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Moisés Wasserman: ¿Cómo educar a los líderes del futuro?

Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional, estuvo en La Red Líder hablando sobre el panorama de la educación en el país, las carreras del futuro y las habilidades esenciales que deben enseñar las universidades, entre otros temas. 

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06 de Noviembre de 2018

*Foto: Juan Carlos Sierra / Revista Semana

R.L: El pasado 20 de julio, su columna en El Tiempo se tituló “Para qué sirve la universidad”. ¿Cuál es esta función que cumplen las universidades?

M.W: El desarrollo económico, social y cultural de los países dependen en gran medida de la capacidad que tengan de generar conocimiento nuevo, conocimiento que ayude a resolver sus problemas. La universidad no es solo un transmisor de conocimiento, sino que es un gran generador de nuevos conocimientos.

R.L: ¿Cree usted que algunas de las carreras que se ofrecen hoy van a desaparecer en los próximos años? ¿Qué hacer ante ese escenario de cambio acelerado?

M.W: La educación no debe concentrarse en educar para tareas específicas muy concretas. La educación debe formar personas con criterio, capaces de enfrentar problemas, de abordarlos, de resolverlos, de inventarse cosas nuevas. No se puede pensar en la formación como un entrenamiento para un oficio específico. Hoy en dia, cualquier oficio que se entrene de esa forma se vuelve obsoleto muy rápido. Muchas veces los empresarios confunden eso y piensan que prepararle a su gente es preparar un empleado que le maneje la máquina que tiene en ese momento, y eso no es así hace muchos años. Es como si en vez de educar comunicadores hubiéramos educado telegrafistas, pues hoy no tendríamos ni un solo comunicador.

R.L: ¿Cuáles son las carreras del futuro?

M.W: Probablemente existan carreras con nombres que hoy ni existen, pero estoy absolutamente convencido que seguiremos estudiando matemáticas, física, química, biología, ingeniería con distintos apellidos, ciencias sociales, sociología, economía y derecho. Van a haber algunas profesiones con apellidos, como la electromecánica, pero sustancialmente algunas disciplinas van a permanecer, aunque se combinen o se cambien de nombre. Ahora, es muy posible que la formación sea mucho más flexible y que una persona pueda escoger en una gama muchísimo más amplia y transversal de disciplinas en su programa formativo, y ojalá que fuera así. Yo creo que la tendencia es esa y en muchas universidades del país están avanzando con esa tendencia.

R.L: Ante este panorama, ¿qué capacidades y habilidades es clave promover y enseñar a los líderes del futuro?

M.W: La buena educación debe estar dirigida a la formación personal, intelectual y moral de una persona, a la formación de criterio y a la capacidad de resolver problemas. Si eso se hace bien, vamos a estar produciendo gente capaz de enfrentar los problemas que surjan y gente capaz de hacerse preguntas y propuestas nuevas.

R.L: ¿Cómo ve el futuro de la educación en línea y la educación no formal?

M.W: Una de las características del conocimiento actual es su muy rápida obsolescencia, y eso implica que se dé una absoluta necesidad de un proceso de educación permanente. Es decir, las personas al salir de la universidad tienen unas bases, pero deben empezar a renovarse de forma permanente todo el tiempo, y eso no podrá ser a través de aulas formales: tendrá que ser a través de otros medios. En ese sentido, la educación virtual va a tener un papel fundamental. Va a ser un apoyo muy importante a la educación formal.

R.L: En este escenario, ¿cuál es el papel del profesor? ¿Cómo se debe adaptar a los nuevos retos?

M.W: El buen profesor siempre fue más un acompañante que cualquier cosa, y cada vez más esa va a ser la tarea. Hoy en día el profesor no puede transmitir todos los conocimientos que tiene, pues son tantos y se multiplican tan rápido que ningún cerebro humano sería capaz de tenerlo todo. Segundo, porque los medios electrónicos permiten tener una información a tiempo real y más actualizada que la del profesor. Por lo tanto, su tarea es guiar. En el proceso educativo son más importantes las preguntas que las propias respuestas, entonces deben incentivar la pregunta. Predigo que esa tarea va a ser cada vez más importante: incitar preguntas, inquietudes y dudas.

R.L: ¿Qué tipo de líderes necesitamos educar en Colombia?

M.W: Cada vez me doy más cuenta de que el problema no está en nuestros líderes sino en nuestros liderados. Por eso, no solamente debemos pensar en los líderes que vamos a educar, sino que es importante pensar en los liderados que vamos a educar. Un líder es el que plantea un propósito que es aceptado por alguna mayoría que lo elige. Para lograr ese propósito, necesita unos liderados con una capacidad de aceptar y de acompañar iniciativas que posiblemente no son idénticas a las iniciativas que esa persona hubiera deseado, pero que son conducentes a una meta que le parece adecuada.

Pero hoy en día es muy difícil llegar a esa aceptación y la sociedad está profundamente polarizada. Muchos dicen que la polarización es muy buena y que solo se progresa a través de ella, y aunque eso puede ser cierto, la polarización es paralizante, impide que las cosas sucedan.

R.L: ¿Cuál es el papel de la educación pública en Colombia? 

M.W: La educación es el mejor instrumento que hay para generar equidad en las sociedades, y para generar movilidad y progreso social. En esa educación como instrumento fundamental, la educación pública es sumamente importante, y más en un país como Colombia en el cual hay de partida una inequidad muy grande. La educación pública es el instrumento ideal para compensar esa inequidad. Por esta razón, es muy importante apoyar la educación pública. Debemos esforzarnos porque progrese y tenga excelente calidad, porque una educación sin calidad es, por definición, inequitativa.

R.L: ¿Y el de la educación privada?

M.W: La universidad privada juega un papel muy importante en la educación superior en Colombia. No podríamos pensar, por lo menos no en forma realista, que de un momento a otro se pudiera reemplazar ese esfuerzo de educación privada por educación meramente pública. No hay que olvidar que hay un esfuerzo privado muy importante y ese esfuerzo también tiene que ser tomado en cuenta y apoyado incluso por el Estado. Yo no soy de los que piensa que el Estado no puede apoyar a lo privado, porque al fin y al cabo si las instituciones son verdaderamente sin ánimo de lucro, finalmente lo que están haciendo es prestar un servicio público.

R.L: ¿Cómo solucionar el difícil pulso que hay actualmente entre gobierno y universidades públicas?

M.W: Hace varios años el país está en mora de encontrar un modelo de financiamiento adecuado que permita el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la educación superior pública. El sistema de la ley 30 del 92 colapsó hace ya algunos años, lo que ha mantenido a las universidades en una situación de angustia. Ahora se deben dedicar a sobrevivir y eso les quita capacidad de invertir en investigación y en infraestructura. Ojalá esta sea la oportunidad para que la sociedad colombiana encuentre un modelo definitivo de financiamiento adecuado, que permita estabilidad a largo término, que permita crecimiento y que permita mejora de calidad.

R.L: Teniendo en cuenta los últimos acontecimientos en torno a la definición del Presupuesto General de la Nación para las universidades públicas, ¿cuáles deberían ser las prioridades?

M.W: Colombia se ha puesto la muy ambiciosa meta de tener 80% de cobertura de educación de calidad para el 2032. Esta sería la cobertura apropiada para países de la OCDE. Esto implica un enorme crecimiento en cupos, para el que se debe crecer el sistema público y el sistema privado. Pero lo importante en esto no es tanto lo público y lo privado, sino un sistema que dé oportunidades a todos los jóvenes y no los inhabilite en la construcción de su vida después de la universidad. Es decir, que no les genere unas deudas que se generan a veces después de estudiar que hacen que luego la persona no pueda hacer una familia, un posgrado, y que no pueda desarrollar sus habilidades en los siguientes años porque tiene que estar concentrado en pagar deudas. Tiene que ser un modelo realmente que utilice lo público y lo privado para generar igualdad de oportunidades a los jóvenes y que no los hipoteque de por vida.

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