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La cartilla Nacho, ¿o el símbolo del macho?

¿Alguna vez se ha preguntado qué hay detrás de los textos o materiales educativos que usted compra para el ingreso de los estudiantes a una institución educativa?.

Maria Isabel Mena
Maria Isabel Mena
Investigadora independiente
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19 de Julio de 2018

¿Alguna vez se ha preguntado qué hay detrás de los textos o materiales educativos que usted compra para el ingreso de los estudiantes a una institución educativa?.

Probablemente recuerde el dinero invertido y las filas para comprar a tiempo los útiles que solicitan las instituciones a donde llegarán los infantes a vivir la aventura escolar.

Seguramente recuerde lo alegres que estaban sus hijos por el regreso a clase, porque  la entrada a estudiar supone estrenar materiales, uniformes, conocer nuevos compañeritos y adaptarse a las circunstancias que rodean un nuevo período lectivo.

Especialmente los padres que tienen a sus hijos en colegios privados saben de los altos costos de la canasta escolar donde se piden, en ocasiones, útiles inútiles.

Y quizás no recuerde si pensó ¿quiénes son los dueños de las industrias que producen las cartillas, los sacapuntas, los cuadernos, los esferos y demás que llegan a la escuela?, ¿por qué el colegio seleccionó estos y no otros materiales?, ¿por qué la permanencia de ciertas marcas desde que usted mismo era pequeño y hoy ese mismo es el que sigue comprando para sus hijos?.

¿Por qué no nos preguntamos por nada de lo anterior?. Simple: la escuela goza de la confianza y legitimidad para que solicite lo que necesita.

Pero los útiles escolares no son un asunto de tradición o de confianza. ¡No y no!. Son temas de monopolio. Las editoriales que hacen todas esas herramientas referidas no son cajas de beneficencia social. Son enormes músculos financieros  que manejan lo que se requiere para ser un ‘estudiante exitoso’.

Contestando a la pregunta de qué hay detrás de todo esto, quiero contarle que existen pensadores muy críticos que investigan esos temas y les preocupan los asuntos relacionados con el consumo estudiantil. La canasta educativa cuesta billones de pesos y aquellos materiales que se destinan a los colegios públicos son recursos nuestros, pagados por todos los colombianos y colombianas.

No solo hago referencia a los textos y materiales educativos que programas como PTA (Todos a aprender) entregó en la administración Santos  sino que es muy llamativo que los libros estudiantiles sean realizados por las históricas editoriales españolas que llevan siglos ofertando textos para la enseñanza de los infantes en Colombia.

Por ello, usted sigue viendo a las editoriales Norma, Santillana, Voluntad, Susaeta entre otras, todas de estirpe española como las principales compañeras de aventuras de los niños en el morral estudiantil.

Impresionante sería conocer las cifras que le ingresan a Susaeta por mantener la cartilla “Nacho” en las escuelas colombianas y sostener ese ‘youtuber’ de la lectoescritura vigente en la cultura escolar. Pero, sobre todo, sería interesante identificar la estrategia para mantener durante dos siglos una misma cartilla como símbolo de la lectura y escritura infantil.

En todo caso, las cartillas de lectura y escritura han suscitado gran preocupación entre los analistas de estos libros en tanto son los primeros contactos de los chicos con el mundo escolarizado. Tanto así que en cualquier evento en que pregunto por los libros con los cuales los asistentes aprendieron a leer y escribir casi nadie olvida ese primer manual: muchos recuerdan con vívida emoción “Pepito”, “Coquito”, “Alegría de leer” y sobre todo recuerdan la cartilla “Nacho lee”.

La presencia de Nacho es muy curiosa después de la declaración de nación multiétnica, pluricultural y poliracial establecida en la Constitución. Se esperaría que los manuales escolares fueran acordes a ese tipo de sociedad.

Supondríamos que, a estas alturas de la historia, Nacho debería contemplar las lenguas maternas de los grupos étnicos, es decir, debería ayudar a concretar el derecho que tienen los infantes de las comunidades indígenas y negras a leer y escribir en su propio idioma. La cartilla también debería contener imágenes de las diversas razas que habitan el territorio de la nación colombiana.

Pero esas transformaciones aún no han sucedido. Nacho sigue intacto como en su primera edición. La Cartilla se adapta a nuevos recursos tecnológicos, como el computador, pero no se transforma en las páginas internas frente a otras realidades de los infantes.

Nacho es polifacético a pesar de que el texto es el mismo formato, las mismas imágenes, los mismos silabeos. Cuesta creer que Nacho siga siendo el macho que inspira a los niños de todos los colores a leer en sus insípidas páginas.

Nacho lee, Nacho calcula, Nacho juega con el computador, Nacho va de paseo y cuesta creer que no se les haya ocurrido a los editores que hay una cantidad de “Nachas” o mujeres que valdría la pena poner en las carátulas del texto escolar.

Y esta preocupación es gigante porque hay suficiente evidencias que los textos no son neutrales, pueden causar daños irremediables al autoestima de chicos que no se ven reflejados en las páginas dedicadas al conocimiento escolar.

¿Cuándo aparecerá en las imágenes de las  mamás una “ma” negra para que el estudiante asocie su propia representación con la que aparece en la cartilla?.

Nacho es el mejor síntoma de un país clasista, misógino e intensamente racista. Debemos unirnos a pedir que ese tipo de materiales salga de una vez por todas de las aulas de clase colombianas.

Nacho es clasista porque todos los niños blancos que aparecen en Nacho están bien vestidos, con zapatos pulcros, tienen una casa con todos los muebles y accesorios que hacen notar la clase social de Nacho. Nunca he visto en sus ediciones que aparezcan chozas, aldeas, palafitos u otras construcciones para enseñar a los pequeños el significado de la “ce” de casa.

La clase social de Nacho también se expresa en los juguetes que tiene este bloguero de la escritura infantil. Al tener juguetes, como deberían tener todos los niños, se suponen resueltos otros elementos básicos, lo que no resulta tan cierto para miles de niños y niñas en Colombia.

Nacho es misógino porque después de doscientos años de circulación no existe una Nacha digna de ocupar la caratula del texto, naturalizando la presencia masculina en el ámbito escolar, cuando sabemos que las mujeres son quienes mayoritariamente llevan a sus hijos a la escuela y son ellas prioritariamente quienes hacen las tareas en casa.

Pero, además, después de dos siglos sigue presentando imágenes de las mujeres que barren la casa, cuidan a los niños y se dedican al espacio doméstico mientras el papá fuma pipa.

Para consolidar su machismo, Nacho condena a las mujeres a los clásicos oficios domésticos donde bañar a los niños, cocinar los alimentos o esperar a que el papá llegue del trabajo son la justificación de la presencia femenina en el hogar.

Y Nacho es racista porque no hay una sola persona negra que aparezca en la cartilla en todo el tiempo de circulación que lleva este manual  en este país. Sabemos que los temas de la representaciones infantiles tiene consecuencias positivas o negativas sobre lo que somos y lo que aspiramos a ser con el proyecto de vida.

Los niños negros se ven obligados a leer la “eme” de mamá con una mujer blanca y pelirroja que no tiene la mínima familiaridad con su madre de carne y hueso, aquella que le acompaña en los primeros momentos de la vida.

Así las cosas, Nacho no es sólo un inocente texto que adorna las escuelas colombianas. ¡No señor! es el símbolo de la colonización española puesta al alcance de los niños y las niñas colombianas.

Por todo ello, invito a los analistas a seguir denunciando este tipo de fenómenos,  invito a los padres y madres responsables de la construcción de la identidad de sus hijos a pronunciarse por la diversificación de este tipo de materiales en nuestras escuelas.

Es fundamental reconocer el papel de los maestros en diversificar el material didáctico para las clases de lectoescritura. Si después de una licenciatura o estudios de posgrados los docentes de la educación básica siguen dependiendo de las cartillas de Nacho para el proceso lectoescritural de los estudiantes, entonces es hora de preguntarse por la posición de los académicos ante los libros de texto. Y si ese interrogante no aparece en la formación de los educadores, tenemos problemas de gran calado.

Por último no olvidemos que quien regula al sector educativo es el Ministerio de Educación. Esta cartera guarda un silencio sepulcral ante la temática de los textos escolares, su vigilancia, veeduría y control.

Es necesario reconocer que algunas organizaciones del movimiento de comunidades negras están produciendo material pedagógico para resolver los temas de esta columna. Resalto el trabajo realizado por la Conferencia Nacional de Organizaciones aAfrocolombianas, Cnoa, en el e-book “Leilani”, cuya construcción fue realizado por los propios niños y niñas, con su propia voz y su propio relato. Ese proceso de cocreación demuestra que sí se puede disponer de otros elementos discursivos en el material didáctico para los estudiantes colombianos.

Tengan todos buenos vientos y buena mar. 

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Comentarios (3)

José Saramago ..

19 de Julio

2 Seguidores

estoy de acuerdo en que hay carteles de los útiles escolares como los de los ...+ ver más

estoy de acuerdo en que hay carteles de los útiles escolares como los de los cuadernos para exprimir a los pobres padres (y excúseme por no decir madres, o padres y madres),
y que se cuestione la calidad física de los productos escolares y el contenido que es lo mas importante de los libros, eso hay rechazarlo y mejorar en pro de los niños y estudiantes en general,
pero si que me fastidia cuando empiezan con eso de la inclusión para todo, a veces se vuelve extremo, a modo de ejemplo es como cuestionar a un director de una película de la edad media sobre Samurais japoneses del siglo XXII que porque no incluyen a un actor negro es la película discriminatoria, ¡!?

Rodrigo Velasco Ortiz

31 de Julio

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Hola, Saramago. Creo que tu mirada machista y clasista no permite entender el fenómeno denunciado. No es que te salgan caros los materiales sino SU CONTENIDO. Es ridículo el ejemplo de los samurais porque el tema es la sociedad colombiana, multiétnica y multiclasista. ¡Abre tu mente!

Hola, Saramago. Creo que tu mirada machista y clasista no permite entender el fenómeno denunciado. No es que te salgan caros los materiales sino SU CONTENIDO. Es ridículo el ejemplo de los samurais porque el tema es la sociedad colombiana, multiétnica y multiclasista. ¡Abre tu mente!

Andres Felipe Garcia Rovira

19 de Julio

2 Seguidores

Nacho es racista porque no hay una sola persona negra que haya salido en la ca...+ ver más

Nacho es racista porque no hay una sola persona negra que haya salido en la cartilla, La corte constitucional es racista porque no hay una sola persona negra que haya sido magistrado de la corte. LSV es racista porque no hay un solo periodista que sea negro. Desear crear una sociedad como la española donde se dedican recursos a inventarse idiomas, es muy practico para grupos de interes que estan interesados en coptar rentas, nuestros niños tienen dificultades para aprender el ingles lo que les quita competitividad, pero peor aun el español que es practico en muchas instancias de la cotidianidad, generarles una desventaja adicional es algo que solo le conviene a las personas que ya obtuvieron sus grados y egoistamente prefieren que sus conciudadanos se queden sembrados en la ignorancia, porque en lugar de preocuparse por el beneficio de un texto que en ultimas es irrelevante, en lugar de preocuparse por mejores maestros, condenando a las comunidades etnicas al subdesarrollo, patetico.