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“¡María Jesús, prendé la luz!”

Hace poco, en una fría calle bogotana, vi pasar a un par de chicas exhibiendo sus impresionantes afromelenas. Sus frondosos cabellos gritaban la libertad, confrontando los discursos que por tanto tiempo hemos escuchado sobre el ‘pelo malo’.

Maria Isabel Mena
Maria Isabel Mena
Investigadora independiente
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28 de Junio de 2018

Hace poco, en una fría calle bogotana, vi pasar a un par de chicas exhibiendo sus impresionantes afromelenas. Creo que gran parte de los transeúntes no escapaban de mirar y admirar esos frondosos cabellos que gritaban la libertad confrontando con su propio estilo los discursos que por tanto tiempo hemos escuchado sobre el ‘pelo malo’, pelo impresentable, de bruja, maluco y otros adjetivos que han recaído sobre esa parte del cuerpo de las mujeres negras principalmente.

Toda nuestra existencia hemos escuchado que si no nos alisamos o nos plantamos extensiones laciadas en el cabello no somos bonitas ni nos admite la sociedad blanca. Casi siempre pensamos que, al presentarnos a una entrevista con el pelo natural, nos arriesgamos a incomodar a quien debe colocar un aval a nuestra candidatura. Ese proceso casi siempre está mediado por el canon de la estética racial donde ‘otro’, certifica nuestra ‘buena presentación’.

Las comillas anteriores son necesarias porque las experiencias históricas y políticas nos atraviesan de forma diferencial dependiendo de las marcas raciales que los cuerpos expresan. Esa realidad tan obvia en la piel y el pelo no todos la poseen y, quizás por ello, quieren demeritar por todos los medios posibles que seamos bellas a partir de nuestra propia esencia.

Pero verse bonita en el caso de las mujeres no es sólo un tema de descubrirse como sujetas negras. Es, por sobre todo, convertir en un valor positivo lo que la sociedad racializada ha introyectado como malo, reducido, feo e indeseable. Por ello, el debate entre alisadas amigas de las extensiones, y protagonistas del empoderamiento al natural no es una polémica semántica y mucho menos un tema cosmético. Este debate no incluye a aquellas que se ponen un turbante porque son alopecicas o porque están enfrentando una enfermedad que les roba su pelo natural. Este debate es a todas luces un pregón sobre la sanación del cuerpo de las víctimas del racismo estético.

Y, claro, no es una queja caprichosa. Hablo de mujeres y hombres que dia a dia se miran ante el espejo y se encuentran con un laberinto racial creado para definir qué es lo bueno, lo deseable, lo admirable. Casi nunca los cabellos pretos califican en ese indicador. Por ello, considero verdaderas revolucionarias a aquellas que deestabilizan el estatus quo haciendo de su proceso capilar todo un nuevo dispositivo de poder que pasa por todo el cuerpo incluyendo el pelo.

Los comentarios de otros transeuntes a las jóvenes que ví pasar en la calle bogotana no se hicieron esperar. Hubo uno en particular que me trajo a la mente un sinfín de recuerdos de la sociedad caleña. Un señor con visible admiración, les dijo: “¡María Jesús, prendé la luz!”. El ‘piropo’ fue tan curioso que me detuve para ver la reacción de las jóvenes.

En segundos, por mi mente pasaron ráfagas de imágenes cotidianas del racismo capilar. Me detuve porque pensé en los funcionarios negros que escuchan frases ligadas a la extrañeza de sus trenzas, al pelo afro desorbitado o esas expresiones tan exhuberantes como: “¿doctor y cuándo se va peinar?”, “¿piensa entrar a una reunión así?”,  o “yo conozco un buen peluquero”. Y qué tal la pregunta a los hombres pretos: “¿cuándo se van a rapar?”.

Pensé rápidamente en una chica que se entristeció cuando le dije que si empezaba a alisarse desde muy temprano en la pubertad probablemente tendría problemas complicados con todo ese bello vestido que es la piel. Le dije piensa si gran parte de la resequedad en tu piel tiene que ver con la sustancia que aplicas a tu pelo.

Imaginé la cantidad de niñas, cruzando los dedos para que suceda el milagro de que se acuestan negras y se levantan blancas con el pelo rubio.

Por eso y más de lo que pasa con nuestros cabellos hago un reconocimiento a la cantidad de mujeres que aportan productos y menjurjes para que crezca el número de las que emprenden el camino de la transición, porque se que jamás se arrepentirán de haber descubierto esa parte de la prietud que nos habita y con la cual debido al peso de tradiciones estéticas blancas las convertimos en opresivas patologías.

Por eso, cuando se pretende ridiculizar a las comunidades negras por su pelo o por lo que sea, ¡hay que coger lucha con todo ese escenario!. Me hice del lado de las chicas pidiendo respeto para ellas y para todas las comunidades negras.

El hombre que profirió el comentario insistió en su planteamiento. Nos pusimos la mano en la cadera en actitud de confrontación. Este macho alfa, al ver la plantada, se echó a reír y pidió disculpas que sonaron bastante forzadas, pero dio punto final al suceso.

Y es aquí donde las preguntas que vinculan piel más cabello o fenotipo se vuelven interesantes de comprender porque después de ese momento conversé con las jóvenes y pude notar su inconformidad porque sabían que el sujeto se burlaba de su cabello pero no entendían a profundidad el asunto.

Les explique qué le dicho “prendé la luz” se utilizaba en la época colonial cuando las sociedades se alumbraban con velas y, según esos comentarios prejuiciosos, a los esclavizados africanos no se les veía nada más que los ojos y los dientes. Era necesario prender la luz para que apareciera aquella que, por su negrura, no se podía ver sin las velas. Era un mandato del amo indudablemente.

Después de la explicación histórica, las chicas se incomodaron más porque no entendían que tenían que ver la historia de la esclavitud y las palabras proferidas por el transeunte. Es aquí donde los vacíos de la historia de Africa en el sistema educativo representan tensiones problemáticas para las personas negras que bien se pueden resolver con un programa educativo serio y consistente que cuente tanto el dolor de la esclavitud como toda la resistencia que hoy nos permite a todos los herederos del holocausto africano ser libres.

Pero lo más interesante de la conversación fue cuando ellas pronunciaron que no fueron familia de los esclavos porque ellas son afrodescendendientes.

Esa intervención me dio pie para explicarles que técnicamente todos los seres humanos salieron de África a poblar el planeta y esa circunstancia convierte en afrodescendientes a todos los humanos, independientemente de su color de piel: blancos, negros, mestizos, indígenas, etc. Argumenté que sólo las personas negras padecieron la esclavitud a la que alude ‘María Jesú’.

Mas no tenían por qué avergonzarse de ese pasado impuesto por los europeos en su proceso de expansión colonial. Al contrario, el hecho que tengamos esta piel y fenotipo habla de la grandeza de nuestros antepasados, de sus luchas por la libertad. Creo que logré turbar sus reflexiones porque me están escribiendo sobre sus preocupaciones.

Esta anécdota, entre muchas otras, hacer constatar que el hecho de que las mujeres negras dejen su pelo al natural tampoco significa automáticamente que posean las claridades políticas fruto de su relación con la diáspora africana. Entre otras, porque no existen fuentes que aclaren las dudas de las jovencitas. Ellas, junto a muchas que llevan un buen recorrido en el activismo, construiran su propia perspectiva del tema.

El debate está mas intenso que nunca y probablemente todos de alguna manera estamos inmersos en el gran reto de unificar posiciones para decir con todo el orgullo necesario que nuestro pelo viene del Africa ardiente, que nuestros fenotipos no tienen porque ser el vehiculo de burlas y comentarios de personas prejuiciosas y racistas.

Agradezco haber estado allí, en el centro de Bogotá, a esa hora, en ese mismo instante, porque seguiré insistiendo en demandar un plan de acción para la implementación de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos que es, en últimas, la única opción que tiene Colombia para salir de su endémica ignorancia sobre las personas negras que habitan este compleja nación.

Cierro deseando lo mejor para las que se asoman a este viaje del empoderamiento estético. Que  sigan resolviendo sus dudas e inquietudes, sólo así resolveremos las cuestiones a nuestra identidad y la forma como queremos dar cuenta de ello. ¡Un abrazo sororo y seguro de que cada vez seremos más!.

Imagen de portada: Instagram.com/chontudas
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Comentarios (1)

James Alonso Piñeiro Castillo

28 de Junio

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Es de aplaudir la valiente acción de no permitir pasar por alta la burla raci...+ ver más

Es de aplaudir la valiente acción de no permitir pasar por alta la burla racializada que buscaba ridiculizar a dichas jóvenes, comparto en que es momento de que uns instrumento como la cátedra de estudios afrocolombianos se implemente de manera real en el sistema académico y civil de los colombianos.