel urbano que funcionen de enlace para los grupos que actualmente están disputando el control en la zona rural; o bien puede representar la expansión de las actuales en términos de su mercado interno. La inestabilidad de orden público propia de esta dinámica puede desincentivar la migración de personas hacia proyectos inmobiliarios en el municipio, e impactar negativamente las proyecciones económicas de la zona.  

Para el Naya, ser un corredor estratégico de droga representa más dificultades para que la oferta institucional llegue a los alejados centros poblados que se ubican a lo largo del río, y va a ser más difícil que se logren acuerdos de sustitución de cultivos ilícitos en una zona donde a ambos márgenes del río se han registrado amplias zonas de cultivo de coca.

De no controlar el piedemonte de Jamundí, esta zona podría convertirse como lo fue en su momento Florida y Pradera: una bisagra territorial de las rutas de narcotráfico tanto a lado y lado de las cordilleras, como sobre la cresta misma de la montaña hacia el norte y sur. Hoy Jamundí presenta aumentos de cultivos de coca, sin embargo sus particularidades territoriales lo pueden convertir fácilmente en la zona estrella de avanzada cocalera a lo largo de toda la cordillera occidental hasta El Tambo (Cauca), con conexiones hacia el río Micay y el río Naya.

Defender este fortín será uno de los principales retos de lo que queda del mandato de los actuales Alcaldes y Gobernadores, pero también debe ser parte de las agendas políticas de los nuevos gobernantes, quienes deberán enfrentar los anunciados reacomodamientos de crimen e ilegalidad propios del posconflicto y articular sus diferentes organismos policiales para responder efectivamente a estos recientes focos de amenazas e inestabilidad territorial.


Veredas en disputa y presencia de actores armados Jamundí (Valle del Cauca) - Fuente: ProPacífico

 
 
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Comentarios (1)

Julián

09 de Febrero

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Me gusta la manera como ilustra esta realidad de esta región, me queda mucho ...+ ver más

Me gusta la manera como ilustra esta realidad de esta región, me queda mucho más claro. Hace 20 años transitaba mucho por el sector de Corinto y Caloto y la comunidad convivía con ese conflicto armado y ya era parte de su vida. Es triste escuchar cómo hoy, en el 2019, se sigan escuchando los sonidos de la guerra en una región tan próspera. También me gustaría saber de lo que está pasando en el sector de Dagua y Loboguerrero . Gracias!