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“Los procesos de la democracia se dificultan en la era digital”: Hubert Gehring

En la Red Líder queremos entender el liderazgo político de diversos países. En este caso estuvimos con el alemán Hubert Gehring, representante de la Fundación Konrad Adenauer en Colombia, hablando sobre las fortalezas de su país, sus líderes y sus retos principales.

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04 de Julio de 2018

Red Líder: ¿Cómo describiría el liderazgo político en Alemania?

Hubert Gehring: Gracias a Dios todavía tenemos en Alemania un liderazgo con base en partidos políticos, pues los líderes crecen desde ahí, y sin ellos nunca llegarían a ser cancilleres, y esa es la meta. Nosotros insistimos en que la creación de ideas políticas se da sobre la base de partidos políticos, y qué bueno que todavía los tenemos, en comparación con Colombia, pensando un poco en las últimas elecciones, donde la mayoría de los candidatos a la Presidencia llegó sin partidos políticos, más bien tratando de alejarse de estos.

Un segundo punto es que en Alemania un líder de un partido político nunca es elegido como canciller del pueblo, como sucede en Colombia. Nosotros votamos por candidatos para el Congreso y los diputados de los diferentes partidos en Alemania buscan una mayoría. Y el último paso es la elección de un canciller en el Congreso. Es decir que el canciller necesita la mayoría en el Bundestag (el Parlamento Federal). El ciudadano en sí no tiene la última palabra. Nosotros votamos a favor de congresistas y cada lista tiene una cabeza, que muchas veces son los jefes de los diferentes partidos. Por ejemplo, en el caso alemán, Ángela Merkel es jefa del partido CDU. En pocas palabras, en el sistema parlamentario, el Parlamento tiene mucho más impacto e importancia con respecto al canciller. Si un candidato no tiene mayoría en el Congreso, no funciona.

Finalmente, en Alemania nunca se ha dado el caso de que un partido o el grupo parlamentario de un partido en el Congreso tenga la mayoría. Siempre son varios, son coaliciones. Eso lo hace un poco más difícil. Hay que hacer compromisos, acuerdos, alianzas. Acá es más fácil, gana uno y ese mismo día todos van a buscarlo.

R.L: ¿Qué líderes vale la pena destacar en Alemania y por qué? 

H.G: Tenemos unos muy claros. Voy a mencionar solo tres de diferentes partidos. Tuvimos un canciller muy importante en los años setenta, Willy Brandt, del Partido Socialdemócrata, quien lideró los temas de reconciliación de Alemania con los países del Este. Eso fue algo muy importante. Fue casi la condición para la reunificación de Alemania muchos años después, fue el comienzo.

Un segundo líder fue Helmut Kohl, quien tuvo dos temas grandes. Uno, la integración de Alemania a la Unión Europea, además de tratados y acuerdos muy importantes a este nivel. Como segundo punto, Kohl fue una de las figuras más importantes de la reunificación de Alemania. Esos dos temas siempre van a estar relacionados con su nombre.

El tercero es Ángela Merkel. Una canciller con mucha paciencia en tiempos muy difíciles. Hoy en día muchos ciudadanos esperan soluciones fáciles. En una democracia no hay soluciones fáciles y mucho menos en la situación actual en la cual tenemos problemas difíciles. Uno no puede esperar que para un problema difícil haya una solución fácil. Con la subida del populismo y del nacionalismo, la gente espera eso con más fuerza, porque hay políticos que lo prometen. Insisto, problemas difíciles requieren soluciones complejas. Merkel cerró los reactores nucleares, el tema energía, un tema clave para un país. Hoy en día Alemania está en el camino de las energías alternativas. Y claro un asunto clave que siempre va a estar conectado con ella es el de la migración. Ya en estos días tenemos una situación política bastante difícil en Alemania y en Europa. Y ella, con mucha paciencia creo yo, está buscando un equilibrio entre puntos de ayuda y puntos de control de esta migración. Esto es muy difícil, pero ya la Unión Europea tuvo una reunión y llegaron a un acuerdo para proteger mucho más las fronteras para reducir la migración.

R.L: Cada país tiene su propia cultura de liderazgo. ¿Sobre qué bases se ha desarrollado esta cultura en su país?

H.G: Para hablar de este tema tenemos que volver un poco sobre el pasado. En Alemania tuvimos por muchos siglos nobles, reyes y emperadores que gobernaron por regiones y a toda Alemania. En el siglo XIX se desarrollaron iniciativas de estudiantes que dijeron “no queremos más gobiernos de nobles o de reyes, queremos gobiernos de nosotros, del pueblo”. Salieron a las calles, y en el año 1848 tuvimos en Frankfurt, en la Paulskirche, o Iglesia de Pablo, la primera reunión de representantes del pueblo. Ese fue el comienzo de los gobiernos de este tipo y de una representación de diferentes sectores de la sociedad en Alemania. Y después de la Segunda Guerra Mundial se dio la creación de una constitución muy nueva y muy plural, con base en el sistema del parlamentarismo. Y desde ese tiempo estamos bastante bien. Aunque también en esos años pudimos ver puntos problemáticos, como ustedes acá con el sistema presidencial y con el populismo, por ejemplo, que no depende de un sistema.

R.L: ¿Cuáles son los mayores retos a los que se enfrentan los líderes políticos en Alemania?    

H.G: Yo veo dos retos principales. Primero, los ciudadanos quieren respuestas y soluciones inmediatas. No creen en acuerdos difíciles entre partidos y buscan además respuestas fáciles para problemas difíciles. Personalmente no creo que eso pueda funcionar, porque los procesos en una democracia necesitan tiempo, reuniones entre los diversos partidos, entre los diferentes líderes. Además, un acuerdo en una democracia tiene ganadores y perdedores. Nunca todo el mundo va a quedar contento. Hoy en día además algunos grupos quieren todo y si no tienen todo dicen “no, no quiero irme más con este partido, con esta visión o con este político”.

Un segundo punto es que los partidos deben acomodarse a la era digital. Los líderes deben estar actualizados a cada minuto. El internet, las redes sociales y los mismos medios de comunicación generan información en segundos. Creo que este desarrollo influye además en las expectativas de los individuos frente a la política. Esperan que la política funcione de la misma manera que la generación de información. Y eso no es así, y creo que los mismos partidos políticos deberían trabajar en eso, deberían tomar por un lado en cuenta este ritmo, pero por otro tratar de explicar y decir “nosotros no somos medios de comunicación, nosotros somos representantes del pueblo y en un pueblo hay opiniones diferentes y por esto nuestras soluciones requieren más tiempo, requieren también acuerdos”. Es decir, los procesos de la democracia se dificultan en la era digital, y esto pasa en todos los países. En un país con un sistema presidencial, y en un país con un sistema parlamentario.

R.L: ¿Cuáles son los impactos de un liderazgo populista, tanto en su país como por ejemplo en la región?

H.G: Puedo nombrar tres impactos importantes. Uno, el aumento del nacionalismo. Soluciones fáciles, líderes con propuestas fáciles para problemas difíciles. Propuestas como “Alemania para los alemanes”, o que no queremos migrantes, o por qué no cerramos las fronteras, ese tipo de cosas. Y eso exactamente en un momento en que, desde mi punto de vista, necesitamos lo contrario. Necesitamos más y más conexiones, no solamente con países vecinos, sino también con la región y con regiones supra, es decir Asia, África, donde sea. Hablando del tema de comercio o de seguridad, por ejemplo. Para mí el tema narcotráfico no es un tema colombiano, ni es un tema peruano, ni es un problema aislado de Bolivia. El narcotráfico es un tema internacional, con países de producción y países de consumo, y problemas internacionales requieren soluciones internacionales, y no soluciones aisladas. Por eso, desde mi punto de vista, necesitamos más y más conexiones, más intercambio, más soluciones internacionales y menos nacionales. Pero eso es muy difícil.

Un segundo impacto, vuelvo y digo, es que los ciudadanos realmente creen en recetas fáciles planteadas por partidos populistas. Cada vez más. Eso lo podemos observar en el caso alemán en el tema de migración. Tenemos un nuevo partido a la derecha del espectro político, la Alternativa para Alemania, un partido que creció porque los partidos tradicionales necesitan mucho tiempo. Y obviamente algunos ciudadanos pierden la paciencia, quieren las soluciones más rápidas y quieren las soluciones para Alemania, para protegernos. Esa es una situación bastante difícil. Si bien es necesario tomar en cuenta los problemas de los ciudadanos, por otro lado, hay que explicarles que una democracia no es el sistema que produce soluciones en un día. La democracia vive de opiniones diferentes y construir acuerdos también necesita la disponibilidad de aceptar el 60% y no siempre querer el 100%. Explicarles eso a los ciudadanos es una tarea que tenemos todos nosotros y la misma política y los mismos líderes. La actitud de los líderes democráticos hasta este momento es querer hacer las cosas mejor y más rápido que los mismos populistas. Es decir, no tratan de argumentar en contra del populismo, sino de correr con. Casi como una competencia. Para los demócratas es tiempo de argumentar en favor de la democracia y de los procesos democráticos.

Un tercer impacto es que a la democracia le es muy difícil competir con esas recetas fáciles. Entonces a los partidos políticos tradicionales les tocará competir con esas propuestas, pero también deberán tratar de convencer a los ciudadanos, y para ello hay que salir de los clubs e ir a las regiones y hablar con la gente, en los municipios. Los partidos políticos necesitan por un lado una conexión vertical con las organizaciones del mismo partido, pero casi más importante hoy en día, una conexión horizontal con varios grupos de la sociedad, en las regiones y menos en Bogotá, y lo mismo en Alemania.

Yo observo un efecto que es contradictorio y es que entre más presión hay, los políticos hablan cada vez más con sus propios amigos, y si yo hablo con amigos nunca voy a tener un no como respuesta, o una respuesta problemática. Creo que los políticos deberían hacer lo contrario también, hablar con los críticos. Allí tienen el chance de ganar votos, de convencer a los críticos. Y no solamente hablar sobre el otro, sino con el otro, este es otro punto.

R.L: ¿Cómo piensa usted que se puede promover el liderazgo político?

H.G: Primero, trabajar para convencer, y es un camino difícil, porque convencer es también discutir con opiniones plurales, diferentes, pero desde mi punto de vista es la única posibilidad.

Además, se necesitan líderes, no solamente El Líder, sino líderes diferentes en varios niveles, y la disponibilidad de salir de sus oficinas e ir hasta donde los campesinos, por ejemplo, en El Meta o El Cauca, o donde sea. Y lo mismo en Alemania. Ir a donde la gente que vive en las regiones, y no solamente en la ciudad con soluciones fáciles. Buscando acuerdos que no siempre son perfectos. Eso no es nuestra vida. ¿Qué en nuestra vida es perfecto? Casi nada. Entonces tampoco hay acuerdos perfectos.

Pienso en Alemania. Allí tenemos una organización, que deberíamos fortalecer, una organización grande con un nivel nacional y regional. Es un instituto de formación política, no una formación acerca de una ideología o de un partido. Es una formación política acerca del sistema de la democracia, de los procesos en una democracia, acerca de preguntas y discusiones que en el momento son muy actuales. Migración, cómo combatir la pobreza, cómo mejorar el tema de género, este tipo de cosas. Esta organización, que se llama Bundeszentrale für Politische Bildung, está presente en todos los departamentos. Es una central para formación política a nivel nacional y los fondos vienen del Estado. Es políticamente independiente, pues la democracia es la ideología.

R.L: ¿Qué cualidades necesitan los líderes políticos para enfrentarse a este complejo entorno político?

H.G: Nervios fuertes. Una convicción fuerte. La habilidad para llegar a acuerdos y, por otro lado, un sentido fuerte de poder. Si uno no quiere el poder, mejor no entrar en este juego. Para mí casi lo más importante, hablando más del sistema que del individuo, es dar a todos, independientemente del estrato, la posibilidad de entrar en este trabajo político y tratar, a lo menos, de evitar un sistema de delfines. Es decir, una democracia necesita a todos y no solamente a miembros de cien familias. Necesita campesinos, necesita más mujeres, pues las mujeres son el 50% de una población, necesita también a trabajadores, y no solamente a abogados de Harvard. Porque la democracia vive de una representación del pueblo y a veces en nuestros congresos y parlamentos, si vemos a nuestros congresistas y diputados, pues no es una representación comparable. Son muchos abogados, muchos funcionarios, y este es un punto importante, cuidar que realmente tengamos una representación de todos los grupos de una sociedad.

 

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Comentarios (1)

Alejandro Jaramillo Hoyos

05 de Julio

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