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Trayectorias feministas: transformaciones globales y locales (I)

En un paneo histórico por los avances de las mujeres en su lucha contra prácticas patriarcales ancestrales presento en dos entregas la experiencia de movilización en Bucaramanga en 30 años de trabajo por transformar la vida de las mujeres.

Doris Lamus Canavate
Doris Lamus Canavate
Académica
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28 de Noviembre de 2018

Introducción

Una proporción importante de la población actual madura cree que quienes hemos vivido en el último siglo y medio, pero sobre todo quienes tenemos el privilegio de estar aun contando el cuento, somos una generación muy afortunada, tanto por haber presenciado enormes transformaciones, revoluciones y desarrollos en distintos campos de la ciencia, la cultura y la tecnología,  como por haber participado en ello. Insisto, participado, tal como lo hicieron desde los tempranos años del siglo XX las mujeres, conquistando su libertad y de este modo, haciendo más habitable este mundo. 

Las filósofas, historiadoras y, en general, las teóricas del feminismo, le han llamado olas a esos sucesivos procesos, sin que haya o tenga que haber, acuerdo sobre esta particular taxonomía, entre otras cosas porque las historias que se cuentan allí corresponden a distintos tiempos, lugares y culturas. Tal como pasa con las olas del mar en su recorrido por el planeta, llegan en distintos tiempos y con mezclados contenidos, a cada orilla de la geografía mundial, pero a su vez en cada geografía se encuentran con ríos, grandes o pequeños que le hacen aportes y hasta le hacen cambiar de color.

Me gusta olas en el sentido en que lo usó Agnes Heller (1988) para referirse a los movimientos culturales modernos en Europa, y que incluye la idea de cresta la cual, figurativamente, marca el punto más elevado de la oleada en el tiempo, así como el descenso y la vuelta a emerger de otra oleada, que en su trayectoria envuelve otras aguas, deja atrás aquellas de la cresta previa, aunque siempre trae algo de ella a la nueva y así sucesivamente. Me gusta el sentido dialéctico que conlleva. Dicho esquemáticamente, puede resultar simple pero de eso trata también la construcción de taxonomías analíticas: simple pero potente. Si «articulación» ha servido para suscribir  en las ciencias sociales increíbles conceptualizaciones, aunque viene de la anatomía, ¿por qué no podría ser, la noción de olas, útil en este caso? Bueno, de hecho ha sido el criterio básico en la construcción de algunas de las más conocidas genealogías del feminismo en Occidente.

El lugar de las mujeres en la historia

¿Por qué es importante conocer la historia de la emergencia de las mujeres como sujetos políticos en el mundo contemporáneo? ¿Cuál es nuestra experiencia reciente en este sentido? Pueden existir innumerables razones, sin embargo es pertinente enunciar algunas centrales.

Cuando hablamos de una reciente emergencia del pensamiento, la historia y la existencia cotidiana de las mujeres, es porque su presencia, y su papel en la creación del mundo había estado oculta; había sido borrada, negada o, en el mejor de los casos, reducido a una vida contenida en la domesticidad, la subordinación y el sometimiento, en lo que Marcela Lagarde (1990) ha nombrado como Los cautiverios de las mujeres. Es necesario contar una y otra vez estas historias porque las nuevas generaciones son muy proclives a creer que el mundo empezó con ellos y ellas y que estaba así tal cual antes de que llegaran a este planeta.

Pues sucede que no. El derecho al voto, el acceso a la lectura y la escritura (la mayoría de edad kantiana), la autonomía económica, la libertad de movimiento, no son sino las más notorias de las conquistas a las que han accedido gradual, progresiva, pero no totalmente, las mujeres en el mundo. Ha sido posible a partir de la conciencia de esta negación identificada tempranamente por la mayoría de ellas, pero con enormes obstáculos para su superación.

Una forma de narrar esta historia, que por fortuna hoy está escrita en casi todos las lenguas existentes, es seguir alguna de estas genealogías, la de las olas, por ejemplo, que para las europeas retoma el papel destacado de mujeres como Olimpia De Gouge (1748-1793) quien escribió, casi al tiempo con los revolucionarios franceses, La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana (1791). Y Mary Wollstonecraft, (1759-1797) quien,  para el caso de Inglaterra, publicó la obra titulada Vindicación de los Derechos de la Mujer (1792)

En adelante, aquella conciencia a la que me he referido, se amplía y viaja de país en país dando forma a esa fundamental oleada sufragista. Nueva Zelanda, en 1893 y en adelante a lo largo del siglo XX, uno por uno, cada país otorgará el derecho al sufragio a las mujeres. Esta oleada tiene diversos matices políticos y culturales, pero no es este el lugar para extendernos en ellos. Lo relevante es que, así fuese formalmente, las mujeres alcanzaron el status de sujeto político y con ello lo que es tal vez más importante, lograron los aprendizajes requeridos para emprender las nuevas conquistas de derechos, transformar las prácticas inequitativas y socavar la hegemonía masculina.

Esos progresivos procesos de formación y organización de las mujeres en el mundo, van a conformar dos campos de desarrollo del pensamiento y la práctica feminista y de mujeres en occidente: El de la construcción de teorías en disputa con el andamiaje “institucional” de la ciencia (y en negociaciones y ajustes estratégicos, también institucionales, en las universidades, por ejemplo). Y el de la movilización y la acción política, cuyo máximo escenario de expresión es la calle y la plaza: este es el de los movimientos de mujeres y feministas cuyo proceso de crecimiento y desarrollo, como el de las teorías con la formación y la investigación, no han parado y, en alguna medida, se fortalecen mutuamente.

Así las cosas, desde el punto de vista epistemológico, la emergencia del pensamiento político feministas moderno en occidente inaugura una visión contrahegemónica del mundo, una visión contra la dominación patriarcal. Desde allí y desde entonces, el feminismo ha cuestionado al capitalismo, tanto en su dimensión material como cultural y simbólica. Ha cuestionado, así mismo, el carácter universal y abstracto del sujeto moderno-masculino. En consecuencia, ha introducido transformaciones profundas en los paradigmas tradicionales del conocimiento, en las propias prácticas sociales y culturales y en las asimetrías que de ellas se derivan. El feminismo ha desestabilizado de este modo los rígidos esquemas que separaban lo público y lo político de lo privado y lo íntimo que negaban, ocultaban y subvaloraban a la mitad femenina de la humanidad. (Continuará)

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