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Los afroconvenientes y los negros problemáticos

El “afroconveniente” es aquel sujeto, hombre o mujer, que se declara afro, cuando a partir de esa supuesta condición que no tiene que ver con el color de la piel, asegura prebendas y beneficios.

Maria Isabel Mena
Maria Isabel Mena
Investigadora independiente
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31 de Agosto de 2018

Capitulo I

En 2017, una renombrada universidad publicó un concurso donde invitaban a participar a docentes afros. Exalté el proceso como una novedad dada la evidencia de los pocos docentes universitarios que ocupan plazas en universidades públicas o privadas en Colombia.

Estas acciones de incorporación de cuotas raciales al mercado laboral se llaman acciones afirmativas, y son medidas que pretenden remediar los desequilibrios que producen ciertos filtros que operan silenciosamente en el mercado laboral.

En este caso particular, por ejemplo, que no hay personas negras en los mejores puestos o que hay cierto sector económico donde aparece tradicionalmente esta población: los cargos peor pagados o de menor estatus social.

Celebré, entonces, la publicación de un concurso docente que supuestamente promovía la inclusión racial. Sin embargo, cuando se filtraron los hojas de vida de los aspirantes, resultó que todos los docentes que pasaron las distintas etapas eran personas de piel clara.

Al preguntar por los mecanismos de valoración me explicaron que éstos no pasaban por el color de la piel sino por los méritos que los evaluadores calificaban. De sobra sabemos que este ha sido el argumento más reiterativo que exponen las personas que toman decisiones institucionales.

Seguramente los lectores han escuchado diatribas como “yo no lo elegí por negro sino por que es bueno”, “yo no leo literatura de un autor negro por su color de piel sino porque es el mejor”, o “no es un problema de raza sino de mérito”.

Una gran cantidad de personas termina con la firme convicción  que la meritocracia no pasa por el color de la piel sino por otro tipo de argumentos  y cada vez que el movimiento social se pronuncia por la falta de candidatos negros para los puestos de trabajo, son tildados de acomplejados, inconformes, “todo lo quieren gratis” o la manida frase “¡a quién se le ocurre que le darán el puesto por su negrura!”.

Para el caso del concurso docente, me convertí en problemática en tanto se sentía en el ambiente la incomodidad ante las preguntas por la participación de las personas negras en el concurso.

Aunque no era parte de mi labor ,decidí revisar uno a uno los currículos, los puntajes asignados, las ponderaciones para poner las calificaciones. Hice notar que justamente al maestro negro que se presentó al concurso no se le había tenido en cuenta los artículos publicados y uno que otro detalle del perfil de ese docente que se le pasó a los evaluadores.

La tensión crecía en ese espacio académico, no sólo porque el docente negro entró por sus méritos a una finalización donde se le había descartado, si no porque a esas alturas del concurso era claro que ya los otros colegas habían tomado decisiones en torno a quien debía ocupar la plaza docente y yo lo puse en duda.

En vista de que los demás evaluadores no se sintieron a gusto con mis peticiones de aclaración, decidí acudir a las directivas universitarias para alertar de un posible “conejo” al concurso.

Sin embargo, la oficina jurídica respondió que quienes se presentaron al concurso se reconocen como afrodescendientes. Ya se imaginan los resultados de este proceso: efectivamente un docente afrodescendiente blanco se quedó con la plaza  universitaria.

Este concurso es una muestra más de un tema que está complicando enormemente la polémica racial en esta nación. Varias son las preguntas sobre lo afro y su explícito rechazo a considerar el color de la piel como la característica principal que se debe defender ante la hegemonía racista.

Frente a estas circunstancias, flotan en el aire preguntas como ¿quiénes entran en esta franja?, ¿quiénes están excluidos de este colectivo,  ¿cuáles son los alcances de este término que se volvió tan seductor?, ¿las personas blancas se declararían afros si no hubiera beneficios?. Todas estas cuestiones más otras que es necesario confrontar crearon un ente conocido en el bajo mundo como “afroconveniente”: aquel sujeto,  hombre o mujer, que se declara afro, cuando a partir de esa supuesta condición que no tiene que ver con el color de la piel, asegura prebendas y beneficios.

Y la gran cuestión que nos asiste es qué tanto de esos bienes debieran llegar directamente a las personas negras victimas del racismo, aquellas a las que requisan incesantemente en los establecimientos públicos, que les esconden la hoja de vida en los concursos, a las que no aparecen protagonizando grandes producciones de cine y televisión, las que han puesto el mayor porcentaje de víctimas del desplazamiento. De esas estoy hablando.

Por su parte, otra tendencia de activistas, investigadores, académicos comprenden que no es táctico reemplazar el término negro por afro, para autoreferenciar a las víctimas de la esclavitud. No sólo porque la forma de nombrar sí importa si no porque la historia viene aclarando como se puede corromper un  término para usufructuar su contenido.

En esta tendencia, algunos podrán ser afros, pero nunca serán negros, señalan militantes del antirracismo.

Capitulo  II

Otro problemático ejemplo que pasará a la historia afrodescendiente es el relativo a las curules en la cámara de representantes en el periodo legislativo pasado.  Así como aconteció con el concurso docente, se aliaron sectores de la política tradicional, fuertemente cuestionados ante nexos con el paramilitarismo para quedarse con los cupos ganados por las comunidades negras en el proceso de la Ley 70 de 1993.

Rodaron explicaciones como que los políticos se autodenominaron afrodescendientes, que siempre habían trabajado por esas comunidades, que tenían tanto derecho como cualquier ciudadano colombiano a ocupar esos espacios. Ambos congresistas murieron en el ejercicio de lo que se ha llamado el secuestro de las curules.

Efectivamente los congresistas no eran visiblemente negros aunque su espíritu pudiera ser morado, azul, verde o marroncito.

Capítulo III

En el más reciente episodio se tuvo noticia de un reinado afrodescendeinte que eligió a una mujer blanca como símbolo de la belleza afro. El malestar social no se contuvo y se manifestó abiertamente en las redes sociales acusando de usurpadoras a las participantes blancas en un reinado afro. Las imputaciones pasaron por indicar que si no existieran prebendas, jamás esas chicas hubiesen reconocido su pasado africano para incluirse en el  grupo de las comunidades negras.

Las justificaciones para que participaran todas las chicas interesadas fue justamente que todas se declaraban afrodescendientes, se blandieron argumentos esotéricos sobre el alma, la conciencia, el espíritu y demás abstracciones que denotan una profunda ignorancia sobre de qué se está hablando en concreto. E insisto que el tema que está en juego es el color de la piel.

Y, a pesar de toda la ola de indignación que se pronunció ante este hecho, una mujer blanca se quedó con el cetro. Sí señor: una chica de piel clara es la nueva Señorita afrodescendiente 2018.

Así las cosas, el asunto del concurso universitario o el escandalo por las curules o las manifestaciones ante el reinado no son incidentes menores, no implica sólo a los “problemáticos” que están dispuestos a defender sus más valiosas conquistas sino que es necesario analizar estos capítulos como parte de toda una estructura destructiva que tiene como objetivo menoscabar los pocos derechos conquistados de las personas negras con mucha sangre de por medio y a punta de férrea resistencia.

Afortunadamente no todo está perdido. Hay muchas personas conscientes del desafío histórico que le representa a la negritud segmentar su población para determinar tanto su manada inicial como los aliados en la lucha antirracista. El movimiento también deberá identificar aquellos que bajo máscaras oportunistas se agazapan en este camino para despojar a las comunidades de sus derechos.

En todo caso, se vienen tiempos de mucha alerta y de una gran decisión para enfrentar la arremetida sobre los recursos económicos  que es al final lo único que importa a los impostores. Se avecinan nuevos capítulos tormentosos en la escritura de nuestra historia. Por lo cual, requerimos mucha fuerza ancestral para reconocer a los y las farsantes detectando a tiempo todas y cada una de sus tácticas de pillaje. Parte de esa lucha será la razón de ser de la negritud, aquella  que problematiza la comodidad  y el confort de quienes no asocian el color de la piel a la vulnerabilidad social.

Imagen de portada: Asomecosafro.com.co