Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Pasos de des-escalamiento para ponerle fin al círculo vicioso de la guerra

El cambio cultural es el más difícil de lograr y lo que nos hace falta en Colombia es cambiar. Quizá deberíamos empezar por cultivar la paciencia, por no exigir lo imposible sino lo pertinente para aprovechar esta oportunidad y reformular los principios que sustentan la forma como nos relacionamos y resolvemos nuestras diferencias; que es para decirlo sin tapujos lo que mantiene esta guerra.

Andrei Gómez Suárez
Andrei Gómez Suárez
Analista Político
326 Seguidores124 Siguiendo

3 Debates

30 Columnas

Columna

60

12 de Julio de 2015

La primera semana de julio, el Foro Internacional de Víctimas y otros movimientos lanzaron la campaña mundial #cesebilateralalfuegoya. El martes 7 de julio de 2015 los países garantes y acompañantes pidieron a las partes que acordaran procedimientos de des-escalamiento y construcción de confianza para evitar el colapso del proceso de paz. Esa misma noche, El Tiempo publicó un artículo de Fabrizio Hochschild, el representante de las Naciones Unidas para Colombia, titulado “El pesimismo es la criptonita del proceso de paz”. Palabras más palabras menos la gran pregunta propuesta era: ¿Qué importa esperar otros dos años si al final se logra firmar un acuerdo que ponga fin al conflicto armado entre las partes? Al día siguiente, las FARC declararon un cese unilateral de fuego desde el 20 de julio, por un mes. El presidente Santos reconoció la importancia del gesto, aunque dijo que no era suficiente. El 12 de julio el gobierno y las FARC presentaron a la opinión pública un comunicado conjunto en el que invitan a Naciones Unidas y Unasur a acompañar un proceso para acordar un cese al fuego bilateral y definitivo.

El artículo de Fabrizio Hochschild es valioso porque por primera vez en esta “crisis del proceso de paz” alguien de su calibre dice algo sensato sobre la duración de la negociación. Sin embargo, en una sociedad inmediatista como la colombiana, es difícil explicar que de la paciencia dependerán los resultados. Seguramente, si el cese al fuego se firmara mañana, muchos lo criticarían inmediatamente y se convertiría en otro chivo expiatorio para endosarle los problemas del país. Tal como quedó demostrado esta semana, cuando los críticos del proceso de paz se negaron a reconocer el nuevo gesto unilateral de de-escalamiento de las FARC.

El cambio cultural es el más difícil de lograr y lo que nos hace falta en Colombia es cambiar. Quizá deberíamos empezar por cultivar la paciencia, por no exigir lo imposible sino lo pertinente para aprovechar esta oportunidad y reformular los principios que sustentan la forma como nos relacionamos y resolvemos nuestras diferencias; que es para decirlo sin tapujos lo que mantiene esta guerra.

En Colombia siempre responsabilizamos al otro. Las FARC responsabilizan al Estado y el Estado responsabiliza a las FARC; mientras tanto ambos continúan con estrategias de guerra que afectan a la población civil ¿o es que los bombardeos aéreos y las voladuras de oleoductos no producen desplazados? Incluso dentro del Estado se endilgan responsabilidades sin aceptar las propias. Los militares responsabilizan a los políticos de prácticas y políticas perversas, como los falsos positivos, mientras que hablan de manzanas podridas para minimizar dichas prácticas toleradas dentro de la institución.

Los medios de comunicación y los gremios también niegan sus responsabilidades. A los canales de televisión, la gran prensa y la radio les falta autocritica para reconocer el papel que han jugado en la formación de una población pesimista y resentida, incapaz de ser generosa con la construcción de paz y entregada emotivamente a la continuación de la guerra. Los gremios siguen negando el apoyo al paramilitarismo; esconden tras su desconfianza por las FARC el deseo de no querer financiar la construcción de paz.

Como ven, en Colombia la guerra se alimenta de la participación de todos en espirales de resentimiento. Alimentamos la polarización sin vergüenza porque de alguna forma sentimos que nuestra altura moral está por encima del otro. Compatriotas, nos hace falta grandeza, nos hace falta decirnos las verdades a la cara y dejar de escudarnos en la amenaza del otro para no cambiar lo que hemos sido.

En esta batalla entre los buenos y los malos se reproduce la crisis del proceso de paz hoy. Pareciera que ahora nos dividimos en pro-cese al fuego bilateral y pro-salida militar. Pareciera que encontramos un nuevo caballito de batalla para continuar con nuestras dicotomías insalvables, reduccionistas y radicales. La verdad es que el cese al fuego bilateral no se firma por decreto, todo lo contrario, es el fin de un proceso de de-escalamiento. Por eso, la imperiosa necesidad de des-escalar el conflicto y construir acciones de confianza. Razón por la cual celebro el comunicado conjunto 55 de las partes.

Los equipos negociadores han revolucionado la resolución de conflictos al acercar a las víctimas a la mesa de negociación. Sin embargo, ha hecho falta una visión más holística para lograr el desmonte de las estructuras y tácticas de guerra. El plan de desminado es parte fundamental de este esfuerzo pero no es suficiente. Hay que ir más allá. Es necesario consolidar el nuevo cese al fuego unilateral de las FARC creando un mecanismo mixto de seguimiento y monitoreo para evitar que suceda de nuevo un incidente como el Buenos Aires, Cauca. Este mecanismo es esencial para fortalecer la confianza y avanzar en el des-escalamiento.

Antes que llegar a un acuerdo del cese al fuego, las partes deben crear una instancia de discusión y apoyo donde se pueda prevenir incidentes que rompan la confianza. Esta instancia podría ser un grupo mixto de contacto conformado por países e instituciones al que las partes recurren a pedir asesoría y acompañamiento en temas cruciales, sin estar obligados a seguir sus directrices. Reemplazar la Comisión de Paz, que ofrece consejos unilaterales al presidente, por un grupo mixto de contacto, en el que las partes se puedan sincerar y aprender mutuamente, podría finalmente hacer que los equipos negociadores dejen de verse como adversarios y se conviertan en socios para lograr la paz.

Los esfuerzos de construcción de confianza entre las partes deben estar acompañados por un espacio de interlocución que conecte a la mesa de negociación con los grandes medios de comunicación. La comunicación al público como adversarios y no aliados para el fin del conflicto armado ha contribuido a que los medios, con su afán por la chiva y falta de profundidad, abonen un terreno fértil para el escalamiento del conflicto en Colombia a través de narrativas que polarizan aún más a la población.

El des-escalamiento es un proceso que depende del reconocimiento amplio de actos generosos y unilaterales. Ha llegado el momento para que se reconozca que el cese al fuego unilateral de las FARC es un acto generoso y que el cese de bombardeos aéreos sería un acto de reciprocidad y grandeza, que junto con el desminado fortalecerían el proceso de des-escalamiento. Establecer un mecanismo mixto de seguimiento al cese al fuego unilateral, un espacio de interlocución con los medios de comunicación y un grupo mixto de contacto, podría construir consolidar dicho proceso. Esto no sólo lograría una disminución de las acciones bélicas sino también el desmantelamiento de la radicalización del debate nacional sobre la paz, logrando así empezar a superar el círculo vicioso de la guerra para reemplazarlo por una espiral virtuosa de paz.