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Empresarios por la educación del país

Hablamos con María Carolina Meza, Directora de la Fundación Empresarios por la Educación. Ellos llevan 16 años trabajando por mejorar el liderazgo de los rectores, influir en la toma de decisiones del sector público y reducir la brecha educativa del país.

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30 de Noviembre de 2018

Red Líder: ¿Cómo nació la Fundación Empresarios por la Educación?

María Carolina Meza: La fundación nació hace 16 años por iniciativa de un grupo de empresarios muy fuertes, entre ellos Nicanor Restrepo, que en ese momento era el presidente de Sura, José Alejandro Cortés del Grupo Bolívar Davivienda, Alberto Espinosa, que era el presidente de Crem Helado, Antonio Celia, presidente de Promigás en ese momento, y Carlos Arcesio Paz de Harinera del Valle.

Todos tenían un interés muy fuerte por la educación y una conciencia muy grande de la relación que hay entre el bienestar para país y la educación. Ellos entendían que, si no hay educación, no hay desarrollo, seguridad, productividad ni bienestar. Entonces se pusieron a buscar más empresarios por todo Colombia y a sus esfuerzos se sumaron empresas como Corona y la Federación Nacional de Cafeteros.

R.L: ¿Cuál es el objetivo de la FExE?

M.C.M: La misión es el mejoramiento de la calidad de la educación pública básica y media. Hace 16 años no había tanta conciencia y tanta investigación sobre el papel de la primera infancia, y se veía que la clave era darles a los niños unas competencias básicas fuertes.

R.L: ¿Qué líneas de acción tienen para cumplir este objetivo?

M.C.M: Desde el inicio se han trabajado tres focos: el primero es la generación de conocimiento en educación para ayudar a que el país tenga más datos, cifras, evidencia e información sobre la educación para poder tomar mejores decisiones. El segundo es incidencia, que podamos tener mejor información para que se tomen mejores decisiones en el sector público y también para que el sector privado pueda invertir en educación de forma informada. El tercero es que hacemos un trabajo fuerte en intervención en campo, un trabajo directo acompañando colegios.

R.L: ¿Y cómo funciona el trabajo de intervención?

M.C.M: Llevamos años trabajando en el tema de liderazgo escolar, que tiene que ver básicamente con cómo fortalecer a los rectores, coordinadores y equipos directivos de los colegios.

Tenemos un programa que se llama rectores líderes transformadores, en donde hemos formado más de 1400 personas, rectores y coordinadores, de todo el país: urbanos, indígenas, rurales, etc. Es un proceso de formación de dos años, en donde se trabaja con el rector en la gestión administrativa del equipo y de los recursos, formándolos para que puedan hacer un mejor liderazgo pedagógico en el colegio y en su desarrollo personal.

R.L: ¿Por qué intervienen específicamente en los rectores?

M.C.M: Si tú transformas al líder, transformas todo el ambiente escolar. El rector es el que permite que los profesores innoven y sean creativos. Los colegios necesitan un rector abierto. Estamos convencidos de que la buena gestión y el buen liderazgo pasa por todas las competencias personales. Si una persona no está abierta a escuchar a los demás, si no está abierta a distribuir el poder, si no trabaja en equipo y si no empodera a la gente, la organización no avanza.

Uno en educación habla del currículo explícito y el currículo oculto. El explícito es lo que está en el papel, y el oculto son todas las prácticas que se hacen que enseñan más de lo que se enseña en el papel. Si quieres enseñar de ciudadanía, tú puedes poner a los niños a memorizar la definición de honestidad, pero si el niño ve prácticas en el colegio deshonestas, el niño aprende que así funcionan las cosas. El currículo oculto en educación es casi que más importante que el explícito. El rector y las figuras directivas, los líderes, tienen un impacto muy fuerte en el currículo oculto.

R.L: ¿Cuáles son las capacidades o habilidades esenciales que se le deben enseñar a los niños ante el panorama tan complejo al que hoy nos enfrentamos?

M.C.M: Ética. Necesitamos que los niños salgan de nuestro sistema educativo convencidos de que ellos pueden transformar el país, que tienen las competencias para hacerlo, pero sobre todo con unas convicciones éticas muy fuertes. Tenemos que enseñarles que sus acciones tienen impacto en todos y que no pueden buscar únicamente su bienestar personal, que deben ser solidarios con los demás.

Creo que el currículo oculto está muy relacionado con esto. En la cotidianidad de la escuela no se puede olvidar que se está enseñando con cada acto. Tanto las acciones y las omisiones son enseñanzas.

R.L: ¿Cómo formar a los líderes del futuro?

M.C.M: El liderazgo tiene mucho que ver con el sentido de vida. Los colegios deben ayudar a que los jóvenes encuentren el sentido de la vida, a que conozcan sus propósitos, sus talentos, lo que les gusta, lo que la sociedad necesita y está dispuesta a pagarles. En esa medida, el aprendizaje cobra más sentido y hace que los niños quieran permanecer en el colegio.

R.L: Pareciera que modelo educativo se quedó estancado en el siglo pasado. ¿Cree Ud. que la educación atiende estos cambios sociales?

M.C.M: El modelo educativo necesita cambios profundos, pero al sector educativo le ha dado mucho miedo innovar. Es un sector muy conservador y tradicional. Hoy en día, los sistemas que están a la vanguardia muestran cómo los niños aprenden haciendo. La memoria se fija en la práctica. Los niños deben aprender a hacer preguntas auténticas, a investigar y a descubrir.

Nuestros colegios tienen que implementar pedagogías más activas, y eso implica romper el miedo de todo el sistema. Pensamos que entre más contenido se les meta a los niños es mejor, pero la verdad es que menos es más. Menos contenidos con más profundidad es mejor. Se requiere una transformación profunda, y esto se logra formando de forma distinta a maestros y a rectores.

R.L: ¿Cuáles son los principales problemas del sistema educativo del país?

M.C.M: En una investigación reciente, la fundación encontró que hay tres problemas principales. El primero es la equidad. Hemos avanzado en educación, pero seguimos teniendo brechas enormes. Un niño en el campo puede aspirar a tener cinco años de escuela, mientras que un niño en zona urbana puede aspirar a tener nueve. Eso es una injusticia de raíz grandísima. Quiere decir que literalmente el sitio geográfico donde naces determina la educación que vas a recibir.

Otro reto es en general el de aprendizaje. Nuestros colegios tienen que garantizar que los niños salgan con competencias básicas fuertes y esto no lo estamos logrando. Las instituciones educativas tienen un rezago muy grande, y esto se ve en pruebas internacionales como las pruebas PISA en donde estamos en la cola. Colombia ha avanzado, pero seguimos estando muy atrás. A mí me aterra que los niños de 15 años de los mejores colegios en Colombia aprenden menos que los niños de 15 años de los peores colegios de Finlandia. Esto muestra que el país no lo está logrando como sistema educativo.

El tercer tema es que financieramente tampoco lo estamos logrando. No tenemos suficiente plata para invertir en educación. Pero esto es un círculo vicioso porque no vamos a tener más plata mientras nuestros ciudadanos no generen más productividad. Hay países que han entendido que, si no invierten en educación, no van a tener más recursos. Y eso es algo que Colombia no ha entendido. Además, somos el país de Latinoamérica que menos invierte en educación, y además la gente se está robando estos recursos invertidos. No es solo que no tengamos recursos suficientes, sino que los que tenemos no los sabemos administrar, o nos los robamos.

R.L: Ante este panorama, ¿cuáles deberían ser las prioridades a la hora de invertir en educación?

M.C.M: Nivelar brechas. El país tiene que invertir más y mejor en el campo, preocuparse por que el campo tenga condiciones mínimas de equidad para que los niños logren los aprendizajes básicos y logren desarrollar sus competencias que van a usar en la sociedad. Si tú no tienes buenas condiciones, van a haber más migraciones a la ciudad y esto va a generar más violencia y más problemas. Hay que mejorar las condiciones de infraestructura: aproximadamente el 60% de los colegios rurales tienen problemas de alcantarillado y de luz.

En el tema de aprendizajes, hay un reto muy grande que es formación y acompañamiento a rectores y docentes. la calidad de los aprendizajes está muy marcada por el profesor, y en Colombia hay muy buenos profesores, pero necesitan más acompañamiento, herramientas, evaluaciones, formación, y eso es muy costoso. Lo mismo con los rectores. Esto implica trabajar muy fuertemente con las facultades de educación, pero además facilitar herramientas para que ellos continúen formándose. También hay que fortalecer mucho las Secretarías de Educación y tenemos que garantizar que usen bien los recursos.

R.L: ¿Qué impactos y resultados han visto desde la fundación?

M.C.M: La fundación ha ayudado a posicionar el tema de la educación en la sociedad. Hoy en día, muchas empresas aportan a la educación. Nosotros tenemos un sistema que vigila la inversión privada y pública en educación, y ya hay unas 250 empresas registradas desarrollando proyectos en educación. Sabemos que hay más, pues hoy en día la educación es un tema preferido en inversión social y creo que la fundación ha jugado un papel importante ahí, en ayudar a que los empresarios se den cuenta de la importancia de invertir en educación.

Más puntualmente, la evaluación de impacto nos muestra que formar a los rectores sí mejora el aprendizaje de los niños. La fundación ha ayudado a visibilizar la importancia del rector en las instituciones educativas, pues si uno forma y acompaña a los rectores es más fácil llegar a los niños.

R.L: ¿Cómo incidir en esa toma de decisiones del sector público?

M.C.M: Lo que hemos tratado desde el inicio es que los empresarios tengan un espacio de comunicación constante con el Ministerio de Educación, en donde pueden apoyar programas clave del ministerio. La fundación ha trabajado muy de cerca con el Ministerio, siempre viendo cómo apoyar mejores políticas públicas, mejores decisiones, que se mantengan programas claves y que se sigan trabajando temas prioritarios.

La fundación también ha ayudado en esa articulación de nación territorio, que es tan compleja. Tratamos de ayudar a que el nivel nacional entienda qué está pasando en las regiones, las necesidades, y que las políticas resuelvan esas necesidades y problemas regionales.

R.L: ¿Cómo llevan este trabajo hacia las regiones?

Como los fundadores tienen un gran arraigo regional, desde el inicio se crea una estrategia que se llaman los capítulos, en donde los empresarios regionales se unen por la educación de su región. Lo que hacemos, en esencia, es acompañar a las secretarías de educación locales a tomar mejores decisiones, para que haya un veedor social de poder y se le pueda hacer contrapeso a los gobiernos locales. Esto nos ha ayudado a tener una mirada regional muy fuerte.

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