Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

El voto negro por la paz

¿Cuál es el deber democrático de los afrocolombianos en las ciudades para con ellos mismos y sus familiares en el Pacífico y en el Caribe?

Harrinson Cuero
Harrinson Cuero
Investigador asociado al CIDER Universidad de los Andes
57 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

6 Columnas

Columna

369

0

15 de Junio de 2018

El pasado mes de mayo en medio de la contienda electoral el país pasó inadvertido una fecha de suma importancia, el Día de la Afrocolombianidad. Solo un acto realizado en la calle 93 en Bogotá recibió mediana atención mediática. Los otros eventos desarrollados por las organizaciones sociales afrocolombianas, gobernaciones o alcaldías, pasaron físicamente desapercibidos, casi invisibilizados.

Pero el 21 de mayo se celebra y recuerda la abolición de la esclavitud; se reconoce el aporte de los afrocolombianos en la construcción de la plurietnicidad y la multiculturalidad del país.

He dicho en otro artículo lo importante que resulta recordar y la significancia cultural, política y social de esa palabra. Recordar es “volver a pasar por el corazón” y los colombianos debemos volver a pasar por el corazón los grandes hechos que los hombre y mujeres negras han hecho y siguen haciendo por la consolidación de este país.

No es solamente los aportes económicos, sociales, culturales y ambientales, se debe recordar también que los hombres y mujeres, pese a su historia de opresión y resistencia le han dado un ejemplo de perdón y reconciliación a los colombianos en general; sus prácticas ancestrales de convivialidad, de solidaridad y de comunión en lo colectivo, han sido verdaderos métodos de resolver las diferencias por un camino distinto a la violencia. 

En la actualidad como en el pasado esclavista, de lucha y rebelión; de cimarroneo libertario, y el olvido estatal, pese a ser una de las principales víctimas del conflicto, y pese al dolor e inmovilidad que deja la guerra y el terror, la población afrocolombiana apoyó decididamente el proceso de paz con las Farc, el plebiscito refrendatario de los acuerdos con las Farc y en la actualidad le apuestan masivamente a la candidatura presidencial que respete los acuerdos y promueva la transformación de las causas de la guerra.

 

Fuente: Revista Semana 

En las regiones donde las comunidades negras son demográficamente dominantes, se presenta el más alto grado de pobreza estructural, territorialidades donde el conflicto armado llego a los más elevados niveles de exacerbación de la confrontación, escalonamiento de la guerra y su horrorosa degradación en barbarie contra las comunidades. La confrontación armada entre las insurgencias y el Estado, llevo a las comunidades a una situación de fracturación de sus tejidos sociales y arrinconamiento de sus prácticas comunitarias.

La usurpación del derecho a la participación por parte de cacique electorales se apoyó durante décadas en la guerra, para despojar a las comunidades de su participación en la vida pública y la gestión comunitaria en las administraciones municipales.

La guerra configuró un mapa electoral basado en la maniobra, la manipulación y la corrupción, garantizando que la coalición estable de poder que, no es más que el bipartidismo proveniente del frente nacional se apoderaran de la vida material y simbólica de las comunidades del pacifico. Los resultados electorales de la primera vuelta, constatan que las comunidades negras no fueron totalmente dominadas y cooptadas por ese mecanismo violento de controlar los territorios.   

Ante tantos desafueros y violación sistemática y generalizada contra la población negra, las organizaciones sociales en medio del terror y la violencia, lograron resistir y mantener viva la posibilidad de un pacífico mejor.  Estas poblaciones se han mantenido en la apuesta de un proyecto de país pluri-étnico y multicultural.

El voto de las comunidades negras: determinante en la segunda vuelta

Fuente: El Tiempo

Tal como muestra este mapa, los territorios mayormente ocupados por la gente negra le han apostado a la salida negociada del conflicto, desde el periodo de Santos a la continuación de los diálogos de paz apoyando a candidatos que aseguran respaldarlos.

Pero hay un dato que se debería revisar.

Es común el considerar que en el litoral pacífico hay poco peso demográfico y que la población negra esta concentrada en las ciudades andinas: Cali, Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cartagena. Pero se debe recordar que esta población proviene mayoritariamente del Pacífico y del Caribe.

Estas regiones, el Pacífico principalmente, han sufrido un vaciamiento sistemático a causa del olvido y la exclusión a la que ha sido sometido por los gobiernos del bipartidismo liberal y conservador, hoy reagrupados en partidos como el Centro Democrático, Cambio Radical y el Partido de la U.

El hecho que los partidos tradicionales y sus nuevas versiones, como Cambio Radical y el Centro Democrático, se esfuercen por capturar los votantes afros es muy significativo.

Vargas Lleras, logró en las elecciones parlamentarias asegurarse una buena tajada de estos votos a través de dos candidatos; uno a la cámara, sumando la importante población del Valle del Cauca, especialmente Cali, y otra con el candidato del Chocó al Senado, el cantante Don Popo, con seguidores en el mundo urbano colombiano. El Uribismo por su parte, ya lo había hecho en la pasada legislatura contando con un congresista de Cali entre sus filas.

¿Será que los afrocolombianos que habitan hoy estas ciudades se han olvidado de donde vienen, cómo dejaron a sus comunidades y familiares, y será que por eso hoy apoyan masivamente a los partidos tradicionales?, ¿será que los desplazados por la violencia se olvidaron de los horrores de la guerra que los arrojo a un mundo ajeno y distante de sus raíces, ahora ubicados en las grandes ciudades sin un futuro promisorio?.

Es de señalar que fue precisamente en el gobierno de Uribe, Santos y Vargas que se produjo el mayor éxodo de población de los territorios negros a causa de la incursión militar y paramilitar y de la violencia que estos generaron en la región con el supuesto de perseguir a las insurgencias guerrilleras.

No podemos dejar de lado que los territorios afrodescendientes siempre estuvieron en primera plana para la instauración de modelos técnico-económicos de economías extractivitas, el saqueo y el control territorial se logró a sangre y fuego, con una planificación militar y social que provenía de la casa de Nariño y sus aliados internacionales. 

Las colonias en Cali y Medellín, las de Palenque, las de Cartagena y Barranquilla en Cartagena, Bogotá y Medellín deben recordar que sus raíces están es las zonas más complicadas por el espectro de la guerra que aún no deja de consumir vidas y territorios. Territorialidades que al agudizarse el conflicto político, social y armado, este se desarrollaría precisamente en los pueblos de sus orígenes. Que si la minería se profundiza generará mayor presión sobre los pueblos del Pacífico y el Caribe; qué si los monocultivos se extienden, estos acapararan las pocas tierras que les quedan a los afrocaribeños, y que si las represas y las petroleras se multiplican, no será para emplear a los campesinos, indígenas y negros.

La fuerza electoral del pueblo negro

¿Dada la actual situación electoral, por cuál de las dos opciones presidenciales debería apostar el grueso de la población negra afrodescendiente, y cuál debería ser el trabajo de los líderes cívicos y étnicos; de los artistas, deportistas, académicos y políticos afrocolombianos?

¿Cuál es el deber de los afrocolombianos en las grandes ciudades para con ellos mismos y sus familiares en el Pacífico y en el Caribe?

¿Deberán apoyar la propuesta de los partidos tradicionales, ahora unidos en torno del candidato del Centro Democrático o deben apostarle a otro camino, el que han tomado los compañeros indígenas, los campesinos sin tierra acorralados por los monocultivos, las mujeres, las victimas de los falsos positivos, los maestros, las juventudes, los obreros, las gentes decentes y los pueblos en general?

Sea cual sea el camino que elijan, sugiero que lo hagan recordando, es decir, “volviendo a pasar por el corazón” a sus comunidades, familiares, vecinos, amigos dejados en medio de la exclusión en el Pacífico y en las zonas insulares olvidadas. Olaya, San Fernando, San Francisco y Daniel Lemaitre de Cartagena. Recordar a los olvidados de La Manga, el Valle, Mequejo, Nueva Colombia, la Esmeralda, Barrio Abajo, San Pachito, San Felipe y Meisel en Barranquilla.

Los habitantes del distrito de Aguablanca en Cali y de las comunas 1, 4, 8 y 13, así como en el corregimiento de Altavista en Medellín deben volver a pasar por el corazón sus raíces chocoanas y del Pacífico sur, decidir pensando en ella. ¿A dónde va uno cuando no tiene para donde ir? Pues a casa, a la tierra de sus ancestros, y eso no se debe olvidar.

Se tiene necesidad del pasado cuando el pasado hace daño, decía Benkos Biojó, y Chambacú está llamando, nos recuerda Manuel Zapata Olivella.