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El siglo de las mujeres

Entre tanto enredo, ataque y cizaña, hay que destacar la incontenible presencia de las mujeres en la agenda política nacional. Siendo prometedor el escenario, junto con los avances jurídicos, es imperativo seguir cuidando que no te golpeen, no te violen, que no te maten.

Doris Lamus Canavate
Doris Lamus Canavate
Académica
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21 de Junio de 2018

Nunca antes habíamos estado tan en-redados los colombianos –en su diversidad regional, de clase, raza/etnia, género, generaciones, ideológica, sexo-afectiva, religiosa y política–, en una campaña por la Presidencia de la Nación, la cual ha resultado larga, costosa, agotadora y, parece no querer terminar aún después de terminada.

Y la alusión al en-redo es en virtud de lo que internet y sus distintas posibilidades de interconexión entre usuarios proporciona (Facebook,  Whatsapp, Twitter, entre otros). Enredos también en otros sentidos, como en cuanto a la circulación de información falsa, engañosa, cizañera que desvirtúa ad infinitum, cualquier dato. Se supone que esto no es nuevo, pero la inmediatez de los medios virtuales de hoy, hacen que todo sea caótico, hasta el punto de no poder distinguir con facilidad entre tramoyas de una clase y de otra.

En la fase final de esta campaña electoral, trascendental en nuestra historia política por los alinderamientos que se han venido produciendo desde sus inicio alrededor de otras banderas (el plebiscito por la paz y los acuerdos firmados con las ex-guerrillas de las FARC), me dispongo a exponer alguna línea específica de reflexión en medio de semejante caos conceptual, estratégico y político. Con la claridad de que no se trata de excluir, discriminar o minimizar otras posibles y válidas miradas, mi opción aquí es, en congruencia con una relativa experiencia en el asunto, por las mujeres, en perspectiva feminista.

Y es que, más allá de la decisión que tomamos en las urnas, debo subrayar un hecho La destacada participación de cuatro mujeres como fórmula vicepresidencial, en cuatro de las cinco campañas a la Presidencia de la República, un evento sin antecedentes.

No es este el lugar para contar la historia de la participación política de las mujeres, pero, en buena medida, los logros en este sentido, desde que obtuvimos la ciudadanía, son el fruto de la persistencia del trabajo de las organizaciones del movimiento de mujeres y feministas del país. Y por supuesto, del crecimiento exponencial de mujeres en la academia, cuya inteligencia crítica, nutre también, en profundidad, los debates en diversos ámbitos, no solo el político.

La ley de cuotas, la del feminicidio, la despenalización del aborto en los casos reconocidos, el cúmulo de disposiciones frente a la violencia de género y en la familia, entre otras conquistas de las mujeres en el Congreso, “arrancadas al poder”, como expresó la diputada argentina Silvia Gabriela Lospennato en el cierre del debate por el aborto legal, son apenas indicios de que, efectivamente, el trabajo estratégico (desde adentro, desde afuera, o en contra), conforme a nuestra agenda, ha ganado un espacio en la vida política nacional.  Hasta las mujeres más conservadoras de quienes lideran las campañas han tenido que plantearse los problemas y asumir una posición explícita ante la ciudadanía.

Además de ser este un hecho histórico nacional, habría sido muy significativo en el contexto latinoamericano, si hubiésemos logramos que una feminista llegara a la vice-presidencia. que eligió a una mujer afro y feminista, Epsy Campbell. No se pudo, pero tenemos vicepresidenta mujer. No será feminista, pero es, de por sí, un evento nuevo en la política nacional. Ya no se las puede ignorar impunemente.

Pero, más allá de las batallas electorales y legislativas que en este momento mueven las agendas de varios países del continente, es preciso entretejer en esta reflexión esa otra política (lo político, según Chantal Mouffe) característica de los movimientos sociales contemporáneos, cuyo escenario por excelencia es la calle, con el llamado entre muchas otras demandas, a la resistencia. Me refiero a las movilizaciones multitudinarias, nacionales, como en el caso de Chile, o las de Argentina, a propósito del , o los paros nacionales e internacionales tanto en el continente , en el marco de la conmemoración del 8 de Marzo, los cuales vienen creciendo de año en año.

Bueno, ni que decir de las movilizaciones a propósito del #metoo, movimiento contra el acoso sexual, el cual ha despertado las más increíbles adhesiones y contradicciones, aun

Pero no sólo se trata de las dimensiones de la movilización y la vergüenza encubierta por siglos que ahora se denuncia, sino que por vez primera, a las mujeres se les cree. Yo también es la voz de todas aquellas que han sido acosadas o abusadas, pero es, así mismo, la voz que en todos los tonos dice yo también te creo.

Así las cosas, pienso y tengo la convicción de que en este siglo que apenas se inicia, se van a lograr grandes cosas para las mujeres –y por consiguiente para el planeta–, en materia de legislación y conquista de derechos que son importantes, sí, en tanto propician una ruptura con el statu quo, con el peso de unas tradiciones, costumbres y prácticas que por siglos han pretendido mantener a las mujeres, las niñas y los niños, sometidos al poder de otro u otros, porque sí, porque Dios así lo quiso, porque así ha sido de generación en generación. Pero también y, fundamentalmente, en términos de concepciones, de mentalidades y de prácticas congruentes con el reconocimiento de la condición de sujeto político, libre, autónomo, de cada una de las mujeres.

, tenemos una tarea de vastas proporciones y que, con todo y los avances legislativos y las vanguardias con las nuevas agendas, no podemos olvidar que en el mundo siguen existiendo lugares imposibles para la vida de las mujeres en los que a las niñas las casan, las mutilan, las explotan. Lugares donde leer y escribir, educarse y trabajar, es prohibido para mujeres y niñas.

Lugares donde la pobreza, el hambre y los embarazos múltiples y tempranos hacen corta la vida de cualquier mujer. No olvidemos, como subraya Amelia Valcárcel, que el feminismo es, ante todo una teoría de las libertades elementales y que, por tanto, junto con los avances jurídicos, es imperativo seguir cuidando que no te golpeen, no te den menos de comer, no te violen, no te maten.