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“La prostitución es un detonante de otras problemáticas”: María Paula Moreno.

Hablamos con María Paula Moreno, directora de proyectos culturales de la Fundación Vida Nueva y directora de Casa Nuda, sobre la problemática de la prostitución en Bogotá y las consecuencias que trae para la sociedad.

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27 de Marzo de 2018

Red Líder: ¿En qué consiste la iniciativa de liderazgo de la Fundación Vida Nueva?

María Paula Moreno: El proceso por el cual ha pasado la Fundación, la cual cuenta ya con 30 años de historia, se dio gracias a la voluntad y a la intención de Nora Cruz de ayudar a mujeres prostituidas. La Fundación se creó porque Nora empezó a conocer la problemática y quiso ayudarlas. Entonces, se generó una comunidad pequeña que después fue creciendo.

Los primeros grupos se dieron como encuentros para sanar, donde cada miércoles se reunían para que cada mujer hablara de sus experiencias, sanara heridas, oraran y se sintieran acompañadas. Dentro de esa experiencia comenzó a fortalecerse el mensaje de que cada mujer valía mucho, algo que las mujeres de la comunidad nunca en la vida habían escuchado o visto.

Hemos visto que estas personas llegan a la prostitución por varios factores. Son muy diversas las causas, pero siempre es por una necesidad. Algunas han estado expuestas a la violación, a la venta por parte de sus familias o a la explotación por parte de las mismas, al abandono, a la trata de blancas, a la pobreza o al desplazamiento forzado. Todas llegan con historias diferentes y aterrizan en Bogotá donde la única forma de sobrevivir es prostituyéndose. Igualmente, hay que tener en cuenta que la prostitución implica rodearse de drogas, delincuencia, vivir en inquilinatos y la falta de seguridad, por lo que sus hijos crecen en un ambiente poco sano. Entonces la problemática se amplía, y el impacto de la Fundación en la vida de las mujeres es lograr plantar una semilla para que entiendan que están para hacer muchas más cosas en el mundo y contribuir con sus talentos y regalos, donde realmente se valoren.

Además de ese trabajo, que es muy introspectivo y personal con cada mujer, cuando alguna se vincula con la Fundación accede a ayudas y proyectos de educación y de vivienda junto con sus hijos. Ahí se corta la cadena de delincuencia, porque si esta mujer se salva, sus hijos también lo harán.

R.L: ¿Qué es lo distintivo de esta iniciativa?

M.P.M: De por sí trabajar con mujeres prostituidas es bastante particular en una ciudad como Bogotá, donde la cultura quita un poco la mirada hacía esas cosas que no nos gustan tanto. Pero más allá de eso, algo muy distintivo es que la fundación ayuda a las mujeres y a sus hijos, que normalmente no son menos de 5 niños.

R.L: ¿Cuáles han sido los resultados durante estos 30 años?

M.P.M: Tenemos cuatro generaciones de personas impactadas. En ese sentido, nos mantenemos en contacto con niños que tienen acceso a la educación porque su abuela estuvo en la Fundación hace unos 25 años. No te podría dar una cifra exacta, pero estamos hablando de impactar 70 mujeres nuevas al año, es decir alrededor de 2.100 mujeres y sus familias. 

Hablamos de población impactada porque hay que tener en cuenta que el proceso de salir de la prostitución es muy irregular, pues estas mujeres se enfrentan a diario a diferentes problemas. Cuando deciden salir e intentan emplearse en otra cosa, se dan cuenta que vendiendo arepas en la esquina no les alcanza para mantener a sus hijos y entonces vuelven. Es muy difícil para ellas mantenerse lejos de la prostitución cuando no tienen un círculo que las apoye para construir sus vidas desde cero.  

R.L: ¿Qué es lo peor a lo que se enfrentan estas mujeres?

M.P.M: Todos los días se despiertan y se tienen que enfrentar a que tienen en sus manos su propio bienestar y su dignidad contra su sobrevivencia y la de sus hijos. Para ellas todos los días son un infierno. Pero creo que lo peor a lo que se pueden llegar a enfrentar es cuando se meten con las drogas para mantenerse alejadas de su realidad, porque el sufrimiento es imposible de llevar conscientemente. Esto lleva, muchas veces, a que les quiten a sus hijos siendo un proceso muy doloroso. La mayoría de las mujeres que quieren salirse de la prostitución es porque, ante todo, quieren recuperar a sus hijos.

R.L: ¿Por qué la iniciativa es positiva para la sociedad?

M.P.M: Creo que la prostitución es una problemática a la que la gente no le ha dado la relevancia que tiene, porque dentro de esta actividad hay explotación de estas mujeres y se reúnen muchas otras problemáticas como las drogas y la delincuencia común. Realmente ahí es donde se generan esas pequeñas ollas que nosotros, como sociedad civil, terminamos ignorando. Además, mientras nosotros lo ignoramos, la prostitución no solo afecta a la mujer explotada, sino también a sus hijos y a su familia. Entonces es un tema que, en términos sociales, es una especie de detonante de muchas otras problemáticas.

En términos culturales, la Fundación es abolicionista. Es decir que Vida Nueva nunca apoyaría una ley que diga que la prostitución es legal, porque somos conscientes que ninguna mujer nace con la vocación de ser prostituta, ni lo disfruta, siempre llegan porque es el último recurso. Por esto no podemos apoyar una actividad económica cuando existe a costa de la dignidad y los derechos humanos de estas mujeres. Vemos que la prostitución es una forma de explotación y muchas veces las mujeres no se dan cuenta de que están siendo explotadas, porque es lo único que conocen.

R.L: ¿Qué medidas han logrado identificar para prevenir que las mujeres caigan en la prostitución?

M.P.M: Nosotros respondemos a la creencia que dice que la prostitución nunca se va a acabar, pensando que siempre va a haber una mujer feliz de salir de esto. Es muy difícil prevenir que crezca la prostitución por las diferentes condiciones del país. Por ejemplo, la cantidad de mujeres venezolanas que están viniendo a prostituirse es ridícula, porque la necesidad y la pobreza es lo que las empuja a tomar esa decisión.

Ahora, lo único que podemos hacer preventivamente es lo que se está haciendo a nivel mundial, donde se busca que la mujer, como género, se fortalezca y se apoyen entre sí para caer en cuenta de que son más de lo que creen ser.

R.L: ¿Cómo funciona la situación con los proxenetas?

M.P.M: Es muy peligroso. La corriente y las comunidades abolicionistas tienen que tener temas de seguridad muy fuertes. Por su parte, las mujeres que deciden dejar la prostitución tienen que esconderse.

La Fundación muchas veces se ha visto amenazada. Incluso en los barrios algunas veces no nos han dejado acceder. De otro lado, hay unos proxenetas que ni se preocupan porque saben que salir de la prostitución es tan difícil que las mujeres van a terminar volviendo. Para ellos el riesgo real es que la prostitución sea totalmente legal.                                                                                                              

R.L: ¿Cómo ha sido el liderazgo colectivo en su experiencia?

M.P.M: Vida Nueva se mueve gracias a la comunidad. Nora logra sacar a un pequeño grupo de mujeres de la prostitución, y cada una a su vez, se convierte en agente de cambio dentro de su entorno. Entonces cada una se vuelve líder. Actualmente son mujeres que manejan proyectos sociales en diferentes barrios de Bogotá. Ellas son también quienes logran entender a las otras mujeres porque han pasado por lo mismo. Entonces, dentro de su proceso, se vuelven líderes y jalan a más mujeres.

R.L: En 2017 la Fundación ganó un estímulo para promover los derechos culturales de las mujeres con el proyecto Alas para mis sueños. ¿En qué consistió?

M.P.M: Norita siempre ha tenido un diario de oraciones. Ella tiene una biblioteca llena de cuadernos porque todas las noches escribe. Eso se lo transmitió a las mujeres y la mayoría escribe como una forma de catarsis. De ahí, mi tía pensó que sería muy bonito que las mujeres vieran que podían sacar un libro que la gente pudiera comprar. 

Por esto, el año pasado busqué apoyo y encontré la convocatoria de Estímulos de los derechos culturales de las mujeres. Para concursar, decidimos aliarnos con Sebastián Gónima, un pedagogo que ha trabajado con población vulnerable en cárceles. Queríamos hacer una serie de talleres durante 6 meses, donde se les acompañaba en todo el proceso de escribir cuentos. No queríamos que se basara en el pasado de las mujeres y todo lo que buscaban olvidar, sino en cuentos para dormir donde pudieran proyectar toda su creatividad, talentos e imaginación. 

Con el proyecto logramos entender que ellas no pueden hablar de cosas diferentes a las que han vivido. Cada proceso fue de catarsis, pues más allá de aprender sobre literatura y la estructura de un cuento, cada mujer fue capaz de expresar muchas cosas que no había sido capaz de decir en voz alta. El resultado de este libro es una serie de cuentos, relatos e historias de vida.

R.L: ¿Qué proyectos tienen pensados para este año?

M.P.M: Actualmente estamos trabajando con el mismo grupo de mujeres en un proyecto de creación corporal. Este es un trabajo narrativo, liderado por una literata de la Universidad Javeriana, donde se explora la narrativa a través del cuerpo, las manualidades y la escultura. En cada sesión se trabaja un ejercicio diferente y todo se registra en un diario. Finalmente, el producto de esos talleres es el diario hecho por cada una de las mujeres donde muestran cómo se sienten a través del arte.

También tenemos el grupo de teatro, donde se reúnen mujeres que llevan trabajando en esto más de 10 años. Ahora tienen una serie de monólogos increíbles y han logrado viajar en años anteriores fuera del país a presentar sus obras.

R.L: ¿Cuál ha sido el trago más amargo?

M.P.M: Bastantes. La envidia y la traición de la gente a la que quieres ayudar es uno de ellos. Por ejemplo, el simple hecho de que un grupo de mujeres robe a la Fundación porque hubo alguna discusión con una mujer que hace parte de nuestro grupo.

R.L: ¿Y el momento más satisfactorio?

M.P.M: Para mí es el caso de la primera mujer que salió de la prostitución. Blanca Rodríguez era una líder prostituta, conocida en el sector por ser violenta. Esta mujer tuvo 4 hijos, que tienen más o menos mi edad, y pude conocerlos y crecer con ellos. Uno de ellos, Anderson, actualmente trabaja en una multinacional, ha viajado, está felizmente casado, tiene una familia hermosa y todo ha sido porque la Gorda Blanca pudo dejar atrás esa vida oscura y aislar a sus hijos.  Ahora todos tienen educación superior, casa propia y son personas que aportan a la sociedad. Anderson todos los años nos escribe dándonos las gracias y eso es muy satisfactorio. Como esa historia hay muchas otras. 

R.L: ¿Qué sigue ahora?

M.P.M: En este momento nos estamos enfocando en tres cosas. El proyecto de educación para las mujeres para que puedan llegar a tener una formación mínima y puedan aplicar a un trabajo digno.

El proyecto de Casa Nuda, donde estamos enfocando todos los proyectos de arte y empoderamiento de las mujeres. También le apostamos a que se vuelva un proyecto sostenible para que la Fundación pueda apoyarse en éste y le dé una oportunidad de empleo a las mujeres.

Por último, está un Techo para Colombia, la fundación hermana de Vida Nueva. Es una iniciativa que trajo la Norita hace más de 20 años de Chile, donde se entregan casas prefabricadas y de buena calidad a las mujeres. Ellas tienen que pagar un precio simbólico, que significa un gran esfuerzo.

Información de los líderes

Actividad profesional de los líderes:

Nora Cruz, fundadora y directora de la Fundación Vida Nueva.

María Paula Moreno, directora de proyectos culturales de la Fundación Vida Nueva y directora de Casa Nuda.

Redes Sociales

Instagram: @Fundvidanueva y @Casanuda

Facebook: Fundación Vida Nueva y Casa Nuda

 

 

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