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“El mundo está cansado de líderes que basan sus mensajes en el miedo”: Rosita Manrique

Presidenta de la Fundación Origen, Rosita Manrique es una convencida del liderazgo como herramienta para el cambio y la transformación. Hablamos con ella de cómo formar líderes que sepan afrontar los enormes retos a los que nos enfrentamos hoy en día como sociedad. 

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08 de Junio de 2018

Red Líder: ¿A qué líder político del mundo admira? ¿Por qué?

Rosita Manrique: Para mí hay una figura que, no siendo político, hoy tiene un rol político muy importante, y es el Papa Francisco. Tuve la oportunidad hace dos años de ir a una audiencia con el Papa, y nos invitaron a un evento de una fundación que él empezó cuando estaba en Buenos Aires, la Fundación Scholas Occurrentes, que forma líderes jóvenes, muy parecido a lo que nosotros hacemos en Origen. Fue una experiencia maravillosa. Había representación de todas las religiones del mundo y al final, en el cierre del evento, los delegados de las seis religiones más representativas hicieron una declaración conjunta que escribieron y leyeron entre todos. Fue muy lindo. Había además frente a mí doce o veinte “mechudos”, y todos nos preguntábamos quiénes eran ellos. Después nos enteramos de que eran unos de los youtubers más famosos del mundo y que a quienes más tiempo les había dado el Papa en audiencia privada había sido a este grupo, pues quería entender cómo las nuevas generaciones ven el mundo y cómo él puede aprender de eso y empoderarlos para que sean buenos influenciadores en la labor que hacen.

Sin ser un político, para mí el Papa es uno de los pocos líderes que hoy está realmente inspirando y liderando un cambio. Es una muestra de que, aun representando instituciones tan antiguas y en muchas cosas tan retrógradas como puede ser la Iglesia Católica, él puede llegar con un mensaje de que nunca es tarde para reinventarse, para transformarse. El gran mensaje acá es la posibilidad de construir en la diferencia, y no solo tolerando y respetando, sino valorando al que es distinto.

Por otro lado, el mundo está cansado de líderes que basan sus mensajes en el miedo. Ha sido la trayectoria de lo que pasó en el Brexit, de lo que pasó con Trump, de lo que pasó acá con el Sí y el No, de lo que está pasando en este momento, de a quién le tengo más miedo, si al uno al otro. Y hoy lo que necesita el mundo son líderes que nos inviten a soñar, que nos llenen de esperanza, que activen las buenas emociones del ser humano que nos recuerden que sí podemos, que es posible construir algo distinto, que se puede confiar.

R.L: ¿Qué pueden aprender los líderes políticos colombianos de él?

R.M: Primero, yo partiría de la invitación a la coherencia. El liderazgo parte del líder como ser humano. “Yo no puedo dar de lo que no tengo” y yo creo que para poder inspirar a otros el líder tiene que tener un proceso personal importante.

Dos, venimos de unos años muy fuertes en divisiones, y no solo en Colombia, sino en todo el mundo. El que es diferente es mi enemigo, y a eso le unimos el mensaje de los líderes políticos en los últimos años que ha sido el miedo a lo que el otro representa. Eso activa la sensación de una sociedad de estar en riesgo y eso saca lo peor de todos. Y uno de los grandes mensajes del Papa, y que yo invitaría a los líderes políticos a pensar, es la posibilidad de mandar coherentemente, a mostrar en la coherencia la apertura a los pensamientos distintos, a que podemos ser profundamente diferentes y aun ahí podemos encontrar puntos que nos unan con un propósito superior.

De ahí se deriva un tercer aspecto y es la posibilidad de rodearse de personas distintas para poder encontrar soluciones diferentes. Los problemas que enfrenta la sociedad actual son tan complejos que en cuatro años ni Superman puede lograr lo que los políticos dicen que van a lograr. Para encontrar respuestas distintas el líder se tiene que rodear de personas distintas, y de esta manera tener otras perspectivas. En ese encuentro con el Papa del que hablé, había un grupo absolutamente heterogéneo, dedicados durante tres días a analizar problemáticas mundiales, y ahí yo veía un mensaje muy grande en la posibilidad de unir la diversidad para encontrar respuestas diferentes a las soluciones actuales.

Otro hecho que me encantó y que destaco fue la pedida de perdón del Papa con todo el escándalo en Chile. Yo creo que hay ahí un mensaje muy grande de humildad y es que, aun siendo el Papa, aun teniendo 81 años, yo puedo decir me equivoqué, y bajar la cabeza. Yo creo que ese es un mensaje que rompe muchos de los estándares de esa figura en la cual mostrar vulnerabilidad está mal visto para el líder. Nosotros trabajamos muchísimo en eso, en resignificar el ejercicio del liderazgo desde lo profundamente humano de qué es el líder. De que el líder no se las sabe todas, de que el líder se equivoca, de que el liderazgo aparece en momentos en que las respuestas no son claras, y que lo que espera normalmente una comunidad o una sociedad es que haya un líder que les diga que todo va a estar bien y que la solución es esta, y eso no es realista. Luego la posibilidad de que quien asume un rol de liderazgo diga yo no me las sé todas, a mí esto también me da miedo, pero vamos a ser capaces, es muy importante.

R.L: ¿Cuáles son los mayores retos que enfrentan los líderes políticos a la hora de ejercer su liderazgo en el mundo de hoy?

R.M: El primer reto tiene que ver con volver a conectar a un país entero con la esperanza y no con el miedo. Uno de los principales roles del liderazgo implica pasar de la mirada del pasado, de la mirada de la desconfianza y el miedo, a volvernos a invitar a soñar, una invitación a la esperanza. Para mí ha sido una de las grandes falencias en las conversaciones. Por ejemplo, en la campaña americana, fue una conversación del miedo, de volver al Estados Unidos de antes, que es el America Great Again, mucho de la desconfianza del vecino, el miedo a que no me lleguen los inmigrantes, etc.

Dos, cuando uno mira por ejemplo los debates, están hechos para seguir rompiendo la confianza de las personas. Todos dicen básicamente que en cuatro años van a cambiar Colombia, lo cual es absolutamente absurdo. Y uno de los principales retos del liderazgo es reconstruir la confianza, es demostrar que se puede confiar en nuestra clase política, en nuestros dirigentes. Y la confianza se genera, uno, con coherencia, que lo que tú dices y lo que tú haces es coherente, dos con el cumplimiento de compromisos, y ahí Ronald Heifetz, quien hace parte de una de las líneas que influencia bastante todo el modelo de Origen, profesor de la Universidad de Harvard, habla de que el liderazgo se necesita cuando hay retos adaptativos, cuando las soluciones no son obvias, cuando realmente nadie tiene la respuesta y el rol del líder es orquestar la sabiduría colectiva para encontrar la respuestas. Un líder hoy en día, a pesar de que es costoso a nivel electoral, no debe caer en la tentación de ofrecer soluciones mágicas a problemas complejos, es poder decir esto es profundamente complejo, yo solo no voy a poder. Vamos a sembrar las bases para que esto se logre, pero necesitamos de todos. Ahí hay dos mensajes: uno, la necesidad de reconstruir la confianza, y dos, darle la vuelta al foco, donde el foco no es ese líder que estamos eligiendo, sino cuál es la labor que todos tenemos que hacer para que esto sea posible.

Heifetz insiste en que una de las principales laborales del liderazgo es confrontar a esa comunidad con lo que no quiere ver, hacer las preguntas difíciles. En ese mismo orden de ideas, nosotros estamos convencidos de que, para generar cambios en sistemas tan complejos, como puede ser un país, pues esa figura del líder medio omnipotente y mesiánico está mandada a recoger. No solo porque no es realista, sino porque es absolutamente peligroso generar dependencia en una sola persona. Un líder en un cargo importante debe ser el detonante de muchos procesos de cambio formando a comunidades que de manera colectiva impulsen los procesos cada uno en sus diferentes segmentos.

R.L: Algunos analistas afirman que el mundo atraviesa una “crisis de liderazgo” global. ¿Está usted de acuerdo con esta afirmación? ¿Por qué?

R.M: Total. Origen nace de esa creencia. Nosotros creemos que hay vacíos de liderazgo en todos los escenarios. No hay una empresa hoy en el mundo a la que no se le haya ocurrido que hay que formar a sus líderes. Desde hace muchos años las empresas, de manera sistemática, han definido programas para formar a los líderes empresariales. El otro 50% de la población ¿qué estamos haciendo para tener los líderes políticos que queremos y dejar de quejarnos de qué es lo que está pasando? Nosotros estamos convencidos de que hay una falencia muy grande en el significado del liderazgo, que Colombia está en mora de cuestionarse cuál es el tipo de líder que queremos y qué vamos a hacer para tenerlo en las comunidades, en la política, en el servicio público. Cómo vamos a formar a una nueva generación de líderes que impulsen procesos de cambio no importa donde estén. Y dentro de eso, uno de los grandes lunares es el tema ético. Cuando nos preguntamos cuál es esa crisis de liderazgo, esta está marcada por la ética. Hay una crisis en términos de corrupción y de valores. Una persona que asume un rol de liderazgo es un referente ético, y lo que nos ha pasado es que hoy nuestros referentes como sociedad son los Pablo Escobar. Y ahí hay una distorsión de la figura de liderazgo.

Pero si bien hay una gran crisis, hay también una oportunidad inmensa de decir nosotros no podemos dejar al azar quienes son los líderes que van a impulsar los cambios que queremos como país. En Origen estamos liderando en este momento una iniciativa que busca impulsar una red nacional de líderes, que haya comunidades regionales que estén transformando las costumbres y generando progreso bajo una premisa de que tenemos que identificar a los buenos, fortalecerlos, rodearlos y visibilizarlos, para que los buenos sepan que hay muchos más buenos. En Origen tenemos exalumnos políticos, ediles, jóvenes, que llegan a la política y se sienten abrumados y solos, pero cuando hablamos con otros ediles, la conversación es muy parecida, y ahí entendemos que hay más buenos que malos, que todos quieren cambiar el mundo, que podemos unirnos y compartir experiencias y volvernos una comunidad de apoyo, y para eso hay que hacer visibles a los buenos.

R.L: Durante los últimos años han emergido, en distintos lugares del mundo, liderazgos populistas.  ¿Cómo hacer frente a esos liderazgos?

R.M: Esto se vuelve un círculo vicioso, porque hay un tema de educación del pueblo, de las audiencias que creen en el populismo. Los mensajes populistas lo primero que hacen es romper la confianza, porque todas esas promesas que suenan muy bonito terminan siendo otra razón para decir “me volvieron a incumplir, eso no era tan posible”. En nuestro análisis, parte de poder confrontar y romper desde el primer momento esa costumbre de que hacer política es hacer promesas vanas tiene que ver con la capacidad que tiene un líder de decir “yo no voy a prometer por prometer”. Todos partimos de las mismas premisas: queremos que todo el mundo tenga educación, salud, progreso, que haya una clase media más amplia. Yo como líder no puedo caer en la tentación de decir “yo soy el que lo va a lograr”. Lo que la gente quiere al final es confiar.

Otra parte del mensaje populista que es terrible es que nos etiqueta y nos divide. Yo no soy experta en política, pero buscar enemigos siempre da resultados electorales en el corto plazo. Esto hace que se fortalezcan los miedos y caer en eso hace demasiado daño. Lo que necesita el mundo son líderes coherentes, que tengan la capacidad de invitar a una comunidad a escuchar, a tolerar, a quitar las etiquetas y mirar más allá de lo que nos separa que es lo que nos une. Y eso solo es posible si nos une un propósito esperanzador de futuro y un sueño por el que valga la pena pasar por encima de nuestras diferencias, porque el futuro que queremos construir vale la pena y nos motiva.

 

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