Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

La línea entre la paz y la guerra está en las fronteras

Uno de los temas críticos en el posacuerdo es el nexo entre conflicto, crimen organizado y abandono del Estado. ¿Cuál será la reconfiguración de los grupos violentos? ¿Cómo se abordará el tema de seguridad? ¿Cómo la paz afectará a los habitantes de regiones marginales como Putumayo, Arauca, Catatumbo, Cesar, Nariño o La Guajira?

Annette Idler
Annette Idler
Directora de Estudios del Programa del Carácter Cambiante de la Guerra de la Universidad de Oxford
313 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

1 Columnas

Columna

471

0

11 de Abril de 2016

Fotos: Annette Idler

Uno de los temas críticos en el posacuerdo es el nexo entre conflicto, crimen organizado y abandono del Estado. A partir de este nexo puede explicarse el espiral de violencia durante décadas en las zonas periféricas del país. Para el posacuerdo ese nexo plantea varias preguntas: ¿Cuál será la reconfiguración de los grupos violentos? ¿Cómo se abordará el tema de seguridad? ¿Cómo la paz afectará a los habitantes de regiones marginales como Putumayo, Arauca, Catatumbo, Cesar, Nariño o La Guajira?

 

Transformar incertidumbre en confianza

Estas no sólo son preguntas académicas, también son cuestionamientos que producen incertidumbre en las regiones afectadas por ese nexo y se puede convertir en un obstáculo para la paz nacional si no se la toman en serio.

Para romper el nexo entre el conflicto, el crimen organizado y el abandono del Estado hace falta asumir una perspectiva desde las fronteras que tenga tres características claves: solidaridad, comunicación y dialogo transnacional.

1. Solidaridad

La incertidumbre surge de haber vivido la guerra y el abandono del Estado durante décadas: vivir con mucha violencia pero sin electricidad, sin agua potable, sin carreteras. Para entenderla hace falta invertir la mirada desde Bogotá a una mirada desde la periferia hacia el resto del país. Yo he hablado con campesinos, desplazados, excombatientes y lo que todos tienen en común es temor. La gente no sabe qué va a pasar después de la firma de un acuerdo en La Habana. Hay que transformar la incertidumbre en algo positivo, en confianza.

Para lograr esto, por un lado, el gobierno tiene que mostrar credibilidad y legitimidad para trabajar con los habitanates de estas zonas y para ellos. Por el otro lado, las élites, el sector privado, la academia y la sociedad civil tienen que apoyar estos esfuerzos. Para producir un cambio, este apoyo debería ser algo positivo y no solo rechazo. No es suficiente denunciar la corrupción de las élites locales. También hace falta mostrar solidaridad con los habitantes de regiones marginalizadas asegurando la provisión de servicios básicos.

 

2. Comunicación

La incertidumbre también surge de la falta de información. En mi trabajo en terreno en La Guajira y Arauca este año, por ejemplo, me encontré con personas que no saben lo que es el proceso de la paz. Cuando les pregunté qué pensaban del proceso me decían que no tenían información, que era un asunto entre unos señores en Bogotá o en La Habana. Es importante conectar esas dos realidades y promover un objetivo conjunto: la paz. Esta paz vale la pena para todo el mundo. La estrategia de comunicación de Bogotá es muy eficaz a nivel internacional, pero falta fortalecerla en las regiones de Colombia, sobre todo en las zonas marginalizadas del país para que llegue la paz territorial. Para esto, es importante compartir información sobre cómo la paz realmente va a cambiar las realidades en la frontera para bien, en esas comunidades que han sido abandonadas durante décadas. 

 

3. Dialogo transnacional

El diálogo ahora es dentro de Colombia pero la paz también depende de las dinámicas transfronterizas, trasnacionales. Hay que promover el dialogo entre actores locales en los dos lados de la frontera, en vez de señalar las dificultades que existen a nivel de los gobiernos centrales. A nivel local, las organizaciones no gubernamentales, la iglesia, la academia, y el comercio pueden aportar a la paz: son claves para fortalecer oportunidades económicas sostenibles, reducir el asistencialismo y así romper el círculo vicioso de las actividades ilícitas como el contrabando en los que están capturados muchos habitantes de la frontera por falta de alternativas viables. Para lograr dinámicas sostenibles es necesario capacitar a la gente en el terreno, desde Bogotá es muy poco lo que se logra. El trabajo hay que hacerlo con las autoridades locales de Venezuela, Ecuador, Panamá y los otros países vecinos, escuchando las voces de la frontera.

--

* Este artículo fue escrito con base en una entrevista hecha por