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Catalina Botero, abanderada de la generación de la Constitución del 91 #TrendingLíder360º

Después de combatir desde la OEA al gobierno de Rafael Correa por violaciones a la libertad de prensa, Catalina Botero fue ternada para ser magistrada de la Corte Constitucional. No ganó pero seguramente llegará más adelante a la Corte, como representante de una nueva generación de juristas que podrían llamarse la generación de la Constitución del 91.

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19 de Noviembre de 2015

Catalina Botero  #TrendingLíder360º - Red Líder

Catalina Botero

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Entorno del líder

Todo liderazgo surge de unas influencias en la vida: personales, intelectuales, vivenciales, de todo tipo. ¿Cuáles diría usted que son esas influencias que han determinado su estilo y sus motivaciones de liderazgo? 

Sin duda alguna, primero mi familia. En mi familia todo el mundo tiene una causa, en general no son causas muy asociadas con el poder. Mi papá es arquitecto diseñador y siempre trabajó para que la ciudad fuera un mejor lugar de convivencia. Mi mamá es una ecóloga maravillosa, un gran ejemplo de pasión por lo que hace, pero además tiene una enorme pasión por el aprendizaje y eso se enseña con el ejemplo. Mi hermana tiene una pasión por la causa de los derechos de los animales, cree que uno tiene la obligación moral de disminuir el sufrimiento del mundo, y una forma de hacerlo es disminuyendo el sufrimiento de los animales. Mi hermano estudió filosofía y es Decano de una facultad de humanidades, es uno de los humanistas más extraordinarios que conozco.

Los grupos de la Corte Constitucional y mis jefes, como Eduardo Cifuentes, Ciro Angarita o Jaime Córdoba, han sido siempre un apoyo y he aprendido mucho de ellos. Mis colegas en la Corte Constitucional, como Mauricio García, Rodrigo Uprimny o Juan Jaramillo -un colega que murió- son personas extraordinarias, un equipo inigualable. Mis amigas, sobre todo las que conocí en la Séptima Papeleta, todas han tenido un sueño que han realizado a punta de esfuerzo personal y disciplina, así como una enorme pasión por su trabajo. Todos ellos han sido grandes influencias.

La confianza en sí mismo es fundamental para el liderazgo. ¿De dónde proviene su confianza en sí mismo?

Primero, de la disciplina, la rigurosidad. Entre más he estudiado para enfrentar un desafío, más tranquila y segura me siento para afrontarlo.

Segundo, el afecto de la gente que me rodea, para quienes lo importante es que uno haga las cosas lo mejor que puede y no si triunfa o fracasa, eso da una enorme confianza porque uno no está traicionando expectativas de otras personas, sino que esas personas son un refugio que ayuda a tener confianza.

Tercero, el humor. La capacidad de reírse en serio de uno mismo, genera una enorme confianza. Uno a veces puede equivocarse y hacer el ridículo, y eso hace parte de la vida. El sentido del humor ayuda mucho para poder superar esas cosas, si uno se ríe de sí mismo y sabe que ha hecho las cosas con juicio, que la gente lo quiere y que uno sabe qué es lo que está haciendo, el resto no importa.

Las adversidades ayudan a formar el carácter y la personalidad del líder. ¿Qué adversidades ha tenido que superar?

Vivir en un país como Colombia. Si uno es empático con el sufrimiento de otras personas, eso supone una adversidad en sí misma. Yo no estaba dentro del Palacio de Justicia, pero recuerdo cuando iba de la universidad a mi casa, haber oído en la radio la voz de Reyes pidiendo que por favor cesaran el fuego.

Sentí una enorme impotencia de no poder evitar una tragedia. Uno vive en un país y hace parte de una sociedad y no puede evitar ese sufrimientosa impotencia es una adversidad.

Hay gente cercana a mí que ha tenido que irse del país por amenaza de secuestro, o que ha sido asesinada, eso también ha sido una enorme adversidad, pero yo no he estado en medio del conflicto. Las personas que asesinaron no eran personas muy cercanas, pero sí las conocía y respetaba.

He estado en una situación de particular privilegio. He tenido una familia adorable, que me acoge, que me dio la posibilidad de estudiar en sitios extraordinarios y de trabajar en lugares extraordinarios. La mayor adversidad es tener que superar ese sufrimiento colectivo, sobre todo si se es empático con el sufrimiento de las personas. Si uno vive en su propia burbuja no tendría esa adversidad.

Una segunda adversidad es la intolerancia. En general los derechos humanos, que son valores universales y que deberían ser defendidos por todas las personas, son demandas, normalmente, de grupos que no tienen el poder.

El trabajo en derecho constitucional es por los derechos humanos y por los mecanismos para mejorar la democracia para que sea más fuerte. Cuando uno defiende eso, que en el fondo es lo que está en la Constitución, se enfrenta a la enorme intolerancia de una parte de la sociedad que puede disfrutar más plenamente de sus derechos, y si se los afectaran saldrían a reclamarlos como un derecho legítimo de todas las personas, pero que al mismo tiempo no reclamarían para los que no son como ellos, los que no tienen su color de piel, su orientación sexual, su origen social, etc.

Ahí uno se encuentra con una barrera de intolerancia que le hace mucho daño a la defensa de los derechos. Eso en América Latina hoy es muy grave, esa división entre amigos y enemigos, los que son como yo y los que no, los que están en el gobierno y los de la oposición, es esa figura del otro que hay, casi, que excluir. En Colombia ha sido históricamente así. Eso es una enorme adversidad en la defensa de los derechos, pero es más estructural que privada o personal, pero cuando uno trabaja en ese tema, la vive como propia.

¿Cuál es el origen regional de su familia?

Mi papá es antioqueño, su familia es antioqueña. Mi mamá es de mamá samaria y de papá barranquillero, o sea que soy medio costeña, medio paisa. Como dice una persona que conocí: “de circunscripción nacional”.

¿Cuáles fueron sus primeros rasgos, actos, o insinuaciones de liderazgo?

Lo primero que recuerdo es cuando estaba en quinto de bachillerato, hoy décimo. Era nueva en un colegio, cuando salimos al recreo me di cuenta que le estaban haciendo bullying a una niña. Instintivamente la defendí e hice todo un discurso sobre por qué eso no podía ser así, sobre lo injusto que era, etc. En ese momento hubieran podido pasar dos cosas: una, que yo también hubiera sido objeto de bullying o que me respetaran. Hubo un momento de incertidumbre, las niñas no sabían lo que pasaba, pero luego me gané el respeto de todo el curso por haber defendido a la niña.

Recuerdo eso como el primer acto, tal vez, de liderazgo porque tampoco estuve muy expuesta a esas cosas. Por eso digo que he sido una persona muy afortunada, porque en un país atravesado por miles de víctimas y violencia yo tuve una niñez rodeada de afecto, muy cuidada y en colegios donde normalmente no había agresiones entre niños y niñas.

No estuve expuesta a situaciones de violencia, sin embargo, recuerdo mucho esa en el colegio, que tal vez fue la primera situación de ese tipo a la que estuve expuesta, en algo donde podía intervenir e instintivamente lo hice. Recuerdo eso muy vivamente.

Luego, en la universidad estuve en cuanto movimiento estudiantil hubo y en varios medios de comunicación. Tuvimos una revista que se llamaba “Zífrago” y un periódico que se llamaba “Seis y Siete”, fundado a raíz del 6 y 7 de noviembre por la toma del Palacio de Justicia. Luego estuve en la Séptima Papeleta, ahí ya era claro.

¿Qué habilidades han facilitado su liderazgo?

Carácter, pero no basta con eso. Siempre he estudiado mucho, uno tiene que tener la formación suficiente que le permita hacer cosas con el carácter. La persuasión también, la capacidad de argumentar racionalmente y de aceptar los argumentos de otra persona cuando son mejores, que en muchos casos lo son.

Esa capacidad de exponer las razones por las que uno está de acuerdo o no con algo y de oír respetuosamente al otro y ser capaz de comprender cuando hay una razón que derrota la de uno, y acoger la mejor razón, me fue ayudando a formar un liderazgo.

¿Considera que maneja bien las emociones y tiene inteligencia emocional?

Soy muy emotiva y muy exigente conmigo misma y con la gente que me rodea. He tenido grandes maestros, entre ellos mucha gente que ha trabajado conmigo en mis equipos, que me han enseñado a manejar la inteligencia emocional. Pero considero que sí, ha sido un aprendizaje y tengo la capacidad de que cuando siento que no voy a poder controlar mis emociones, me retiro.

Catalina Botero  #TrendingLíder360º - Red Líder

Iniciativa de liderazgo

¿En qué consiste su iniciativa de liderazgo?

En el uso del derecho para la realización de los valores, principios y derechos que son la base de un Estado constitucional.

¿De dónde surge o qué lo llevó a iniciarla?

La sensibilidad y la empatía por el dolor ajeno, la sensibilidad por los otros y las ganas de vivir en una sociedad mejor. Esto uno no lo hace, necesariamente por otras personas, uno lo hace por uno.

¿Qué es lo distintivo de su iniciativa?

Que estoy rodeada de gente que, a través del derecho, busca la realización de los valores que el derecho dice y consagra, así como el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas. El logro y la satisfacción de los derechos humanos para más personas, de mejor manera.

He tenido la fortuna y al mismo tiempo la diferenciación, de contar con un grupo de gente que cree en las mismas cosas en las que yo creo, teniendo ideologías distintas o creyendo en dioses distintos, pero en el fondo tienen el lenguaje del derecho.

¿Cuáles han sido los principales obstáculos que ha tenido que superar para desarrollar la iniciativa?

La soberbia del poder frente a la Relatoría era increíble. Era palpable la soberbia de algunos Estados porque creen que porque están transitoriamente gobernando un país, pueden desconocer todos los tratados internacionales, sus propias leyes, a la gente que está en una orilla distinta tratando de reclamar sus derechos. Esa soberbia de los poderosos, de los Estados, es una enorme dificultad.

La indiferencia de la gente que disfruta esos derechos y no siente empatía por quienes no los disfrutan, y la intolerancia de sociedades que no han sido formadas en una cultura y ética cívica de los derechos humanos.

Usted fue Relatora para la libertad de prensa de la OEA: ¿cómo compara la situación de Colombia con los demás países del continente en materia de libertad de prensa?

Depende del criterio. En términos de violencia contra la prensa, Colombia sigue siendo, a pesar de todos los esfuerzos, un país en donde el ejercicio de la libertad de expresión, particularmente en ciertas regiones, es una profesión de alto riesgo. Hace un par de meses asesinaron a una periodista simplemente porque se atrevió en su blog a denunciar a unas personas que habían cometido un crimen. Le dieron un tiro en la cabeza, un tiro de gracia, a una mujer joven, valiente, extraordinaria.

Colombia ha implementado unos organismos que probablemente hoy son los mecanismos mas fuertes que hay en la región para la defensa de la vida e integridad de los periodistas, ha invertido recursos, dinero y ha hecho diseños institucionales a los que han contribuido distintas instancias, como por ejemplo la Corte Constitucional. Pero a pesar de eso, sigue siendo, en muchos lugares, una profesión de alto riesgo.

Eso se compara solo con otros países que tienen estadísticas muy altas de violencia contra la prensa, por ejemplo México, Honduras, algunos lugares de Brasil.

En términos de garantías constitucionales y de la defensa judicial, hoy en Colombia el derecho sirve para la defensa de la libertad de expresión. Hay casos excepcionales, que son casos negativos en los cuales las personas que ejercen su libertad de expresión han sido condenadas injustamente y para eso existen los instrumentos internacionales.

A diferencia de otros países de la región, los mecanismos institucionales han funcionado a favor de la libertad de expresión. En Colombia se ha ordenado proteger a defensores y defensoras de derechos humanos amenazados por el ejercicio de su libertad de expresión; los jueces han ordenado proteger a miembros de la oposición que han sido amenazados por enfrentarse con distintos gobiernos; los jueces, a través de la acción de tutela, han protegido a personas que han sido, incluso, amenazadas penalmente, porque la amenaza de un proceso penal para un periodista honesto, que tiene solo su patrimonio y que no tiene cómo contratar a un gran abogado, es una gran amenaza.

En Colombia los jueces y los fiscales incluso, en general, no en todos los casos porque hay excepciones, han protegido el ejercicio de la libertad de expresión y eso no pasa en todos los países.

Lamentablemente en muchos países hay una cooptación por parte del poder ejecutivo del poder judicial, y eso hace que la gente sienta que no tiene garantías. Por eso era tan importante que la Relatoría se pronunciara y en esos casos hablara fuertemente, porque hay países que no tienen las garantías para poder ejercer libremente su derecho a pensar el mundo como quieran y a expresarlo.

Usted fue ternada por el Presidente para magistrada de la Corte Constitucional. ¿Cómo analiza ese proceso? ¿Cree que se debe reformar?

El modelo institucional es bueno, es decir, las cortes constitucionales tienen que tomar decisiones, que se llaman en derecho constitucional, contra mayoritarios. Por ejemplo, su tarea es evaluar si una ley que ha sido aprobada por el Congreso debe o no ser expulsada del ordenamiento jurídico, esto es, debe o no ser declarada inconstitucional.

Si el Congreso de la República define que para determinado crimen hay 80 años de prisión, la Corte Constitucional tiene que decidir si eso es o no es proporcionado y si decide expulsarla del ordenamiento jurídico está tomando una decisión que va en contra de las personas que representan a las mayorías.

Es muy importante que los jueces sean elegidos por esas personas, eso les da una legitimidad democrática para poder decir que no son una oligarquía o una aristocracia judicial, sino que son personas elegidas por quienes son elegidos por el pueblo para respetar la Constitución, que es un límite a las decisiones de las mayorías, por eso existe una Constitución y una Corte Constitucional. Es exactamente el límite a las decisiones de las mayorías.

Es muy importante ese proceso donde los magistrados de la Corte Constitucional son elegidos, y así pasa en la mayor parte del mundo en donde hay democracias constitucionales, por los congresistas. Eso genera una enorme legitimidad.

El Congreso empezó a implementar algo que me parece muy importante y valioso, no existe un mecanismo a través del cual los congresistas puedan, realmente, conocer a los candidatos a la Corte Constitucional. En este proceso se realizaron, en la mayoría de los partidos, algunas sesiones con las bancadas de esos partidos. No solo se hizo la sesión general en el Congreso, sino estas sesiones con los partidos. Pienso que esto hay que institucionalizarlo y además, generar mayores espacios de encuentro institucional donde los candidatos a la Corte Constitucional tengan la oportunidad de tener encuentros en instituciones públicas.

Ese proceso hay que institucionalizarlo, hay que buscar la mejor manera para encontrar espacios institucionales a través de los cuales los candidatos puedan hablar con las distintas bancadas francamente. Hay que profundizar esos encuentros y generar esos espacios institucionales para tener una discusión intensa entre los senadores y senadoras y los candidatos y candidatas a la Corte Constitucional. Eso es adecuado y pienso que lo que se hizo en este proceso fue una aproximación interesante.

¿Cómo analiza la situación del derecho constitucional hoy en Colombia?

Colombia son muchas Colombias. Hay espacios en el territorio nacional donde el derecho constitucional, como el derecho fuerte de una democracia vigorosa de derechos humanos y libertades públicas, es muy débil.

Hay lugares donde no impera el derecho constitucional, pero hay otros escenarios en los cuales el derecho constitucional es vigoroso y ha servido, realmente, como mecanismo de emancipación, de igualar las cargas sociales, de generar mejores condiciones para que la gente pueda ejercer su libertad de manera más segura. 

Hay países superpuestos y el derecho constitucional no ha logrado penetrar todo el territorio nacional, o todos los escenarios en los cuales nos relacionamos las personas en Colombia. Esta es una de las grandes dificultades y de los retos más importantes del derecho constitucional en Colombia. 

El juez constitucional tiene que saber que no está haciendo derecho constitucional para un sector de la población, tiene que hacer un derecho constitucional que sea capaz de penetrar todos esos espacios de interacción social. Tiene que hacer un derecho constitucional que pueda tener en cuenta que somos un país multicultural, diverso, donde no en todas partes el Estado opera de la misma manera y no siempre donde opera lo hace adecuadamente, y en donde todas las personas tienen derecho a gozar de todos los derechos. Ahí hay un enorme desafío.

¿En qué dirección habría querido orientar al derecho constitucional colombiano desde la Corte Constitucional?

Hice una presentación en el Congreso donde dije que la tarea del juez constitucional es, que sabiendo la realidad bajo la cual va a operar el derecho, no puede ser insensible a las consecuencias de sus decisiones. Puede ser que una decisión sea impecable en el papel, pero que por las condiciones bajo las cuales se va a implementar, tenga efectos totalmente contraproducentes, lo que se llama efectos perversos.

Teniendo en cuenta los efectos y siendo sensible a las consecuencias en un país como Colombia, es importante conocer al país, para poder saber cuál es el impacto de las decisiones que se van a tomar; para eso se necesita hacer dos cosas: tratar de proteger más y mejor los derechos de todas las personas y tratar de fortalecer el funcionamiento de la democracia.

Los derechos no resuelven todo, los derechos son la base para que el resto funcione, uno protege el catálogo de derechos humanos y a partir de ahí hay una competencia en franca lid, en igualdad de condiciones, donde la gente compite por las mejores razones, ideas y propuestas. Ahí hay un universo enorme, donde lo que opera es la democracia que la Constitución garantiza a partir de esos derechos. Es lo que hace un juez constitucional, garantiza la base para que todo lo demás funcione y esté en competencia para que gane el mejor, a partir de unos derechos básicos que toda la población colombiana tiene que gozar.

Un juez constitucional tiene que buscar que esos derechos se satisfagan de la mejor manera para todos, para eso tiene que saber dónde está parado y tiene que tener técnicas de interpretación racional de la Constitución. Además, tiene que saber que no puede sustituir a la democracia, lo que tiene que hacer es promoverla y protegerla, darle vigor, pero nunca sustituirla, sino promover las condiciones para que opere, además de respetar lo que pase.

¿Qué opinión le merece la jurisdicción de justicia transicional acordada en La Habana? ¿Considera que puede ser un modelo modernizante que sirva de ejemplo para el mundo?

Tengo la impresión de que nada está acordado hasta que todo esté acordado. Si se acuerda la paz, es importante acordar un mecanismo de justicia que satisfaga estándares internacionales, eso es fundamental, porque si no se satisfacen los estándares internacionales este proceso va a estar abierto por los próximos 50 años.

Ese mecanismo de justicia puede ser, eso lo tiene que decidir, entre otras cosas, el Congreso, teniendo en cuenta estándares internacionales, un tipo de tribunal mixto. Es un tribunal que le tiene que generar confianza a la sociedad colombiana, ese es el gran desafío.

Pueden ser tribunales ordinarios, habría que ver si son capaces de asumir los procesos de justicia transicional y llevarlos a cabo de manera exitosa o si no son capaces. En muchos países han tenido que crear modelos mixtos que son distintos a los modelos ordinarios de administración de justicia, pero lo importante es que eso sea respaldado por la sociedad colombiana, que tenga legitimidad en la sociedad.

La justicia no solamente supone su administración, sino el mensaje de que se está administrando justamente el derecho, para eso los jueces tienen que tener credibilidad y legitimidad. Por eso es importante que lo que se haga tenga legitimidad social.

Catalina Botero  #TrendingLíder360º - Red Líder

Visión de liderazgo

Una visión de liderazgo tiene un diagnóstico de la situación a intervenir, una meta hacía a dónde ir y una fórmula para lograrlo ¿Cuál diría usted que es su diagnóstico, fórmula y meta?

El diagnóstico es que a pesar de que la humanidad ha construido, con un costo enorme en términos de vidas humanas, un catálogo excepcional de derechos que son la condición para tener sociedades libres, equitativas y justas, algunas sociedades no están dispuestas a reclamar esos derechos para todos.

Hay una distribución absolutamente desigual, por razones estructurales e incluso por razones coyunturales, de los derechos para todas las personas. Existe un catálogo muy valioso, que ha costado mucho hacer y que solo fue posible de acordar como valores universales después del genocidio de la Segunda Guerra Mundial, pero del cual las sociedades siguen sin apropiarse como principios éticos fundamentales del funcionamiento de cualquier sociedad genuinamente democrática.

Por eso hay una distribución muy desigual de esos derechos y en el ejercicio de esos derechos en la mayoría de las sociedades. Dos terceras partes del globo terráqueo no tienen democracia, por ahí empezamos.

En países en los cuales existe una democracia constitucional, así sea incipiente o imperfecta, el derecho es la fórmula para garantizar los derechos humanos. Hay que utilizar los mecanismos institucionales para lograr el pleno goce de los derechos para la mayor cantidad de personas. Finalmente, es para disminuir el sufrimiento de las personas. Eso se hace con disciplina, carácter y convencimiento.

La meta es el avance de esos derechos, pero mi meta personal es acostarme todos los días, sintiendo que hice lo que pude en términos de avanzar en la distribución de esos derechos para su goce. Por supuesto uno puede hacer muy poquito, pero uno tiene la obligación moral de hacer su parte.

¿Cuál es el ejemplo que usted le da a sus seguidores? Y ¿cómo encarna con su ejemplo los valores de su visión?

Las investigaciones a las que contribuí son hoy consultadas y utilizadas por estudiantes, abogados, profesores, fiscales y jueces para hacer mejor la tarea de proteger los derechos humanos. Esas investigaciones han contribuido a que la gente que está en la misma tarea que yo, que son muchas personas en este país, se sirvan de lo que he hecho, así como yo me he servido de lo que ellos han hecho. Por ejemplo, en temas de acción de tutela, en temas técnicos de procedibilidad de la acción de tutela, de derechos de poblaciones tradicionalmente discriminadas o marginadas.

En distintos lugares del país encuentro gente a la que esas cosas le han servido para realizar su anhelo por la defensa de los derechos. Eso me hace inmensamente feliz.

Lo segundo, es que la Relatoría ha generado dos cosas: claridad conceptual y estándares claros sobre qué está permitido y qué no, sobre libertad de expresión en la región y esperanza para mucha gente.

Hay gente que está completamente sometida al poder de los Estados, que no están dispuestos a oír lo que no quieren oír y que creen que tienen el derecho a suprimir la disidencia, a estigmatizarla y castigar al que piensa distinto. Estas personas han encontrado, en las relatorías de la libertad de expresión, alguien que oía con respeto, un equipo que juzgaba y ponderaba con prudencia y que producía informes con ecuanimidad.

Eso es una esperanza para una cantidad de gente que está sometida a una enorme arbitrariedad en materia de libertad de expresión. La oficina es muy chiquita, no había una recompensa masiva, pero logramos llegar a varia gente a la que esto le dio esperanza y sintió fuerza y eso le permitió seguir adelante, eso para mí es una enorme recompensa.

Tercero, los equipos con los que he trabajado. Trabajo con gente más joven y gente mejor que yo, pienso que he contribuido a que tengan una formación más sólida, disciplinada y con un compromiso mayor. He contribuido a que tengan mayor eficacia en lo que hacen, que es trabajar con derechos humanos desde distintos ámbitos. Eso lo sé porque estoy en contacto permanente con los equipos con los que he trabajado.

Hablemos de la cultura de liderazgo en el país. ¿Usted cómo describiría la cultura de liderazgo del país?

En Colombia hay líderes extraordinarios en contextos en los cuales el liderazgo no solo no es premiado, sino que es castigado. Desde la líder que reivindica que le entreguen a sus hijos que han sido secuestrados o desaparecidos, desde esa mujer que ejerce ese liderazgo en una vereda, o que ejerce liderazgo para que le entreguen la tierra de la cual fue despojada de manera arbitraria, hasta liderazgos nacionales positivos que defienden valores positivos de manera participativa y respetuosa en el ámbito de lo público, hay enormes dificultades.

Sin embargo, hay unos líderes que son extraordinarios, y lo que los hace más impresionantes y relevantes es justamente que tuvieron que luchar en un contexto absolutamente adverso al liderazgo, sobre todo al trabajo colectivo. El liderazgo supone trabajo colectivo, no creo en el liderazgo mesiánico, ni autoritario. Creo en el liderazgo que es capaz de construir algo colectivamente que nos haga mejores.

El contexto es malo y no hay incentivos para el trabajo colectivo, no tenemos una cultura que incentive el trabajo colectivo. Sobre eso Mauricio García ha escrito mucho y pienso que lo ha hecho muy bien, ha hecho unos diagnósticos y análisis adecuados. Hay personas que han contribuido a mostrar esos desincentivos al trabajo colectivo.

Por ejemplo la idea del “sapo”, alguien que denuncia al que se cuela en la fila. Esa era una persona rechazada y poco a poco hemos logrado ir revirtiendo esa idea, porque el respeto a las reglas supone la condición para el trabajo colectivo y si respetamos las reglas a todos nos va a ir mejor, y si a todos nos va mejor cada uno es más feliz. Hay que hacer una contracultura cívica fundada en los derechos, en los principios que están detrás de cada uno de estos derechos. Pienso que ese tipo de liderazgos colectivos priman.

Mirando hacia atrás, pensando en líderes colombianos ¿cuál le atrae?

Mirando muy atrás me atrae mucho Antonio Nariño, no entiendo cómo no existen libros, novelas y series de un tipo que tuvo una vida extraordinaria, fue un hombre muy importante para este país.

Tengo una enorme admiración y respeto por las personas que fueron asesinadas desde finales de los ochentas hasta entrado el siglo XXI, que simbolizan a las miles de personas asesinadas en este país por defender sus ideas. Desde Pardo Leal hasta Álvaro Gómez Hurtado, pasando por Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro. Eran personas que a pesar de toda la adversidad seguían luchando.

Son líderes que respeto porque simbolizan eso, las miles de personas asesinadas en este país por lo que piensan, sin empuñar un arma.

Dentro de 20 años unos historiadores deciden estudiar este momento de la vida del país, a través de cinco líderes emblemáticos. ¿Qué cinco líderes escogería usted para estudiar?

Este momento actual de Colombia está caracterizado por el proceso de paz. Hay muchas otras cosas que se podrían estudiar, pero el proceso de paz es el centro, está marcando un hito histórico pase lo que pase.

Ahí hay protagonistas e independiente de mis afinidades ideológicas, sin duda habría que estudiar al presidente Juan Manuel Santos, al ex presidente Álvaro Uribe, los ex presidentes Gaviria y Pastrana que también han jugado un papel importante y hay que estudiar sus posiciones.

Hay mujeres que, si yo fuera historiadora, estudiaría su papel en estos procesos, por ejemplo Marta Lucía Ramírez, Cecilia López y Clara López Obregón. Son mujeres que llevan muchos años luchando en este país, y la historia de cada una de ellas dice mucho sobre el país. Hay mujeres jóvenes en el Congreso que son extraordinarias, a las que aprecio con independencia de mis afinidades políticas, que son personas que llevan más tiempo en la política y pienso que son claves para estudiar en 20 años.

Ronald Heifetz sostiene que liderar es vivir peligrosamente. Porque el liderazgo tiene un lado no glamuroso, del que poco se habla: genera que otros se opongan a la iniciativa de liderazgo llegando incluso a buscar detener al líder. Esto ocurre porque el liderazgo transformador genera cambios y “pérdidas” para la gente al desequilibrar el statu quo. ¿Qué piensa usted de esto?

Tiene toda la razón. El liderazgo se vuelve glamuroso cuando la gente triunfa, pero en ese trayecto para que un líder triunfe, ha habido decenas de otros líderes que se han quedado en el camino y que han abierto la brecha. A esos nadie los recuerda, y en muchos casos son asesinados, marginados o mueren en el anonimato. Son muy pocos los que logran llegar a tener algún tipo de reconocimiento.

Cuando uno quiere hacer algo, lo único que nunca tiene que pensar es que va a tener reconocimiento, porque es bastante probable que no lo vaya a conseguir y además si se consigue, es solo en un sector, por lo menos cuando se está vivo. Cuando alguien muere a veces la historia se encarga de reivindicarlo cuando ha sido realmente importante.

Cuando la gente triunfa por lo general tiene reconocimiento, el resto se quedaron en la mitad pero sin ellos la otra persona no hubiera podido triunfar. Incluso cuando se tiene reconocimiento el sector que lo reconoce es sólo uno. Por ejemplo, si se tiene reconocimiento en el ámbito de los derechos humanos solo ese sector lo va a reconocer, porque, a pesar de que los derechos humanos son universales, en muchos lugares son una reivindicación de una minoría que es estigmatizada por una mayoría política. Cuando uno defiende a una minoría en términos de poder, inmediatamente se entra a ser parte del grupo estigmatizado.

Hay gente como yo que ha tenido una situación de privilegio, pero pienso en las miles de personas que no tienen visibilidad. El ejemplo de las mujeres que buscan recuperar su tierra es para mí un gran ejemplo de liderazgo, estas mujeres no solo son estigmatizadas, son asesinadas por pedir el mínimo derecho elemental de regresar a la tierra que cultivaron y en la que tuvieron sus hijos. 

 

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