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Violencia sagrada

Muchos hablan con seguridad y suficiencia sobre la violencia, como si pudiésemos comprenderla. Pero yo no me siento tan seguro: creo que la esencia de la violencia sigue y seguirá siendo un misterio. Uno de esos misterios fundamentales de la existencia.

Enver Torregroza
Enver Torregroza
Profesor de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario
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Columna

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13 de Octubre de 2018

El mundo moderno ha querido hacer de la violencia algo banal, un fenómeno superficial, una manifestación permanente de acciones comercialmente identificables, transables y cuantificables, que se podrían evitar o extirpar.

La sociedad contemporánea lleva lustros tratando de controlar la violencia de todo tipo, la del hombre y la de la naturaleza, tasándola y clasificándola, o explicando sus causas para quitarle toda su aura de misterio.

Hasta la guerra se ha trasformado y el despliegue de la violencia se parece cada vez más a una función ejecutiva, una tarea de escritorio. Los generales hace rato que no van al campo de batalla y las acciones de los ejércitos son concebidas hoy como operaciones quirúrgicas hechas a distancia.

Es el drama del mundo moderno, que se ha empeñado en borrar la frontera entre lo sagrado y lo profano, aplastando toda jerarquía presente en la realidad con arrogante brutalidad.

El resultado de todo esto es que hoy en día nadie entiende la función de la violencia en la vida humana, en la naturaleza o el universo. Se la condena en todas partes sin criterio, con un concepto vago que se aplica a todo. 

Los críticos de la violencia, aquellos que sospechan de todo, ven violencia en todas partes: violencia sistémica, estructural, permanente. Acusan al orden social y económico de violento.

El orden cultural tradicional, el antiguo régimen, también ha sido objeto de esas acusaciones: patriarcado violento, educación vertical violenta, ejercicio de la autoridad y la ley violento. 

Por supuesto la violencia es universal, pues está presente en todas partes. Es constitutiva del universo. Denunciar la presencia de violencias por doquier es por ello fácil y nada sabio. Además, por las perversiones de nuestra época, cualquier ejercicio de la fuerza en contra de la voluntad o en contra del mero gusto de una sola persona puede ser calificado como violento con tremenda facilidad.

El problema es que "violento" se ha convertido en sinónimo de malo, perjudicial e injusto. En sinónimo de lo injustificable. Pero con ello condenamos el mundo por completo. Todo nos parece malo y perverso si mantenemos esa ecuación falaz que identifica violencia y mal. 

La incisión del cirujano comienza a ser entonces violencia y maldad. El sacrificio del animal para alimentarnos también. En acto de arrancar la fruta o la raíz para comer. Parir para tener hijos y penetrar para concebirlos terminan siendo cosas malas. Hasta hablar. Ya a nadie se le puede decir nada, pues cualquier palabra puede terminar hiriendo susceptibilidades, ser violenta y por ende mala. Nuestra sociedad se está convirtiendo por ello en una comunidad cerrada que religiosamente condena todo lo que ocurre, como los gnósticos de la antigüedad que acusaban al mundo y a su creador de maldad.

La fuerza necesaria para el ejercicio de la autoridad, para el crecimiento y el sostenimiento de la vida, la necesaria para transformar el entorno y crear un mundo humano, toda esa expresión de poder necesaria y vital, es aborrecida injustamente por las ideologías contemporáneas. 

En el mundo abundan las injusticias si lo juzgamos todo desde nuestros deseos, caprichos e interés. Pero a decir verdad, por naturaleza no tenemos derecho a nada, y los seres humanos debemos conquistar diariamente nuestro mundo luchando para hacer viable nuestra existencia. 

Existe, claro, una violencia absurda y profunda, una violencia sin sentido, que no alcanzamos a comprender. No hablo aquí de la violencia ajena o extranjera que la limitada capacidad de comprensión de nuestro tiempo y nuestra cultura no logra asimilar. Hablo más bien del misterio universal de la violencia. 

Su primera manifestación evidente y fundamental es la muerte. Sí, todos nos vamos a morir, y es injusto. Pero también es justo, por qué así es. Esa violencia honda y profunda es una violencia sagrada que el mundo moderno, de valores chatos y de mirada plana no logra comprender.

En el pasado los seres humanos comprendían la existencia de esa violencia sagrada y la respetaban. Las sociedades tradicionales respetaban la violencia sagrada con temor reverencial.

El sacrifico del animal para alimentarnos no era un simple proceso industrial y vacío sino un acto misterioso en el que había que compartir el cuerpo y la sangre de la víctima con los dioses. Había que pagar por la sangre derramada.

La guerra era sagrada y morir en la batalla era un acontecimiento heroico y ritual. Todo aquello que la mirada moderna, burguesa, moralista y aséptica sigue calificando como costumbres "salvajes".

De ahí la incomprensión contemporánea por las corridas de toros. De ahí el poder del discurso estatal contemporáneo que nos mantiene amedrentados con el coco del terrorismo. 

Cientos de culturas en el pasado no dudaron en hacer de la violencia un dios o una diosa, de imaginar y representar sus miles de caras terribles y espantosas.

La fiereza de los animales y de los hombres, la brutalizad de la vida, completamente prepotente e indiferente ante los ruegos de los humanos más débiles, las fuerzas profundas y poderosas de la naturaleza que azotaban el mundo sin piedad, toda esa violencia misteriosa era objeto de reconocimiento y temor. Era la violencia sagrada.

Hoy en día, que le hemos perdido respeto a todo, la violencia es objeto de comercio, que oscila entre commodity y servicio.

La violencia se consume, en dosis noticiosas, videojuegos, o series por internet. Y la palabra "violencia", sinónimo del mal, es solo un recurso retórico barato y falaz para acusar a los enemigos y defender la "inocencia" propia.

 

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Comentarios (2)

Lupita Gómez

14 de Octubre

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No le queda bien a un filósofo intentar violentar el significado de las palab...+ ver más

No le queda bien a un filósofo intentar violentar el significado de las palabras para aparentar defender la violencia, relativizarla, trivializarla, malinterpretarla o "bieninterpretarla".

Consultemos a las autoridades en el significado de las palabras:
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[Real Academia Española © Todos los derechos reservados]:
---------------------------------------------------------
VIOLENCIA
Del lat. violentia.
1. f. Cualidad de violento.
2. f. Acción y efecto de violentar o violentarse.
3. f. Acción violenta o contra el natural modo de proceder.
4. f. Acción de violar a una persona.
VIOLENTAR
1. tr. Aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia.
2. tr. Dar interpretación o sentido violento a lo dicho o escrito.
3. tr. Entrar en una casa u otra parte contra la voluntad de su dueño.
4. tr. Poner a alguien en una situación violenta o hacer que se moleste o enoje. U. t. c. prnl.
5. prnl. Dicho de una persona: Vencer su repugnancia a hacer algo.
VIOLENTO, TA
Del lat. violentus.
1. adj. Dicho de una persona: Que actúa con ímpetu y fuerza y se deja llevar por la ira.
2. adj. Propio de la persona violenta.
3. adj. Que implica una fuerza e intensidad extraordinarias.
4. adj. Que implica el uso de la fuerza, física o moral.
5. adj. Que está fuera de su natural estado, situación o modo.
6. adj. Dicho del sentido o la interpretación que se da a lo dicho o escrito: Falso, torcido, fuera de lo natural.
7. adj. Dicho de una situación: Embarazosa.
8. adj. Dicho de una persona: Que se encuentra en una situación embarazosa.
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Diccionario Enciclopédico VOX:
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VIOLENCIA
1. Calidad de violento.
2. Acción y efecto de violentar o violentarse.
3. Acción de violar.
4. DERECHO En el terreno jurídico, se distingue entre la violencia física y la moral. Puede constituir un delito previsto en el Código penal, cuando se ejerce sobre las personas. En el orden civil es susceptible de invalidar o anular el acto jurídico que se realiza por medio de ella.
VIOLENTO
Que se ejecuta contra el modo regular o fuera de justicia.
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Diccionario de Uso del Español de América y España VOX:
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VIOLENCIA
1 Uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo.
2 Cualidad de violento.
3 Acción violenta.
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Entonces:
1. No es violento el bisturí del cirujano.
2. No es violento el big bang ni la implosión explosiva, brutal y fiera, de una estrella vieja.
3. No es violenta la leona que caza, ni el carnicero.
[Que NO está fuera de su natural estado, situación o modo].
[Que NO implica una fuerza e intensidad extraordinarias: Es "normal" que una leona hambrienta cace].
...
La violencia política SÍ es violencia ... y NO, no está bien.
La asociación entre violencia y maldad sí está bien.

¡Tenga mucho cuidado con lo que predica, filósofo! Ya veo su escrito, sacado de contexto, en muchas carteleras de violentos complacidos, porque se presta.
¿Entendí mal? ¡Se presta!
"El problema es que "violento" se ha convertido en sinónimo de ..." ¡noble!
Pretender que un colombiano, ¡precisamente un colombiano!, asocie VIOLENCIA con las "violentas" olas del mar de leva es ¡violento!

Jose Knecht

28 de Octubre

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Deliberadamente omite dos definiciones que describen con precisión las olas d...+ ver más

Deliberadamente omite dos definiciones que describen con precisión las olas del mar, el bisturí del médico y el hacha del carnicero. Dice el diccionario de la RAE que violento es aquello:

3. adj. Que implica una fuerza e intensidad extraordinarias.
4. adj. Que implica el uso de la fuerza, física o moral.

Contrario a la comentarista, comparto la idea central del columnista: negar la violencia, pretender un mundo sin violencia es infantil - un infantilismo simplista, puritano o moralista.

La conclusión del comentario es aún más curiosa: ¿qué tiene que ver el hecho de que el columnista sea colombiano con su reflexión?