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Querida Chimamanda: Nosotras te contaremos sobre Cartagena. Carta Abierta a la Escritora Nigeriana

Chimamanda Ngozi Adichie estará en el Hay Festival en Cartagena. Aquí le contamos sobre ese festival, las mujeres, y sobre Cartagena; una ciudad que tiene de todo, excepto igualdad y justicia; dos palabras que amamos las feministas.

Erika Rodríguez-Gómez
Erika Rodríguez-Gómez
Abogada
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16 de Enero de 2019

Estimada Chimamanda, antes de poner una larga lista de razones por las cuales el Hay Festival de Cartagena es el escenario más contradictorio para una feminista, te decimos gracias. Somos lectoras voraces de esos relatos en los cuales tejes la vida; tus narraciones nos han permitido leernos a nosotras, y a otras, para comprendernos sujeto de la historia.

Somos feministas de este enorme continente que es el Abya Yala. América lo nombraron los conquistadores, sin borrar con ello una herencia milenaria que nos atraviesa como negras, indígenas o mestizas. A pesar de la masacre y el etnocidio, aquí habitamos hombres y mujeres del color de la tierra.

Nosotras queremos contarte sobre Cartagena, porque nos emociona tu visita, y porque el feminismo, que no se traza ninguna frontera, nos llama a la crítica y a generar la alerta violeta. 

Te diremos que Cartagena es la ciudad de mostrar en Colombia, el destino vacacional para extranjeros y extranjeras por excelencia. No solamente es escenario del Hay Festival sino del Reinado Nacional de la Belleza, que desafortunadamente existe todavía, y que se puede contar dentro de las veleidades de la cultura del narcotráfico. Quienes allí compiten, no son las mujeres-objeto, sino los traficantes, políticos y empresarios que disputan su cuota de poder a través de los cuerpos de las mujeres. La corona se la gana el capo-patrocinador que mejor pago dio por ella. 

En un país que ha pasado más de 60 años en conflicto armado, Cartagena se ofrece como el espacio “seguro” para las visitas diplomáticas. No olvidamos la visita de Barack Obama en 2013 durante la Cumbre de la Américas, donde la seguridad para sus escoltas incluyó contratar servicios sexuales sin pagarlos, y abandonar la ciudad impunemente. Ellos contrataron una noche de licor y sexo, y creyeron que como era América Latina y era Cartagena, con el estereotipo de las mujeres colombianas, “siempre bellas siempre tan dispuestas”, el sexo era gratis e incluido en su visita.

No menos importante, y esto porque si algo no se le puede negar a Cartagena, es que es bella; estarás en la ciudad de las bodas y las fiestas. Allí se casa gente muy famosa y muy rica que luego de la boda se hace más famosa y quizá más rica. Ya sabemos que los únicos que se casan por amor son los pobres, así que quienes se casan en Cartagena; terratenientes, políticos tradicionales, o artistas del espectáculo, seguro cierran un lucrativo negocio entre dos familias prestantes, y se dividen alguna parte del país en medio de la fiesta.

En la arquitectura cartagenera se percibe fácilmente la esclavitud y la resistencia. Mucho se dice sobre el “comercio” de esclavos -y nos toca entender que incluyen a las esclavas en ello-, sin honrar pragmáticamente la rebelión cimarrona de Benkos Biohó y el pueblo libre de San Basilio de Palenque, a 50 kilómetros de lo que hoy sigue siendo una ciudad en la que se transacciona con cuerpos.

En uno de los puertos comerciales más importantes del país, todo tipo de objetos y sujetos salen y entran. Y es que en Cartagena algunos cuerpos se esclavizan, se colonizan y se hieren como si el tiempo se hubiera detenido en los “años 1600”; y no dejes por favor de escuchar “La Rebelión” del Joe Arroyo, ojalá en Getsemaní, ojalá sobre una acera y con una cerveza; pues un poquito de cliché, si se trata de música para bailar, no le cae mal a un espíritu andariego. 

Continuando, la esclavitud se desarrolla hoy en formas más sutiles y con el aditivo “trabajo informal”, para que suene menos desdeñable. Así pues, se transacciona en la Colombia negra, con el trabajo doméstico de las mujeres; porque sin necesidad de aplicar una encuesta, sabemos que más del 70% de quienes trabajan en hogares como empleadas domésticas son afrocolombianas, provenientes de las costas o de la segunda ciudad “afro” de América Latina: Cali. Y si te animas a conversar con nosotras, te contaremos sobre este lugar, en el que una vez dos mujeres negras fueron puestas con vajilla de plata, como estatuas, ante la cámara de una revista de fashion y alta alcurnia, como si fuera un cuadro de la colonia, pero a comienzos de este milenio.  

En Cartagena se transacciona también con la prostitución, que soterradamente encubre la explotación sexual de menores y la trata de personas. No es un secreto, la “materia prima” de muchas redes mundiales que surten a Europa de inmigrantes para la prostitución, son embarcadas en este puerto, o se quedan allí para llevar el “servicio” a los lujosos cruceros. Y nadie lo cuestiona. 

Hay una crisis política que desde el año 2005 ha registrado cuatro elecciones atípicas. Ninguna autoridad ha hecho nada al respecto, porque en siete años Cartagena ha tenido 12 alcaldes y ninguno de ellos ha cumplido un plan de desarrollo. Dicen los que saben de política electoral, que por lo menos la mitad de los miembros del Consejo se encuentra en la cárcel o en investigación por corrupción. Y así, sin una democracia que funcione, la brecha entre ese centro bello de brisas vespertinas, y una periferia, con menos agua que brisa, se agranda trágicamente.

En Cartagena la tasa de pobreza extrema es realmente extrema. Mientras en Bocagrande las y los turistas gozan de aire acondicionado todo el día, estén o no estén en su lujosa habitación, los pobladores de los barrios periféricos se quedan sin energía. Esto pasa con más frecuencia en diciembre y enero, nuestro momento para tomar vacaciones y entonces la ciudad se llena, y en tiempos de eventos como el Hay Festival, en el que además de arrebatar el agua y la energía eléctrica de los y las cartageneras, se trazan fronteras en las calles, se hacen conciertos privados en las plazas públicas, o se disponen las murallas para el paseo de quienes pueden pagarlo. Ese pequeño centro histórico de Cartagena se divide en dos; el pueblo colonial y romántico que se compra con boleto, y la ciudad pobre y conflictiva de entrada gratuita.

Con esta invitación libre de pago concluimos pues nuestra misiva, indicando que no porque el Hay Festival se incluya en las situaciones contradictorias y elitistas de Cartagena, sugerimos que no estés allí. Si de algo sabemos las mujeres, es sobre devenir en un mundo per se contradictorio. Así que disfrútalo, pero anímate a dialogar con nosotras en los barrios. Las amigas del centro cultural FUNSAREP, organización social que trabaja por la paz y los derechos humanos, podrá contarte sobre el esfuerzo que hacen para enfrentar las violencias contra las mujeres y acompañar a las víctimas.

La Colombia negra, la Colombia diversa está allá, así como en Buenaventura, Quibdó, y otros lugares de la otra Costa; la pacífica. Allí defendemos la vida, y las mujeres de la Red de Mariposas de Alas Nuevas podrían compartir contigo sus luchas, ellas también resisten en un puerto comercial lleno de desigualdades, con menos atención porque allí no se hacen bodas y allí no se hace un Hay Festival.

Si no quieres quedarte con el peligro de “una sola historia”, contáctanos, camina con nosotras, así lo hemos hecho las colombianas por mucho tiempo, y lo seguiremos haciendo ahora que al menos hemos firmado la terminación de una partecita de la guerra.

Afecto en demasía,

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