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Sueños destruidos: ¿alguien está pensando en los jóvenes del Pacífico?

Las comunidades del Pacífico colombiano están llenas de contrastes, donde la cotidianidad está definida por contextos de inseguridad, pobreza y desigualdad. Los jóvenes son uno de los segmentos más vulnerables de la población.

Maité Rosales Escarria
Maité Rosales Escarria
Coordinadora Técnica de Educación y Líder en Formación
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07 de Marzo de 2018

“Esto que ustedes hacen es muy importante y bueno, pero lamentablemente para mí ya es muy tarde porque tuve que tomar otras decisiones para mi vida…”Anónimo

¿Es posible creer qué el estar en contextos hostiles puede destruir tus sueños, como llegar a ser un gran médico, abogado y, por qué no, un economista reconocido? Pues así es. Recuerdo escuchar a mis compañeros de grado quinto a inicio de año diciendo: “yo voy a ser policía”, “yo seré médico”, “yo seré odontóloga”. Lo trágico es saber que estos grandes sueños se desbordarían a lo largo de los años por causa de la violencia. 

Recordaba aquellos sueños al mismo tiempo que miraba a un joven de Quibdó tirado en el suelo, con un arma apuntándole en la sien, y a una persona con casco que lo acusaba de haber extorsionado.

De inmediato pensé: “he aquí unos sueños no planeados y, antes de eso, destruidos”.

Las comunidades del Pacífico están llenas de contrastes. La cotidianidad está definida por la inseguridad, pobreza y desigualdad.

Leonardo Bonilla expone en su trabajo “Demografía, juventud y homicidios en Colombia” que los grandes detonantes para la violencia en Colombia en los años ochenta fueron asuntos como la pobreza, la desigualdad, el auge del narcotráfico y el derrumbe de los sistemas policiales y judiciales, temas que rondan en la juventud del Pacífico.

Qué puede hacer uno cuando un joven le dice “esto que ustedes hacen es muy importante y bueno, pero lamentablemente para mí ya es muy tarde porque tuve que tomar otras decisiones para mi vida…”.

¿Qué se supone que debe uno responder? ¿Decirle, debes luchar por lo que quieres y debes seguir intentando?

Los jóvenes del Pacífico se ven obligados a enfrentar diferentes guerras para las cuales tiene un escaso armamento. Deben enfrentarse a la desigualdad, al hambre, al miedo, a los grupos armados, a las escasas oportunidades y, aun así, cuando salen a las grandes ciudades para ser “mejores” deben trabajar el doble que los demás.

Pero, así como lo dice Goyo, de Chocquibtown, “nos presentan de la forma más equivocada posible, como los pobres, como los que no tenemos nada. Lo que muchos no saben es que salimos a cumplir metas sin las necesidades básicas resueltas”. Deja claro lo guerreros que somos y lo mucho que nos toca luchar.

En plenas campañas políticas que inundan las ciudades con publicidad, me pregunto: será que estos políticos saben que el ingreso promedio de los hogares en la región del Pacífico se encuentran 37 por ciento por debajo del promedio nacional, según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del 2014.  O que el índice de pobreza de la región supera el 60 por ciento, muy por encima al del resto del país, que en promedio es del 45 por ciento.

Un elemento que está relacionado directamente con esta situación es la baja movilidad social de los habitantes del Pacífico, que es entendida como el menor movimiento de individuos de una clase social a otra.

El rezago en cuanto a la movilidad social es mayor en las mujeres y, más aún, cuando son casadas, según la investigación mencionada ellas “tienen menor movilidad”. Por el contrario, las que son cabeza de familia registran mayor ascenso educativo pero, en todo caso, las brechas son más altas en la región pacífica que en el promedio colombiano.

La semana pasada escuché a un candidato en la ciudad de Quibdó hablar sobre sus propuestas y múltiples conclusiones sobre desarrollo que uno ya se acostumbra a escuchar cada elección. Lo trágico es que este candidato ni siquiera sabía cuáles eran las actividades económicas más importantes de la ciudad, pero estaba haciendo campaña y, ese error pequeñito, no cuenta.

El Centro de Estudios Económicos Regionales del Banco de la República, en su informe “Movilidad social en el Pacífico colombiano” destaca que solo el 45 por ciento de los habitantes del Pacífico registraron un movimiento ascendente de una generación a otra, mientras que en el promedio colombiano el ascenso se dio en el 52 por ciento. La investigación del Banco de la República confirma que, en la medida en que los padres son más educados, los hijos tienen mayor probabilidad de acceder a la educación superior y mejorar sus condiciones de vida.

Y la pregunta es, en medio de este bullicio político: ¿alguien está pensando en los jóvenes del Pacífico? Pero no pensando en nosotros como herramienta para repartir volantes en los semáforos, necesitamos saber si hacemos parte de sus estrategias como gestores, como líderes capaces de generar transformación.

Entonces, solo esperamos que esto sea un llamado a todos los actores de la sociedad, en particular, a los políticos, en esta época de campaña, a fijarse en los jóvenes del pacífico; enfocarse en este segmento de la población, identificando sus necesidades y vulnerabilidades para plantear planes de acción y soluciones a sus problemáticas y, sobre todo, para identificar sus fortalezas y potencialidades en la región.

“Los grandes hombres hacen historia, pero solo la historia que les es posible hacer. La libertad para alcanzar sus logros se ve limitado por las exigencias de su entorno”. C. L. R. James, historiador de Afrotrinitense.

Imagen de portada: Pacificocolombia.org

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