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“El gran ausente de la democracia es el liderazgo”: Alberto Donadio

Hablamos con Alberto Donadio, columnista de El Espectador, sobre su visión del liderazgo político en el país y la falta de credibilidad que hoy afecta fuertemente a los servidores públicos. 

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13 de Abril de 2018

Red Líder: ¿Cómo definiría el liderazgo político?

Alberto Donadio: Para mí el liderazgo político no existe en Colombia hace muchísimo tiempo. La gente quisiera que existiera, pero no hay confianza, no solamente en los políticos sino prácticamente en nadie.

El gran ausente de la democracia es el liderazgo. En todos los niveles y desde hace muchísimo tiempo, y no porque la gente no se dé cuenta de que es importante, sino porque no existe, porque ha sido suplantado por la privatización de la política y de los cargos públicos.

Hablar de eso es hoy en día un ejercicio teórico, porque la desilusión y la decepción de los ciudadanos es prácticamente total en cuanto a la política entendida como el ejercicio del voto para nombrar representantes del pueblo en cualquier tipo de cargo.

R.L: ¿Un líder nace o se hace?

A.D: Pueden darse los dos fenómenos. De hecho, los pocos casos en que la gente vota hoy en día en Colombia con gusto es por líderes cívicos o independientes, que muchas veces no pensaron que iban a ser líderes salvo en otros ambientes.

Es el caso del senador Leonidas Gómez, que ganó en Santander por 80.000 votos ahora el 11 de marzo. Es un empresario que antes hacía teatro y que no pensó en otras circunstancias ser parlamentario ni liderar ningún movimiento, y que tal vez no tiene las dotes de líder que uno vería, pero la sola percepción que hay entre los electores de su capacidad y de su honradez lo convierten en eso.

Lo mismo pasó en las elecciones de 2015 con el actual Alcalde de Bucaramanga, quien lanzó un movimiento llamado Lógica, Ética y Estética. Un constructor mayor de 70 años, conocido como empresario, pero no como líder para ninguna función de gobierno. Él mismo no pensaba que iba a ganar y ganó por esa percepción de que no hay esos líderes naturales de otras épocas, porque hoy no generan ninguna confianza.

R.L: Porque el liderazgo político está cimentado esencialmente en la confianza…

A.D: En esto hay una coincidencia total de todos los comentaristas. Si uno repasa lo que escribe Rudolf Holmes, lo que escribe Jaime Castro, lo que escriben los politólogos, lo que dijo hace poco Fernando Cepeda Ulloa de que en Colombia no hay movimientos políticos, sino que hay organizaciones criminales que hacen política, que lo diga una persona que toda la vida se ha dedicado a estudiar la política desde sus primeros libros sobre los grupos de presión, pues eso es muy contundente.

R.L: En el pasado uno reconocía más líderes que hoy en día.

A.D: Sí claro. Y además la política estaba reducida a dos banderas. Pero de todas maneras había un elemento y es que en esos líderes nacionales era muy difícil pensar que hubiera un aprovechamiento de los cargos para ellos o para sus familias. Hoy, si uno toma la lista de los expresidentes, yo no sé si hay alguno que genere un respeto muy grande entre las mayorías del país.

Hay unos menos malos que otros. Pero en general la gente no tiene un líder político y por eso esa ausencia se suple con la emoción que generan otros líderes en los deportes, en la música, en el fútbol. La gente se vuelca hacia allá porque perdió la confianza, y sin confianza qué liderazgo se puede crear en política.

La confianza que había en Gaitán era total. La confianza en sus capacidades y en sus ideas. Y eso no existe hoy en ninguno. La devaluación que ha habido de los que ejercen el liderazgo es tal, que yo creo que las personas pueden tener sus favoritos, pero no un líder verdadero.

R.L: ¿A quiénes reconoce como líderes políticos en nuestro país actualmente?

A.D: Salvo esos casos aislados locales en que la gente apoya a personas que cree que son distintas a los otros representantes de la política, no creo que haya ningún líder que genere a escala nacional un apoyo muy grande en el país. Que haya políticos que tengan muchos votos es otra cosa.

Se ha presentado una circunstancia que no se presentaba desde la época del general Rojas Pinilla. Muchos electores terminan identificándose con un caudillo, terminan endiosando a ese caudillo y generando un apoyo ciego, sordo e irrestricto, lo que no puede pensarse como el reconocimiento de un líder.

Eso mismo existió en Cuba con Fidel Castro. Eso no es democracia sino dictadura. Por esa razón no creo que haya en este momento un gran líder nacional con apoyo y que genere confianza en la gente, independientemente de su trayectoria y sus ideas, como lo hubo en una época con Alberto Lleras. Hay gente que tiene votos y gana elecciones, pero eso muy distinto a ejercer un liderazgo y tener una credibilidad sobre todo el país, no solo en el momento de elecciones.

R.L: ¿Qué virtudes deben caracterizar el ejercicio del liderazgo político democrático?

A.D: La entrega, el altruismo, la convicción y las ideas. Hay un escrito de Gabo en donde el recuerda el prestigio de Alberto Lleras. No por las elecciones, sino el prestigio que tenía. Cómo un señor que hablaba en términos que tal vez no estaban al alcance de todos los ciudadanos, y que era tal vez elitista en sus ideas, pero generaba un prestigio alrededor de su persona que se deriva de que la persona vale por sus ideas, y que tiene unos principios que no son negociables.

Eso se podría aplicar también en la otra esfera, en Laureano Gómez, que también generaba esa calidad de líder en el sentido de que había un compromiso permanente de esa persona con sus ideas. Hoy en día es muy difícil encontrar a alguien que diga “yo no voy más allá de esa línea”, sino que todo es negociable y todo es objeto de transacciones.

R.L: Se habla mucho del carisma. ¿Es tan importante?

A.D: Puede haber un carisma como el que tuvo Rojas Pinilla, porque era una persona más parecida al colombiano común y corriente que los políticos como los Lleras, como Laureano, como Germán Zea Hernández, como los que eran vistos de la oligarquía, el mismo Darío Echandía, que no se parecían a la gente del común. Entonces él generaba con su lenguaje una identificación. En ese sentido sí, fue un líder muy importante.

Pero muchas veces el carisma no es fundamental. Alberto Lleras no tenía mucho carisma personal, tenía otras virtudes, pero no el hecho de comunicarse de manera coloquial con la gente, que es lo que hoy tal vez se consideraría que es un líder.

Había una distancia, pero al mismo tiempo había un respeto por las ideas y los principios y porque se sabía que eran personas que no estaban interesadas en privatizar los cargos que ejercieron, y no se puede pensar en que iban a enriquecerse por su calidad de expresidentes o exfuncionarios. Ese es un elemento que la gente echa de menos.

R.L: La credibilidad es determinante para el líder. Nadie sigue a una persona que no sea creíble.

A.D: Pienso en Pepe Mujica, expresidente del Uruguay. Un señor que fue guerrillero, que era de izquierda, que al llegar a la Presidencia no se volvió otra persona y siguió siendo un campesino que andaba en un carro viejo, pero que incluso si hubiera aceptado un carro oficial, eso no le quitaba credibilidad.

Hay unos elementos que le dan credibilidad al líder. Por ejemplo, lo que está pasando con el papa Francisco. Él no duerme en los apartamentos apostólicos, sino en la casa Santa Marta, y él hace la fila para que le sirvan el almuerzo.

Muchas veces eso puede ser una cosa deliberada para generar una idea distinta. Pero cuando la gente se da cuenta de que no es una pose, sino que es parte real de una sencillez que busca ese líder, la gente se identifica y le da su apoyo, y sus pronunciamientos y sus ideas son más acordes con esa vida que la persona hace.

R.L: ¿Qué hace que un líder político pierda su liderazgo?

A.D: Que la gente se dé cuenta del engaño. Hay un porcentaje de engaño que es aceptable, en cuanto a qué la gente sabe que el líder no es perfecto. Pero cuando ya se trata de un engaño sobre materias fundamentales, la gente deja de creer.

Lo que acaba de pasar con Lula es un ejemplo de esto. Lula se volvió realmente un líder mundial, lo llegó a decir el mismo Obama, el político más famoso del mundo, y lo adoraba la gente y representaba el surgimiento de una figura latinoamericana.

Está demostrado que en su gestión sacó a millones de personas de la pobreza para pasarlas a la clase media en Brasil. Venía de ser un trabajador metalmecánico que había salido de ese anclaje ideológico en el cual estaban los sindicalistas de izquierda en otras épocas en América Latina, y era un hombre pragmático. Pero hoy en día, el hecho de haber aceptado unas ventajas que son vistas como algo inaceptable terminó quitándole ese liderazgo mundial y el apoyo de mucha gente.

Lo mismo pasó con Dilma, otra figura de izquierda, torturada, perseguida, que estuvo en la cárcel, y que llegó a la presidencia. Si bien ella no se lucró, el solo hecho de que fuera condenada porque permitió que los dineros de empresas oficiales se utilizaran para tapar unos huecos en el presupuesto terminó quitándole esa calidad de líder en Brasil.

R.L: Usted que ha trabajado en medios, ¿cuál es el papel de estos en la construcción de líderes políticos?

A.D: En todos los años en que la prensa era partidista y trató de crear esos líderes, no pudo crear líderes falsos. Si esos líderes que eran elogiados y adulados en la prensa liberal no correspondían a una realidad exterior, no lograban ser líderes.

Si uno se va a los años treinta, cuarenta, incluso a los sesenta, la prensa liberal estaba casada con los liberales y en contra de los conservadores y viceversa. Pero los que eran líderes tenían una trascendencia independiente a ese apoyo en la prensa, porque la prensa era incondicional frente a los jefes de sus partidos.

Había unas cualidades reales que hoy son muy difíciles de identificar. Hoy son más bien figuras transitorias que adquieren un liderazgo y lo ejercen por un tiempo o en una región, pero no a nivel nacional como se dio en otras épocas, como el liderazgo de Alberto Lleras como representante de Colombia, fuera del país, como la persona que hablaba en Naciones Unidas, y representaba perfectamente el sentir de todos, liberales y conservadores, eso está totalmente perdido.              

R.L: ¿Qué les aconsejaría a los jóvenes que quieren ejercer algún liderazgo?

A.D: Simplemente, si creen en unos principios, adherir a esos principios siempre. No solamente por la convicción, sino porque eso realmente es lo único que da dividendos, y si no los da, buscarlos por otro lado es una conquista que no dura.

Creer en unos principios, de cualquier ideología, pero creer de una manera seria, coherente y constante en esos principios, que implican además para el ejercicio de la representación del pueblo un grado de altruismo en el sentido de que si no hay esa convicción de que esto no es la privatización del poder público sino es el servicio público, va a ser imposible que sean reconocidos como líderes.

 Hay un elemento esencial que es creer que esto es un servicio público, que se paga como se le pagó a Churchill, con honores, con estampillas y con estatuas, pero no con negocios y no con el enriquecimiento personal, ni de la familia ni de sus allegados. Si la política no se hace así, siempre será fuente de decepción para los que crean en esas personas.

Porque en la política, si a un presidente se le entrega un presupuesto de más de 200 billones de pesos al año, el mando sobre 400.000 policías y 300.000 soldados, avión presidencial, la representación del país y de todos los ciudadanos dentro y fuera del país, eso implica una fiducia.

Es un encargo fiduciario y no un encargo que se pueda negociar con otros. Implica manejar un patrimonio ajeno, no solo económico sino moral.  Esa subordinación que hay a quien le da el mandato es esencial para que se reconozca ese liderazgo por parte del pueblo, de los ciudadanos o de la opinión pública.

 

 

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