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Emilia Eneyda y su “Don Corrinche”: décadas de puro amor

Ser corrinchoso es reconocer al líder del corrinche, identificar quién ambienta la jornada, pero además, esa relación es un ejemplo más de las luchas que vienen desde abajo por la dignificación de las trayectorias de las personas negras en un país como Colombia.

Maria Isabel Mena
Maria Isabel Mena
Investigadora independiente
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29 de Octubre de 2018

Señalar a las mujeres como el sostén de la sociedad, no es nada nuevo, sin mujeres no hay vida. Sin embargo, en un mundo violento contra ellas, donde no paran las agresiones y vulneraciones no sobra insistir, repetir hasta la saciedad que sin la fuerza de nuestras niñas, jóvenes y mayoras, la colectividad humana está condenada a su propio exterminio.

Y en esta primera idea de un mundo que respeta a las mujeres y sus causas por la humanización, tiene todo el sentido reconocer a las anónimas, las que por la fuerza de su valor histórico no tienen grandes medios de comunicación para hacerse escuchar o no tienen condiciones financieras  para crear y consolidar empresas que pareciera serle fácil a otras personas que cuentan con la riqueza necesaria para hacer grandes eventos, les publicitan los canales hegemónicos o cuentan con el padrinazgo político para emprender iniciativas que casi siempre terminan en apropiación cultural.

Si recordamos, hasta hace muy poco tiempo que no habían productos capilares para el cabello prieto y las grandes marcas nunca se preocuparon de ello. Para esas empresas no hubo el más mínimo interés por promover ingredientes específicos para las mujeres negras.

Entonces, suena sospechoso que justamente ahora, cuando pequeñas emprendedoras de empresas capilares, haciendo mingas y otros ejercicios ancestrales para juntar platica y desarrollar sus iniciativas salgan estas firmas a ofrecer materiales para el cuidado del cabello.

¿Se afectan las mujeres con esta apropiación cultural? Claro que sí, sin lugar a dudas. No solo porque es clarísima la estrategia de conquistar un público que nunca fue prioritario en la comprensión de la estética y de lo que se vende a partir de ello sino porque a través de las pequeñas iniciativas  muchas familias negras resuelven gran parte de la economía familiar. Siempre será una situación desigual.

Es aquí donde se amarra una segunda idea. Porque, podríamos considerar miles de historias de mujeres que sacan adelante a sus familias con la única ayuda de lo que les ofrece el entorno y  de otras mujeres a las cuales ningún presupuesto alcanzaría para pagar su dedicación, sus trasnochos, sus consejos y porque no, una que otra nalgada a tiempo.

Aquí aparece la historia de la maestra Emilia Eneyda y su hijo Manuel Alejandro conocido en el mundo artístico como “Don Corrinche”, su compañero de aventuras y corrinches.

El corrinche en nuestras comunidades se conoce por un lado, como desorden, bochinche, chisme y por otro lado como una “juntafé” o bunde, o fiesta que convoca a la gente para pasar un rato de diversión bailando y  hablando de lo importante: nosotros mismos; en otras palabras,“corrinchando”

Ser corrinchoso es reconocer al líder del corrinche, identificar quién ambienta la jornada y  eso fue el hijo de Emilia. Madre e hijo fueron admirados por la intensa complicidad que respiraban cuando estaban juntos.

Pero, además, esa relación es un ejemplo más de las luchas que vienen desde abajo por la dignificación de las trayectorias de las personas negras en un país como Colombia.

Emilia estudió en la Universidad del Valle y cuenta como a partir del  etrenzado se ayudó económicamente para cursar sus estudios universitarios en  una época en la cual, mucha gente negra emigró a las ciudades a hacerse profesional por su propia cuenta y riesgo, una época en la cual  no había becas condonables y a pese a todo, a fuerza de tenacidad y persistencia contingentes de personas sacaron adelante sus estudios profesionales.

Trenzar el pelo prieto es práctica ancestral  para cuidar el cabello de las mujeres negras, no solo representa un emprendimiento capilar de enorme importancia para fortalecer el autoestima de chicas que escuchan permanentemente mensajes perversos sobre su pelo y la forma en que la sociedad blanca quisiera que se llevara; sino que, además, le permitió a Eneida convertirse en un referente de las discusiones políticas en torno a las luchas por la estética y sus alcances en una sociedad que se reconforta en pertenecer al mito de la blanquitud.

Describo entonces a una mujer negra, nacida en el Chocó con un epicentro en Cali aunque la he visto dictar talleres sobre el trenzado en distintos departamentos del país. Se hizo maestra y combina de forma magistral una envidiable agenda donde escribe sus reflexiones, dicta clases de idiomas, conduce un evento importantísimo como tejiendo esperanzas y aparece en escenarios donde se necesite fortalecer  las perspectivas de las mujeres y la necesidad que aprendan a quererse, aceptarse y respetarse.

Su hijo, Don Corrinche, ingresó al mundo cultural desde bebé, Eneida se veía acompañada con su niño en todos los espacios donde participar es parte de la agenda de la lucha antirracista.

Era envidiable la compinchería entre madre e hijo a tal punto que cuando el uno andaba sin el otro era inevitable preguntar ¿qué pasó?. En adelante Emilia no tendrá a su Corrinche pero, estará acompañada de las personas que la quieren, las hijas e hijos putativos “corrinchados” con su Manuel Alejandro, quien  partió muy prematuramente a la tierra de los ancestros y ancestras a juntarse con un elenco de paisanos que se fueron primero a continuar el corrinche en otro plano astral.

Su partida precoz deja un enorme vacío a quienes le conocieron a quienes lo disfrutaron, lo apreciaron y vivieron alegres experiencias corrinchosas.

Las diversas manifestaciones de solidaridad que hicieron diversos agrupaciones artísticas a  la memoria de “Don Corrinche” da cuenta de que Emilia hizo la tarea muy bien, se esforzó para donar a la sociedad una buena persona, que preconizara su “prietitud” con orgullo.

Este joven será recordado en el proceso de comunidades negras por su alegría, su compromiso con la defensa de los derechos del pueblo negro, con  la cultura y con la vida misma.

Emilia seguirá Tejiendo esperanzas, con su Ángel negro acompañándola desde el cielo, pues aunque   no lo podemos ver, sentiremos su fuerza y determinación para inspirar procesos que enaltezcan los anhelos juveniles de un mundo mejor para todas y todos.  

Ese es el legado “corrinchoso” que Manuel Alejandro deja a esta generación que lo vio nacer, crecer y transformarse en un digno exponente de la negritud y de la alegría juvenil.

De viva voz preguntamos a Emilia Eneyda como quisiera que fuese recordado “Don Corrinche” y señala: “Como un chico súpertalentoso, como el más negro de los negros, con un gran sentido de la solidaridad y tal don de gentes, que logró concitar las voluntades de diversos colectivos a nivel nacional e internacional, conformando así la gran familia de la “Prietitud”.

Gracias Emilia por permitirme participar de este homenaje.

 
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